Crítica de la razón militante, de José Ignacio González Faus en La Vanguardia
La historia se repite: cuando una instancia de apelación, a la que se supone imparcial, ha de resolver situaciones de división o conflicto, aparece tan poco neutral y tan dividida como quienes apelaron a ella. Un ejemplo fue el dictamen del Tribunal de la Competencia sobre la OPA de Gas Natural: todos los miembros de ese tribunal afines al PP dictaminaron en contra y los afines al PSOE dictaminaron a favor. Da la sensación de que la justicia ya no es ciega, y que los encargados de la razón y la objetividad tienen demasiada vista...¿Para qué escribiría Kant todas sus críticas de la razón si ya las hemos olvidado?
Otro ejemplo del momento. En Salamanca, antigua cuna del saber, resultó que los votantes del PP consideraban un expolio la devolución de los papeles,mientras muchos votantes salmantinos del PSOE la consideraron una restitución justa. Por eso no deja de intrigarle a uno que catalanes que aplauden la devolución de esos papeles a Catalunya, sean tan hostiles al dictamen eclesiástico de devolución de otros papeles que fueron a parar al Museu Diocesà de Lleida cuando Barbastro pertenecía a aquella diócesis (cosa que ya no es así). No sabe uno si es que han hecho obispo de Lleida al alcalde de Salamanca o que, para baldón de nuestros afanes científicos, los hombres no miramos con los ojos sino con los egos. Marx quiso sustituir los dioses (siempre particulares según países) por la razón que es universal: y ahora resulta que la razón también se particulariza según contextos...
No analizo conductas sino modos de ver. Como último ejemplo van tres titulares de fin de año sobre un tema que no parece tener demasiado peso electoral: "en el 2005 disminuyeron los accidentes" (medios favorables al PSOE). "En el 2005 los accidentes sólo disminuyeron un 5%". Pocos medios daban la cifra quitando el adverbio ( "disminuyeron un 5%"). En los dos primeros casos se le suministra al lector, junto con la noticia, lo que tiene que pensar sobre ella. Sólo en el tercero se le da el dato a secas y que él juzgue. El dichoso adverbio confirma que calificar es una de las mejores maneras de descalificar. Aunque entiendo, por otro lado, que una lengua sin calificativos ¡sería tan sosa! Y una vida sin militancias ¡sería tan vacía y autista!
La medicina está intentando enseñarnos que "no hay enfermedades sino enfermos". Pero todavía nos queda mucho para aprender (si es posible aprenderlo) que no hay justicia sino jueces, no hay información sino informadores, e incluso no hay ciencia sino científicos. Por esta razón, cuando oigo que una delegada del Partido Popular esgrime contra el Gobierno el justísimo principio de que las grandes cuestiones de Estado deben ser resueltas mediante un pacto global entre todos, para añadir a continuación "como era el uso de este país durante los últimos años", me restriego los oídos preguntándome si habré oído bien o si no viviré yo en otro país, y sólo ese país mío participó en la invasión de Iraq, publicó la LODE, y resolvió infinidad de cuestiones confundiendo su mayoría absoluta parlamentaria con la voluntad del pueblo y amparándose en esta santa voluntad. No sé.
No deseo hacer propaganda a favor o en contra de nadie. Más importante es meditar sobre las impresionantes limitaciones de nuestra razón humana que se cree absolutamente universal, olvidando todos los condicionamientos que la particularizan: su pre-historia, sus pre-comprensiones, sus pre-juicios, predisposiciones o afectos previos. Los míos los primeros, aunque yo no me dé cuenta.
MESEGUER Vale esto incluso para la ciencia. Nuestra razón discurre perfectamente en las matemáticas, y parece estar hecha sobre todo para ellas (a pesar de que los llamados números irracionales, que no existen pero que funcionan, le planteen un interrogante insoluble). Se mueve bien en las ciencias físicas (aunque ya sabemos que nuestra subjetividad configura los datos que recibimos del exterior y que, además, nuestra subjetividad no está quieta sino que - según Einstein- se mueve).En el campo de la investigación histórica sobre la vida de Jesús, que conozco un poco, los investigadores no creyentes dan por supuesto que las conclusiones de los creyentes no son válidas, ya que están condicionadas por la necesidad de confirmar su fe. Muy pocos de ellos se atreven a sospechar que también las suyas pueden estar condicionadas por una necesidad de confirmar su increencia. Y eso que este 2006 se cumplirán cien años de la obra magna de A. Schweitzer sobre la historia de esa investigación, donde mostraba que todos los estudiosos habían proyectado buena parte de su personalidad y modo de ser sobre la imagen científica de Jesús que encontraban (un Jesús poeta, socialista, maestro... hasta llegar al delirio del Jesús ario).
Dos conclusiones: en el campo político, una democracia no será madura ni el poder judicial independiente hasta que, en una decisión de la judicatura, jueces de un partido fallen contra la propuesta de su partido. En el campo humano, altas instancias eclesiásticas han escrito que el cristianismo es sobre todo una cuestión de verdad,acusando a la posmodernidad de rehuir esa cuestión con la pregunta de Pilatos: ¿qué es la verdad? Tampoco me considero posmoderno, pero quizá lo que niega la posmodernidad no es la existencia de la verdad, sino nuestra capacidad para acceder a ella. Por otro lado, la verdad bíblica no pretende ser una interpretación global de las cosas, sino sólo un dato importante para esa visión: "El amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro", como le gustaba decir a san Pablo.
Ello permite concluir que el valor de la vida humana está más en la bondad que en la verdad. Aunque el primer rasgo de toda bondad pueda ser el amor, la búsqueda y el respeto, hacia cualquier verdad que se nos manifieste, doquiera que sea.
JOSÉ I. GONZÁLEZ FAUS, responsable del área de teología de Cristianisme i Justícia.
