¿Seguro que los manifestantes del sábado no odian más a Zapatero que a ETA?, de Antonio Casado en El Confidencial
Tercera manifestación en menos de un año contra la política antiterrorista del Gobierno. De carácter preventivo. O sea, no porque se negocie con ETA -oficial y reiteradamente negado-, sino por si se negocia. O para que no se negocie. Y si se negocia, no en nombre del sector de víctimas y ciudadanos participantes en la marcha del sábado, según la letra y el espíritu de sus pancartas y sus gritos.
Entre pancartas y gritos, en el masivo acto apoyado por el PP se leyeron o se oyeron además cosas así : "Nos faltan mil, nos sobra Zapatero", "Zapatero, vete con tu abuelo", "cabrón", "mentiroso", "traidor", "cobarde", "vete a la mierda", "Zapatero se rinde al terrorismo", pero ni se oyeron ni se leyeron cosas como "ETA, asesina", "ETA, basta ya", "No al terrorismo", "Dejadnos en paz", "A por ellos", "No pasarán".
Por encima de la estúpida guerra de cifras (entre 110.000 y 1.700.000), una duda turbadora: ¿Seguro que los manifestantes del sábado no odian más a Zapatero que a ETA?
En enero de 2005 (TVE) Zapatero ya iba de prematuro mensajero de la paz y en mayo promovió una resolución parlamentaria sobre el final dialogado de la violencia sin el apoyo del PP. Dos errores de bulto que, a mi juicio, han contribuido a hacer verosímil la hipótesis de eventuales tratos del Gobierno con ETA sin darse la consabida "condición previa" (anuncio de un creíble adiós a las armas). Eso figura en el debe de Zapatero, pero no deroga el profundo rechazo que inspira la demagogia desplegada por el PP y sus costaleros mediáticos (¿dónde la voz y dónde el eco?) a costa de un problema de Estado.
Los votantes del PP y del PSOE son españoles bien nacidos que comparten una clamorosa voluntad de paz sin precio político. Un axioma en boca de Zapatero, más allá de los juicios de intención. Pero también en boca de Rajoy, De la Vega, Acebes, Alonso, Astarloa, Blanco, Zaplana y Rubalcaba. Es insoportable que su aplicación bajo sospecha estrangule el deber de secundar la política antiterrorista del Gobierno, según compromiso sellado en el primer punto del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo : "Al Gobierno de España corresponde dirigir la lucha antiterrorista". Y más adelante: "Manifestamos nuestra voluntad de eliminar del ámbito de la legitima confrontación política o electoral entre nuestros dos partidos las políticas para acabar con el terrorismo".
Sólo los necios descifrarán este compromiso en clave de seguidismo incondicional. Pero una cosa es la discrepancia y otra el juego sucio. Confrontar no es romper la baraja. Razonar sobre mentiras prefabricadas, suponer del presidente mayor sintonía con los terroristas que con sus víctimas, o endosarle la rendición del Estado ante ETA, no es discrepar. Es un juego muy sucio, "indecente", como lo han calificado algunas calificadas víctimas del terrorismo, no menos dignas que las promotoras de la manifestación del sábado.
Es irresponsable que los dirigentes del PP renuncien a un leal ejercicio de modulación de posiciones en el marco de una ineludible sintonía antiterrorista, solo por el malsano, pasajero y autodestructivo placer de acorralar a Zapatero, o creer que lo acorralan, con unos cuantos insultos o unos lemas que reflejan opiniones pero no hechos.
