Decepcionante evocación del 23-F, un cuarto de siglo más tarde. Somos como los culebrones televisivos sudamericanos, en que sus personajes sólo tienen la dimensión sentimental y parecen alelados, aunque nosotros tenemos otra, la del lío charlatán. Y no me refiero ahora a quienes han recordado los hechos del fallido golpe de Estado, sino al intríngulis de la cuestión: no ha sido aportado ningún nuevo dato pese a los juicios celebrados, a los libros y reportajes publicados, a la controversia política que hubo y persiste, al tiempo transcurrido. Mientras, en otras partes han llegado lejos en problemas más o menos similares, supongamos en Chile o en los Balcanes, donde han desenmascarado hasta el tuétano a un Pinochet o a criminales de guerra. Alo único que hemos desembocado aquí con nuestro barullo e ineficacia ha sido a volver a tener soliviantada una parte del ejército...
Se ha repetido que ni los implicados pistola en mano en el golpe saben quién lo dirigía. Bien: está claro que unos dicen la verdad y otros la callan, como ocurría en el juicio de Campamento cuando una serie de declarantes corrían por Madrid explicando que mentían. Y es que hubo más interés en esconder y confundir el núcleo central de la trama que en desvelarlo, echando sobre los brutotes de Tejero y Milans del Bosch y la arrogancia de Armada una responsabilidad gestual que excluía la intelectual. Pero resulta extraño que ésta no fuera establecida cuando se conocía hasta la saciedad la atmósfera en que se había producido. En otras palabras: ¿no sabemos en estos momentos de qué grupos políticos y económicos, de qué intereses de varios órdenes, de qué posos históricos e ideológicos, de qué motivaciones coyunturales, de qué personajes, surgen las arengas del anticatalanismo galopante - y del catalanismo desnortado- que nos acosan? Pues es lo mismo y por el hilo se saca el ovillo.
Por ejemplo, pese al jaleo actual sabemos que en el PSOE manda Zapatero de manera absoluta, que Rajoy no gobierna exactamente el PP, que el Govern catalán carece de brújula, lo delatan más las atmósferas en la que se mueven todos que las declaraciones formales. Hace 25 años el país pasaba del franquismo a la democracia a través de una evolución que si socialmente fue muy de agradecer, en cambio culturalmente resultó irresponsable, confusa, chanchullera, arribista, ¡si el 23-F se produjo porque los jerarcas vigentes de la dictadura y sus asociados en política, las finanzas, la milicia, tronaban que "eso no marcha"! Y eso eran ellos, no falla: el asesino del Orient Express está entre los pasajeros, Poirot parte de esta evidencia para descubrirlo.

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