Los servicios de inteligencia de Moncloa andan atareados. Los fontaneros más cualificados rastrean la pista de un misterioso hombre trajeado, entrado en los cincuenta, con cabellera blanca y provisto de un maletín con importante documentación. Who is the man? La hipótesis de trabajo apunta a la figura del persuasor, el responsable de traer a los alemanes de E.ON al huerto de Endesa.

La investigación está muy avanzada. Dejó rastros muy gruesos: hablaba español. El secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, no paraba ayer en los pasillos del Congreso. La ‘mano derecha’ de Zapatero no dejaba de contar ayer a quién le quisiera escuchar las últimas novedades que tenía sobre la OPA de E.ON.

Información de primera mano, eso sí, ‘top secret’, estrictamente confidencial: el puente aéreo Madrid-Dusseldorf y el hombre que negoció la operación que puede dar al traste con la mitad del Estatuto catalán, es decir, la OPA de Gas Natural. Eso sí, Moraleda callaba el nombre del interfecto mientras miraba, sospechosamente, hacia los bancos del PP...

Moraleda se hacía el interesante, pero la investigación no se dirigía a la bancada ‘popular’. Acebes bromeaba: “Ahora van a decir que éramos Zaplana y yo”, vestidos ambos con gabardina de Armani, los cuellos levantados, sombrero y gafas de Sol... Esta vez no. “Nunca he ido a Dusseldorf”, aclaraba el secretario general del PP.

La investigación puesta en marcha para reconstruir los vuelos del puente aéreo Madrid-Dusseldorf dirige los tentáculos hacia el Campo de las Naciones. Allí radica la sede de la propia Endesa, la empresa opada, el dulce caramelo que tanta gente ansía... Se manejan varios nombres, aunque sólo uno puede ser el persuasor. ¿Adivinan el nombre del viajero?