Es pueril, por no decir irresponsable, que autoridades gubernamentales se dediquen a rebajar la dimensión de las manifestaciones que no les gustan. El sábado se celebró en Madrid una manifestación multitudinaria, con cientos de miles de personas clamando para que el Gobierno no capitule ante los terroristas de ETA, y eso es lo que importa. Que hubieran salido más o menos que en otras manifestaciones similares tiene muy poco valor ante el hecho de que quienes proponían el mensaje eran las víctimas del terrorismo, que pasan por lamentables momentos de orfandad y se temen lo peor.
El problema de fondo no es la cifra exacta de manifestantes, ni el apoyo del Partido Popular, ni la idoneidad de los representantes de las víctimas, ni el plazo de tres años sin asesinatos (que no sin víctimas, como lo son todas las personas extorsionadas, chantajeadas, amenazadas y humilladas por ETA en ese tiempo en que han tenido calladas aunque no abandonadas las pistolas).El problema de fondo es la actitud del Gobierno que a tanta gente le hace sospechar que estamos ante el riesgo más grave de la lucha contra ETA: el de pagar un precio para que los terroristas dejen las armas. Esa desazón les llevó a unos manifestantes a exhibir una pancarta que decía Zapatero surrenders to terrorism (Zapatero se rinde al terrorismo). Tampoco lo importante es quiénes eran sus portadores, sino por qué la gente ha llegado a esa conclusión.

El problema plantea una necesidad: que Zapatero cambie su modo de enfrentarse a ETA y que no corra esa aventura solo o acompañado simplemente de partidos menores, a algunos de los cuales no les interesa el bien de España. En nuestra democracia se implantó la costumbre prudente de informar a la oposición de los asuntos clave de la lucha contra el terrorismo, y ha sido Zapatero el que ha cortado la comunicación. La crítica del PP puede ser hiriente pero eso no justifica la marginación que practica Zapatero; también pudo ser hiriente la crítica del PSOE para el Gobierno del PP.Lo que pasa ahora es que Zapatero quiere apuntarse medallas y ganar las próximas elecciones con su gestión personalista con ETA. (Por cierto, ¿eso no es aprovechar políticamente la lucha contra el terrorismo?). Pero la obsesión por las medallas no garantiza la paz ni la libertad de los españoles. Lo que garantiza el futuro e infunde tranquilidad ahora es el acuerdo de los grandes partidos en las grandes cuestiones para no cometer errores e impedir el abuso de poder. Con la vuelta al consenso político no habría manifestaciones como la del sábado.