La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

28 Febrero 2006

“Ellos tienen dinero, nosotros el BOE”, de Federico Quevedo en El Confidencial

Patética, vergonzosa, triste, indignante... La lista de epítetos con los que calificar la imagen que nuestro Gobierno está ofreciendo en el exterior a cuenta de la OPA de E.ON sobre Endesa tiende al infinito. Uno no sabe ya si le gobierna gente seria o vulgares aprendices del más rancio social-populismo latinoamericano –si les digo la verdad, desde hace tiempo sé que es lo segundo-. Desde ayer, las diferencias entre Rodríguez y Hugo Chávez se limitan al aspecto físico, porque lo que es en política Rodríguez se ha mostrado como un alumno más que aventajado del chavismo. Me produce verdadero sonrojo que allende nuestras fronteras se observe la actuación de nuestro Gobierno como la que pudiera llevar a cabo cualquier república bananera. Ayer me contaba un compañero periodista que un alto cargo de Moncloa le había dicho el día anterior tal que lo siguiente: “Ellos (en referencia a E.ON) tienen dinero, nosotros el BOE”. Amenaza cumplida, contra la opinión de cualquiera que tenga dos dedos de frente: el Gobierno ha cambiado por decreto las normas de actuación de la Comisión Nacional de la Energía para que pueda decir ‘no’ a la OPA de E.ON sobre Endesa. Ni siquiera se esperan a llevar a las Cortes un proyecto de ley, que sería lo lógico. No, lo hacen al estilo Chávez, a la búlgara. Evo Morales ya tiene quien le escriba y un espejo en el que mirarse. ¡Qué triste, qué decepción, qué pandilla de irresponsables!

Mire, oiga, deténgase un momento y piense. Como sé que habrá quien me escriba para justificar lo injustificable, se lo voy a decir clarito, que más alto no puedo porque por ahora no lo permite este sistema: lo que ha hecho el Gobierno es una violación salvaje del Estado de Derecho. Se ha llevado por delante el concepto de seguridad jurídica. ¿Qué digo? ¡Lo han atropellado, triturado y desmenuzado! En este país ya nadie está a salvo de la arbitrariedad del Gobierno de Rodríguez. Dice la Constitución Española en su Artículo 9: “1.- Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. 2.- Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social. 3.- La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos”. Pues bien, todo eso, desde la primera ‘l’ hasta la última ‘s’ se ha convertido en papel mojado con el Gobierno de Rodríguez. Estos tíos no sólo han enterrado a Montesquieu, sino que además han miccionado encima de su tumba.

No sé si recordarle a Montilla cuál ha sido el destino de Antonio Fazzio, el presidente del Banco de Italia que tanto luchó por evitar la compra del BNL por parte del BBVA y que ahora se enfrenta a unas cuantas querellas y a su propio desprestigio. Bruselas avisó al Gobierno español: “Ni se le ocurra impedir arbitrariamente la OPA de E.ON” le ha venido a decir la Comisión al Ejecutivo hispano. Pues bien, la medida adoptada ayer por el Consejo de Ministros, en contra –me lo aseguran y me lo creo a pies juntillas- de la opinión del vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, que si tuviera un mínimo de orgullo debería dejar el cargo, la medida, decía, es profundamente anticomunitaria, es un ataque en toda regla a la línea de flotación de la Unión Europea y de todo lo que significa el mercado común. Rodríguez y Montilla han debido de ver en E.ON una especie de nave de bárbaros teutones dispuestos a desembarcar en nuestras tranquilas playas y pasar a cuchillo a todo el que ose plantarles cara, pero la realidad es que la empresa alemana es una de las más eficientes del mercado y, sobre todo, un competidor más en un mercado del que decidimos formar parte en el año 86 con todas sus consecuencias, entre ellas la de que ya no existen fronteras entre el grupo de países que formamos la zona Euro, y eso es así para bien y para mal.

¡Ah!, claro. Lo que ocurre es que la OPA de E.ON le ha estropeado al Gobierno sus planes y entorpecido –por no decir liquidado- la OPA hostil de Gas Natural y las ambiciones monopolísticas de Montilla, que corre el riesgo de que ahora La Caixa le reclame lo que arbitrariamente le perdonó. El hijo de Milton Friedman, David, decía algo muy divertido, y no se lo tomen como una ofensa, pero es una descripción muy acertada de cómo gobierna la derecha liberal y la izquierda progresista: “Los avariciosos capitalistas consiguen dinero comerciando. Los buenos progres lo roban”. No digo tanto, pero estos chicos del Gobierno se han creído que pueden hacer de su capa un sayo y administrar el país como si se tratara de su particular cortijo. Y no. Cuando asumimos la democracia liberal como forma de régimen, y cuando aceptamos la Unión Europea como marco de referencia, hicimos un juramento monetario y político con el libre mercado. Friedman, esta vez el padre, señalaba que “la gran virtud de un sistema de libre mercado es que no importa de qué color sea la gente; no importa cuál sea su religión; sólo importa si pueden producir algo que quieras comprar. Es el sistema más efectivo que hemos descubierto para conseguir que gente que se odia haga tratos y se ayude entre sí". Fíjense hasta qué punto que todas las animadversiones, los odios irreconciliables que durante siglos acompañaron las guerras que nos enfrentaron en el suelo de esta amable Europa, se borraron casi de un plumazo el día que a Adenauer y al resto de padres de la UE se les ocurrió que se podía alcanzar la unión política sobre la base de la unidad de mercado y la libertad económica. Y así fue.

Tiene gracia que este Rodríguez que tanto se pavoneaba de devolvernos al corazón de Europa ahora reniegue, vía decreto ley, de lo que tanto amó y le ponga a Berlín los cuernos de la autarquía económica con el BOE. Lo que ha hecho el Ejecutivo lo hacía Franco, pero formaba parte del sistema y de la ausencia de libertades. Entonces no había seguridad jurídica alguna. En una sociedad abierta que se rige por las leyes, el Estado de Derecho, supuestamente, garantiza que el Gobierno, sea quien sea el que lo ejerza, no va a actuar en contra de la legalidad vigente y, sobre todo, en contra los derechos individuales y el interés general protegidos por la Constitución. Pero resulta que sí. Hemos descubierto que sí. Y, sinceramente, el hecho de descubrirlo produce un enorme desasosiego. Al Gobierno le puede pasar lo mismo que a los perros, que cuando muerden la primera vez le cogen el gustillo. Pues bien, a partir de ahora habrá que leer atentamente el BOE después de cada Consejo de Ministros, no sea que estos chicos decidan gobernarnos a golpe de decreto ley y acabar, poco a poco, con los espacios de libertad que tenemos. Yo confío plenamente en las autoridades de Bruselas, en que este ejercicio de chulería política –“ellos tienen dinero, nosotros el BOE”- se acabará en el momento en que los tribunales comunitarios dicten sentencia y ponga al Gobierno de Rodríguez frente a sus excesos. A no ser que Rodríguez haya decidido que sus intereses particulares están, incluso, por encima de la UE. Y eso si que es para preocuparse.

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