La catalanofobia, las rebajas estatutarias, la desazón política y el independentismo contribuyeron al éxito de la manifestación del 18-F
Sin duda los dos grandes asuntos de la semana política catalana han sido la manifestación del sábado 18 y la Opa de E.ON. De la Opa ya tendremos tiempo de hablar, y en especial sobre esa tipología de patriota español que prefiere que una gran compañía como Endesa pase a manos alemanas con tal que no la compre la catalana Gas Natural. Centrémonos, por consiguiente, en la manifestación.Lo primero que tenemos que preguntarnos es cuánta gente acudió.Pese a lo que alegremente proclaman algunos, ése es un dato importantísimo.Personalmente, de quien más me fío es de la gente del colectivo Contrastant (www.constrastant.net), profesores y sociólogos especializados en contar multitudes. Ellos apuntan una cifra que ronda las 65.000 personas en el momento concreto de la medición, por lo que seguramente, si sumamos a quienes llegaron luego, podemos estar hablando de 70.000, 80.000 personas en total, quizá más. Pese a lo que pudiera parecer, se trata de una cantidad enorme. El problema es que, como desde siempre se han venido hinchando las cifras de forma colosal, hemos perdido el sentido de la proporción. Lo del 18-F fue un éxito incuestionable. Hay que considerar que, según Constrastant, a la gran manifestación barcelonesa contra la guerra de Irak acudieron en realidad menos de 400.000 personas y a la convocada tras el asesinato de Lluch menos de 110.000).
Segunda pregunta clave: los motivos. Esbocemos algunos de los más plausibles. En primer lugar, la indignación ante las mentiras, los insultos y las actitudes catalanofóbicas que se gasta el españolismo más torpe, esencialista y agresivo. Eso empujó a muchos a salir a la calle. Otro motivo es el que recogía el lema oficial: Som una nació i tenim el dret a decidir. O sea: afirmar que Cataluña es una nación (como, según la última encuesta del CIS, creen la mayoría de los catalanes) y reclamar la autodeterminación.Tercero: expresar la profunda desazón provocada por la clase política y su manera de llevar las cosas, tanto a nivel español como catalán. Cuarto motivo: respaldar a ERC en su rechazo al acuerdo estatutario alcanzado por Zapatero y Mas sobre financiación y el término nación. (Hay que hacer notar que el hecho de que la manifestación contara con el apoyo público y organizativo de ERC hizo, asimismo, que muchos se abstuvieran de acudir, por miedo a ser instrumentalizados). Los motivos fueron, pues, heterogéneos, igual que los participantes; éstos no tenían por qué albergar todos los mismos motivos ni calibrarlos de la misma manera. Desfilaron por la Gran Via ciudadanos de distinta condición, entre los cuales, suponemos, una amplia mayoría de votantes de ERC, pero también con otras opciones políticas. Que entre la multitud fuera fácil distinguir a algunos notables convergentes constituye una buena prueba de ello.
Pese a la heterogeneidad de motivos y gentes, los republicanos han interpretado el 18-F simple y llanamente como un espaldarazo a sus líderes. Pese a ello también, a algunos dirigentes de CiU les han entrado las dudas y una cierta angustia. Cierro estas Señales de Humo con una intuición: próximamente, y en gran parte a consecuencia de manifestación, los independentistas van a flexibilizar su postura con miras al próximo referéndum sobre el Estatut, a la par que los convergentes elevarán el tono ante los negociadores del PSOE.

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