Hace un año y medio, en vísperas del cónclave que confirmara a Mariano Rajoy como líder del PP, publiqué en este mismo periódico un artículo con este mismo título. Ahora, coincidiendo con el X aniversario de nuestra victoria electoral, se celebra una Convención que habría de centrarse sobre la idea de futuro.
Muchos desearíamos que verdaderamente fuera éste el sentido, pues a veces el pasado y su encendida justificación, incluso de las decisiones más polémicas por algunos, ha lastrado nuestra proyección y ha impedido que hayamos podido aprovechar la percepción cada vez más negativa de la acción del Gobierno socialista.

Cierto es que hemos pasado una situación difícil tras la derrota el 14-M hace dos años, pero no podemos aliviarnos ni engañarnos diciendo constantemente que perdimos por poco las elecciones europeas y las gallegas o que no bajamos en exceso en los comicios vascos.

Mirar al futuro no supone renegar de un pasado de gobierno en el cual nuestro país, bajo la dirección de Aznar, logró grandes progresos y prosperidad para los españoles. Pero tampoco ha de suponer divinizar ese periodo, ignorar fallos y convertir en perfecto todo lo que hicimos, debiendo aprenderse de los errores.Como expresa Tagore: «Si cierras la puerta a todos los errores, la verdad también se quedará fuera».

Mirar al futuro significa contar con todos, y así como hay bastantes dirigentes de otras épocas que siguen manteniendo áreas de influencia (cuya experiencia es, en algún caso, aprovechable), otras personas, con planteamientos diversos y con responsabilidades orgánicas internas, parlamentarias o territoriales, deberían de tener un mayor protagonismo y presencia en la vida pública.

Mirar al futuro significa saber implicar en la tarea colectiva a quienes representan diversas sensibilidades, teniendo que ser capaces también de captar para la tarea política a personas nuevas que hasta ahora no han participado en la vida pública pero a los cuales la situación actual de la política no les alienta a dar el paso al no percibir la suficiente apertura en los partidos.

Mirar al futuro significa aceptar que así como España es plural y es una, también el Partido Popular tiene que ser un partido plural pero unido, unido pero plural. Ha de superarse esa concepción centralista que confunde (para España y para el PP) la unidad con la uniformidad, la cohesión con la disciplina cuasi militar, la lealtad con la sumisión. Ha de admitirse con naturalidad que pueda haber matices que enriquecen el proyecto común.

Mirar al futuro es saber mantener un discurso, una imagen y una presencia que sea muy cercana al ciudadano. Que sin dejar de proclamar unos principios o valores característicos de la derecha, asumamos posiciones progresistas en algunos temas y hablemos más de Derechos Humanos, de valores sociales, de libertades civiles, de los servicios públicos o de la paz y la lucha prioritaria contra la pobreza a nivel internacional. En definitiva, de dar más frescura a nuestros mensajes, llegando mejor al mundo de los jóvenes.

Mirar al futuro es aplicarnos mucho más en formular iniciativas concretas que afecten a los ciudadanos en su vida cotidiana: cuando tienen una intervención quirúrgica, cuando buscan un empleo con una retribución mínimamente digna, cuando se desaniman ante el precio de la vivienda, cuando sube tanto la inflación, etcétera.

Mirar al futuro supone no facilitar que nuestro mensaje se entienda como un retroceso en el tiempo hacia una España centralista.Siendo clamorosa la irresponsabilidad del Gobierno en el tema del Estatuto catalán y aun conteniendo algunos aspectos inaceptables (como la lengua), eso no tiene que significar que renunciemos, por sentido de Estado, a negociar y demos tantas facilidades para que nuestro discurso se entienda como antiautonomista o anticatalanista.

