De todos los grupos de opinión que definen el pluralismo ideológico que existe en Asturias, que se expresan activamente en nuestra Escandalera, hay uno que en estos momentos, se lleva la palma, en cuanto a la intensidad y el apasionamiento con que mantiene un debate interno sorprendente, que a menudo roza con la violencia verbal, característica de la agresividad con que se manifiestan las diversas posiciones. Hablamos del Partido Popular, un grupo político que a pesar de su sedicente posición liberal ante los problemas de la sociedad, practica un extraño liberalismo en sus mecanismos internos de organización, selección de candidatos y definición de líneas políticas: la designación “a dedo” por los órganos centrales.Esa falta de democracia interna en el PP, es un grave defecto de este partido, que en absoluto forma parte de su particular idiosincrasia, pues la ausencia de democracia interna real, caracteriza en buena medida la vida partidaria española en todas las formaciones políticas, a lo que sin duda no es ajena la más que evidente imperfección de nuestro sistema, basado en las listas cerradas y bloqueadas, que privilegia la decisión de minorías territoriales que funcionan como lobbys y consolida la existencia de unas burocracias autoritarias y superprofesionalizadas que se enquistan en los gobiernos, y desde ellos controlan la vida representativa y partidaria, haciéndose con los instrumentos que deberían definir la separación de poderes –nombran los cargos de la justicia, el Tribunal de Cuentas, etcétera- y compran, con publicidad institucional, la opinión de los medios de comunicación a la vista de todo el mundo.
Las primarias como espejismo
Ante este panorama, el PSOE aportó como gran novedad para la vida democrática española un evidente progreso –de haber prosperado-, como era el sistema de selección de candidatos mediante elecciones primarias, un método inmediatamente descartado como un mecanismo serio, tras la experiencia que supuso la nominación de José Borrell en el año 98. La gran ilusión que despertó aquel breve espejismo entre la ciudadanía, que experimentó un indiscutible resurgimiento de su interés por la política, fue rápidamente ahogado por la oligarquía partitocrática que domina la vida pública española, en la que apenas si hay renovación de nombres y caras. A a pesar de que el actual presidente del gobierno y secretario general del Partido Socialista, José Luis Rodríguez Zapatero se presentó a sí mismo, en el congreso del año 2000, como el secretario general de las primarias, inmediatamente su dirección comenzó a tomar medidas contra ese sistema, centralizando brutalmente el censo de militantes, y adoptando otras medidas de control férreo de la organización, hasta que una conferencia política convocada para regular el mecanismo, estableció un cupo mínimo de apoyos del 20% de la militancia, para avalar a los candidatos que se presentasen en ciudades con más de 50.000 habitantes, sin hablar de otras limitaciones que hacen del sistema una pequeña farsa publicitaria, sin contenido democrático real. Allí donde el PSOE gobierna, o donde se presenta en coaliciones, quedan eliminadas las primarias, que se convierten en una campaña de medios para lanzar candidatos, allí donde no gobierna.
La designación de candidatos en el Partido Popular, tiene un componente especialmente antidemocrático que algunos consideran un puro cinismo, porque en ningún partido como en ése se manifiesta públicamente el autoritarismo de la estructura, al ser la dirección nacional la que toma abierta y directamente las decisiones, sin molestarse ni lo más mínimo en simular un cierto ceremonial, decisiones que luego son ratificadas en asambleas territoriales en las que se escenifica una pequeña comedia plebiscitaria. El extraordinario malestar que se advierte en la vida pública asturiana, llevado al límite desde que se produjo el degradante episodio que sacudió nuestras instituciones con el mantenimiento de un tránsfuga sin partido y sin grupo parlamentario propio, como Sergio Marqués, que aguantó más de un año al frente de las insituciones, sostenido allí por la maquinación de Vicente Álvarez Areces desde el Partido Socialista –que consiguió ganar así las únicas elecciones que conquistó por mayoría absoluta en su vida-, y por la incapacidad del Partido Popular para presentar una moción de censura, nos ha llevado a unos niveles de deterioro democrático sin precedentes, que vive estos días uno de sus mayores escándalos, con el acoso a la Sindicatura de Cuentas del Principado, y el ataque a las personas del Síndico Mayor, Avelino Viejo, o la secretaria, Rosa Zapico, sin hablar ya del representante de Izquierda Unida, Antonio Arias, denostados y humillados en el acceso a su función con trucos de la más baja política.
