En mi opinión, el gobierno Zapatero está haciendo lo que corresponde en relación a la oferta que ha lanzado la compañía alemana E.ON sobre Endesa: un planteamiento que, salvando las diferencias, recuerda la actitud del gobierno francés en torno a Alsthom hace año y medio. En aquella ocasión tanto Chirac como el ministro Sarkozy (una persona con fama acreditada de liberal) removieron Roma con Santiago para defender los intereses nacionales frente a los alemanes de Siemens; pero no sólo se pusieron en movimiento los dirigentes políticos: el mundo empresarial galo (BNP, Paribas, Societé General-Crédit Agricole y Crédit Lyonnais) se lanzaron al ruedo para que su Alsthom no tuviera problemas de liquidez.De momento, el gobierno español está haciendo lo que corresponde.Pero no se puede decir que los capitales españoles sigan el ejemplo de sus colegas franceses. Más todavía, la posición del presidente Chirac fue apoyada por la oposición (socialista y comunista) como, en este caso, no podía ser menos. Otra diferencia con la actual situación española: el Partido Popular hace justamente lo contrario. De donde infiero que los intereses de este partido no son fundamentalmente políticos sino, tal vez, económicos: podría ser que no defendieran la polis sino Tangentopolis. Esta hipótesis me parece más plausible que no los chocantes argumentos que dieron (y siguen sosteniendo) algunos dirigentes del PP arguyendo que si Gas Natural se sale con la suya es porque conviene al gobierno tripartito catalán: una chocarrería tabernaria, orientada a turbar los más pedestres sentimientos de la caspa y la brillantina.
Hay, por otra parte, un argumento de matriz europeo que abundaría en la corrección de los planteamientos de Zapatero. No es conveniente que, en la áspera caminata de la construcción europea, un grupo empresarial, ya de por sí extraordinariamente potente, se haga todopoderoso, eliminando en su sector lo que hay bajo la capa del Sol. Convengamos, pues, que la construcción europea se hace, también, sobre la base de equilibrios económicos. Unos equilibrios que, ni que decir tiene, convienen además a la buena marcha de la economía por lo que tienen de contrapesos: toda una filosofía que, por cierto, no repugna a los liberales.Aunque, siguiendo la anterior hipótesis, una cosa es ser liberal (un planteamiento legítimo en la polis) y otra, bien distinta, asociarse a Tangentopolis.
Así pues, entiendo que Zapatero está haciendo lo que corresponde.Más todavía, pienso que no debe descartar el instrumento técnico de la acción de oro. Primero, porque es legítimo; segundo, porque en estas ocasiones es rematadamente peligroso quedarse a medio camino. Pero esencialmente por una razón más honda: en esta ocasión, ejercer la acción de oro es también una interferencia a los desbocados movimientos -sin reglas ni controles- de la globalización. En resumidas cuentas, este mecanismo institucional es parcialmente una brida a un caballo desbocado. Por lo que me permito una observación: cuando ciertos mecanismos (igual ocurre con el ejercicio de los derechos) dejan de utilizarse acaban perdiéndose en la habitación de los trastos viejos.
Si no se coge a tiempo la sartén por su debido mango, se entra en el terreno de la indefinición y, de ahí, se pasa al pudrimiento de la situación. Y tampoco sería descartable que la voz zaplanista interpelara, dentro de poco, diciendo que por qué no se utilizaron los instrumentos para que Endesa siguiera siendo una empresa española.

Se ha armado mucha bulla con el tema del veto anti- aleman de Jose Montilla a E.On