Además, si aspiramos a gobernar pronto en España, necesitaríamos el apoyo de partidos moderados como CiU; sin embargo, la línea que ahora seguimos asegura, más bien, el desencuentro futuro.Deberíamos aprender de la Historia, que nos recuerda el hecho de que a pesar de que el Estatuto catalán de 1979 supuso un salto cualitativo muchísimo más amplio respecto a lo existente entonces que este próximo texto (tras las enmiendas anunciadas), hace 26 años UCD lo votó de modo favorable y, singularmente, Alianza Popular, partido netamente de derechas, no votó en contra sino que sus miembros en el Congreso se distribuyeron entre el voto favorable y la abstención.

Mirar al futuro exige no renunciar a nuestra nítida vocación autonomista, habiéndose modificado cuando gobernábamos 10 estatutos con una notable ampliación competencial de las autonomías y numerosísimos traspasos. Tampoco que hace 14 años defendiéramos con ahínco la idea de «Administración única» (o preferente) referida a las comunidades autónomas elaborada por Manuel Fraga. También deberíamos reflexionar cómo se compagina la idea de que el texto enmendado es nefasto para España -según decimos- y al mismo tiempo, líderes del PP en Galicia, Baleares y Comunidad Valenciana pidan lo mismo para sus autonomías.

Mirar al futuro supone que aun siendo un tema importante la cuestión territorial, y no obstante la evidencia de la frivolidad del Gobierno al plantear y gestionar este asunto, no podemos dedicarnos a hablar exclusivamente del Estatuto y la unidad (la Constitución habla claramente de ésta pero también del pluralismo y el autogobierno) de España, pues a pesar del gran espacio que los políticos y los periódicos dedican a ello, estos temas ocupan el puesto número 16 entre las preocupaciones de los españoles, según la reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Mirar al futuro supone finalizar una política de aislamiento en la que junto a la pretensión del PSOE de arrinconar al PP, también nosotros hemos preferido frecuentemente quedarnos solos y hemos ido rompiendo lazos con muy diversos grupos políticos con los cuales en otros momentos nos entendimos y ahora están muy lejos de nosotros. Son varios, además de CiU y PNV (con los que llegamos a gobernar España), los ejemplos en comunidades como Canarias, Aragón y Cantabria, en las cuales gobernamos conjuntamente con partidos políticos moderados de ámbito autonómico hasta hace muy poco y con los que tendríamos que intentar tender puentes en lugar de dinamitarlos si aspiramos a volver a gobernar algún día en ellas.

Mirar al futuro para ganar unas elecciones precisa, asimismo, capacidad para generar ilusión y confianza. A un proyecto común ha de trasladarse no sólo preparación intelectual y capacidad, sino también la fuerza y la convicción de que esa alternativa y las personas que la representan es creíble e ilusionante por si sola, sin que los errores del contrario, cada vez mayores, sean suficientes para propiciar por si solos el cambio. Por ello, ante los cada vez mayores desaciertos e irresponsabilidades en la acción de gobierno socialista, deberíamos plantearnos por qué en las encuestas no estamos con cinco o seis puntos de ventaja sino, a lo sumo, en un empate técnico. Y además parece que estemos contentos por ello.

Mirar al futuro no significa en modo alguno renunciar al deber de una contundente firmeza en la crítica contra los desaciertos cada vez más evidentes de los socialistas, pero al mismo tiempo, eso no debe excluir estar abiertos e insistir en el ofrecimiento en hacer pactos de Estado en asuntos de gran relevancia nacional, sin que tampoco resulte lo más acertado que digamos que no constantemente y por sistema a cualquier iniciativa del Gobierno. Debe asimismo no confundirse la crítica firme con el mensaje apocalíptico y catastrofista.

Mirar al futuro ha de ser un compromiso de todos para hacerlo realidad. Los españoles no se merecen un Gobierno irresponsable.Mariano Rajoy está en condiciones de representar un futuro mejor para la sociedad. Desde el apoyo al proyecto colectivo que él lidera y en el que cada español puede expresar su voz y aportar sus matices, podremos lograr entre todos una España más cohesionada, más plural, más solidaria y que mire en libertad al futuro con esperanza.

Jesús López-Medel es abogado del Estado, diputado del PP por Madrid y autor del libro Tratado de Derecho Autonómico (Ed. Marcial Pons).