Las instituciones democráticas asturianas se deterioran día a día
Areces, que tiene la burocracia de Izquierda Unida cogida por el bolsillo, a través de la dirección general de vivieda –ya los maneja a su antojo desde que los trincó en el urbanismo de Gijón- y sus inconfesables compromisos, y maneja cifras astronómicas en publicidad institucional, tiene a los grandes grupos de comunicación atrapados con los concursos de las televisiones locales y está entrando a saco en la sociedad civil, hasta definir su imagen personal como político, por la suciedad de sus métodos y el escándalo permanente en el que ha convertido su paso por las instituciones, cuyo penúltimo episodio es el asalto a la Cámara de Comercio de Gijón con un propio como es el empresario de Bitácora, Luis Arias de Velasco, una empresa que creció como la espuma, al rebufo de la actividad publicitaria de su gobierno, cuyo ejemplo más significativo fue la farsa del “Asturias Adelante”, multimillonaria campaña de publicidad que intentaba hacer pasar por información los anuncios del gobierno, parida en los laboratorios psicopublicitarios de Bitácora.
En semejante escenario, el Partido Popular se ve incapacitado, por sus tremendas limitaciones, para ofrecer un mensaje político de regeneración democrática que ilusione a los ciudadanos, ante su debate social para la selección de candidatos, de los que hay un nombre, el de Francisco Álvarez-Cascos, que es una especie de talismán, pues todos lo invocan, de un tiempo a esta parte. Las reacciones ante el creciente rumor de su retorno a la política, son variopintas. El presidente del partido, Ovidio Sánchez, concedía este fin de semana una entrevista a la Nueva España que mereció un titular de primera antológico: «Yo veo a Cascos, si vuelve, en una esfera más amplia que Asturias». Ovidio Sánchez, que con su gracia personal indiscutible, revalida el método que seguía tradicionalmente su antecesor en el cargo, Isidro Fernández Rozada, que ya en su día apoyó duramente la aventura madrileña de Cascos, para quitárselo de encima. Más sutil, Juan Morales, en una entrevista que le concedió el mismo medio el pasado viernes, contestaba a la inevitable pregunta sobre una posible candidatura de Cascos: “El PP tiene que acostumbrarse a caminar con la militancia y no estar siempre pensando en una llegada. Es un gran político y un gran líder. Respetaré su decisión.”
La vuelta de Francisco Álvarez-Cascos, más que un simple rumor, que choca con las dificultades de su vida personal asentada en Madrid
El pasado miércoles, Alicia Castro, cuyo nombre fue invocado junto con el del alcalde de la capital, Gabino de Lorenzo, como posibles candidatos, publicaba el pasado miércoles un artículo en La Nueva España, que empezaba de manera tan expresiva como ésta su elogio del político: “Hoy más que nunca Francisco Álvarez-Cascos está en la mente de todos los asturianos”.
Este domingo, una publicación digital de gran influencia en el PP, El Semanal Digital, publicaba un artículo titulado “Francisco Álvarez-Cascos, de nuevo ante un reto muy personal”, en el que se contaba que Ángel Acebes ve con buenos ojos una posibilidad que aún no ha sido planteada a Mariano Rajoy, para culminar el artículo con esta afirmación: La dirección nacional del PP es consciente de que el regreso de Álvarez-Cascos a Asturias, donde está considerado un icono político por las bases del partido, forjaría una candidatura con serias posibilidades de arrebatar el gobierno al socialista Vicente Álvarez Areces y cerraría de inmediato las divisiones internas.
Que El Semanal Digital es una publicación influyente en el PP, lo demuestra el hecho de que forme parte del grupo Mediamed, que ha obtenido trece de las catorce televisiones locales digitales a las que optaba en el concurso de la Comunidad Valenciana. Lo contó así elconfidencial.com: “¿Quién o quienes son Mediamed? Se trata de un conglomerado de accionistas del que sobresalen dos. Uno es El Semanal Digital, el periódico digital que dirige Antonio Martín Beaumont, ex presidente nacional de Nuevas Generaciones del PP y estrechamente vinculado al actual Gobierno valenciano, aunque en su día recibió apoyos del que fuera secretario general del PP, Javier Arenas. El otro es el empresario de televisiones privadas de Castilla y León José Luis Uribarri, presidente de Televisión Castilla y León, un hombre al que el actual secretario general del PP, Ángel Acebes, le ha puesto la proa en la comunidad que preside Juan Vicente Herrera”.
Ahora bien, el hecho inciscutible es que esta propuesta encuentra serias dificultades en la vida personal del ex vicepresidente del Gobierno, claramente asentada en Madrid.

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