La prensa dominical suele dar juego porque a veces bajan a la arena los gladiadores más llamativos del circo mediático nacional, que no es que sean los mejores, ni todos los que son, sino más bien los que están en los machitos. Y así hemos topado, como don Quijote y Sancho con la iglesia de El Toboso, con una llamativa tercera página de ABC donde su director, Zarzalejos, paladín del Rey, su Lancelot, denuncia el feo que el Congreso de los Diputados le hizo al Rey en la declaración institucional sobre el aniversario del 23F. Y aprovechando el viaje le propina un sonoro mandoble a Jiménez Losantos, del que están hartos de palos y coles lanzados desde la COPE el propio Zarzalejos y ABC.

Zarzalejos alude a Federico citándolo como “un extremista mediático de la derecha más recalcitrante”, para recordar que el director de La Mañana de la COPE es el autor de un artículo llamativo publicado en el diario El Mundo en el que pedía ni más ni menos que la abdicación del Rey. Cosa que no sabemos si estará incluida en el ideario de la COPE o las intenciones de la Conferencia Episcopal, ala derecha, una vez que fue el cardenal Rouco quien casó al Príncipe heredero, porque al Rey lo casó el entonces cardenal rojo, más que púrpura, Tarancón, al que la extrema derecha quería llevar al paredón.

Lancelot Zarzalejos se ha lanzado contra el Federico Mandril (que seguro responderá) aprovechando el desaire impuesto por ERC al monarca, al que no se le reconoció todo su importante quehacer en el 23F. E hizo de paso el elogio de la monarquía como sistema y a la vez paraguas constitucional español. Aunque sir Lancelot sabe, o debería saber, también, y eso no le resta méritos al monarca, que el Rey pudo salir demasiado tarde por TVE, que no dio la gran batalla por Suárez ante los militares golpistas, a los que había prestado sus oídos. Que habló demasiado con Armada, incluso en las vísperas del golpe, que los generales rebeldes eran los más monárquicos, que Armada nunca debió llevar su lista del gobierno al Congreso de los Diputados, etc.

Pero eso es agua pasada que no mueve molino, como los argumentos democráticos del Discurso la República son inamovibles e irrebatibles también. Sin olvidar en todo ello que no fueron ejemplares ciertas amistades peligrosas que tuvo el Rey (Ruiz Mateos, Conde, De la Rosa, Prado y otros), ni ideales ciertas bodas sin magia monárquica, ni gustan mucho por ahí el patinete de Marichalar o los negocios de Urdangarín. Aunque éstas son harinas de otro costal.

En lo que lleva toda la razón el director de ABC es cuando les llama a los socialistas y a los populares ganado lanar. Además se olvida que lo de la “segunda transición” fue un invento de su amigo Aznar, que abrió el portón de los sustos nacionalistas y de la guerra de Iraq, tras llamar a ETA: MNLV.

En fin, interesante lo de Lancelot. Y llamativas las cartas de Pedro J. a Zapatero, en un empeño casi infantil por convertirlo al liberalismo de Acebes y Zaplana, los portavoces de El Mundo en el PP que suele utilizar Pedro J. para atornillar el collarín de hierro con el que quieren estrangular a Rajoy, después de haberlo metido en la conspiración del 11M que nunca existió, en las soflamas de la AVT y en todas las aventuras que se le ocurren al director de El Mundo, el que tira la piedra y luego llama derechista a Rajoy, porque él es, como Zaplana y Losantos, un liberal (o te mato).

Pedro J. quiere —y le ha dado un mes para ello al presidente— que Zapatero rompa su pacto con CiU sobre el Estatuto catalán y que lo negocie de nuevo con Mas y con Rajoy, sin que se le rompa el partido en Cataluña, Madrid y Andalucía. Y sin que ETA decida volver a matar. Asimismo pretende que PSOE y PP pacten la negociación con ETA, que ya se habría ido al monte, y que en definitiva se organice, como en Alemania, una gran coalición para salvar España, la transición y la Constitución. Demasiado tarde, Pedro J., ya no hay marcha atrás para Zapatero.

Ni tu “socio” Bellido Dolfos Bono, que se tragó en silencio el Estatuto catalán, está ya en la reserva españolista del PSOE, por mucho que agite la bandera en el castillo de Montjuich. Pedro J. dice que “no es enemigo ni adversario” de Zapatero, si no más bien su compañero de disquisiciones intelectuales sobre Petit, mientras que el presidente considera que al periodista/activista lo está matando a besos por encargo de Polanco y de González, que acaba de salir de su tumba política —en un cementerio— bramando como le gusta a él —Gallego y Rey lo bordaron el sábado con su Donald ininteligible y cabreado—. En fin, lo de Zapatero y Pedro J. tiene mucho que ver con lo de los amantes de Teruel, la provincia del mandril.

De El País dominical poco que decir, porque Ceberio es ágrafo y acéfalo. En realidad, el director es Cebrián, que no se prolijea demasiado, salvo para defender la España federal. Y La Razón está flojita de pulso dominical desde que se fue Anson, que incansable está en pos de un dineral, 1.000 millones de euros, para montarse otro periódico (La Nación) y una televisión. Mucho mérito, a su edad, tiene el autor de don Juan III, al que Armada quiso hacer ministro de información. Ya cuenta con el apoyo de José Luis Moreno que, no hay que olvidarlo, lleva en su maletín a Rockefeller y eso, en el mundo del dinero, es un aval. Por lo menos es una manera directa de actuar. Otros le piden una concesión de televisión digital a un gobernante, luego el aval obligado para la concesión a la Caja de Ahorros que controla el mismo gobernante, luego un crédito a dicha Caja para empezar y al fin una publicidad adelantada a Caja y Gobierno autonómico para la cuenta de resultados y confirmar (mandriladas) que estamos en un país liberal.

En fin. Pero volvamos a la tercera de Zarzalejos en ABC porque sir Lancelot de la mesa redonda o del castillo de Camelot en las justas del pasado domingo fue el campeón. No en vano llevaba el pañuelo de la Princesa Leticia, a la que Losantos quiere por reina de la España federal de Cebrián, que nos llevaría —mientras Pedro J. y Zarzalejos discuten del republicanismo de Petit— a la Commonwealth de la Reina Isabel II de Inglaterra, como muy bien sabe Anson, convencido de la eternidad de la monarquía. Cosa que quedó demostrada y bien atada tras la congelación en Estados Unidos de las células madre de la infanta doña Leonor.