La picadora de carne con la que Areces y Lastra pretenden destrozar a Avelino Viejo y a Rosa Zapico, del Editorial en El Comentario
La irrupción de Gabino de Lorenzo en el extravagante trámite parlamentario de modificación del marco legal con el que nació la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias, modificación que se hace a instancias de la coalición PSOE-IU, es una de esas jugadas características de un político que sabe como introducir, cuando tiene por conveniente, todas las contradicciones en el sistema, porque se lo conoce al dedillo. Quien tuvo que lidiar con el Tribunal de Cuentas del Reino en innumerables ocasiones, sabe perfectamente cómo poner de relieve, que su correlato asturiano, no puede ser humillado públicamente por el poder ejecutivo, sin un elevado coste para el gobierno. La Sindicatura de Cuentas no tiene implicación alguna de carácter judicial en su ámbito de competencias, carece de la majestad administrativa que otorga la palabra tribunal, pero es, en sí misma, la prueba del nueve de la existencia de una voluntad de contar en Asturias, o no, con instituciones verdaderamente autonómicas. El hecho de que Vicente Álvarez Areces se haya lanzado sobre este organismo como una leona en celo, para despedazar su credibilidad y convertirla en una dependencia más del gobierno, como si fuese un mero negociado, coloca nuevamente a los consejeros Laura González y Francisco Javier García Valledor, sus socios, en la más desagadable de las evidencias: están pillados por el gran entafarrador que supo colocarles el muerto de la promotora pública de viviendas que es la dirección general del ramo. Ahora sólo pueden tragar y tragar.
Lastra el equilibrista crea el problema y encuentra la solución: nombrarlos primero y destrozarlos después
El diputado Fernando Lastra Valdés es un tipo listo, ¡qué duda cabe!, por eso José Ángel Fernández Villa lo tuvo tantos años haciéndole el trabajo de control de la vida interna en el Partido Socialista. Lastra aprendió a ser, no sólo un buen burócrata de aparato; no perdió el tiempo, cogió tablas, y supo ver su oportunidad. Vicente Álvarez Areces perdió el congreso de la Federación Socialista Asturiana (PSOE astur), pues su candidato, Álvaro Álvarez, no era creíble, pero el que presentó Villa para llevárselo por delante, Javier Fernández, carecía de la experiencia, el caché y la capacidad políticas que se requerían, para poder hacer frente a un seductor como Areces. Por muy nieto de Manuel Llaneza que fuese Fernández (tienen gracia estas sangres rojas que tienen los mismos méritos que las azules), le faltaba casta al galgo, y con el tiempo Fernández demostró que le interesaban mucho más los avatares del Plan del Gas y la evolución en bolsa de la Duro-Felguera, que el control sobre un presidente del gobierno que se le escapó de las manos al segundo día.
De eso se encargó precisamente Fernando Lastra que encontró su oportunidad en esa mediación entre Vicente, el Presidente, y Fernández, el secretario del partido. La creación del órgano que ha de controlar las cuentas del Principado de Asturias, vino condicionado por esa perversa y compleja relación entre la invencible pulsión autoritaria de Areces, que viene dada por su naturaleza, y sus embarrancamientos en los más abismales lodazales de la peor política, de la que por todas partes deja un insufrible hedor. Areces no puede permitirse el lujo de que le controlen. Sus cuentas son catastróficas, caóticas, desatinadas e insultantes para la ciudadanía, y la Televisión del Principado de Asturias, no es sólo su instrumento para lavar los cerebros de la buena gente que paga todo con el sudor de su frente, sino que también es su lodazal particular, el chiringuito por definición, el espacio administrativo del que nada se puede saber porque todo es indefendible. Necesita distribuir servicios, costes, sueldos e infraestructuras, esparciendo la financiación de la televisión en las difeentes consejerías, para que los ciudadanos no comprueben la envergadura de las mentiras que se están diciendo sobre la constitución de este engendro antidemocrático y su astronómico coste.
Los van a destrozar en la picadora de carne humana
El nombramiento como Síndico Mayor de Avelino Viejo y de secretaria de la institución que o es independiente, o no es, a Rosa Zapico, fue un tributo que exigió el partido, que recuerda enormemente el proceso que llevó a nombrar consejero de Cajastur a Manuel Menéndez, en los tiempos en los que el entonces secretario general del PSOE astur, Luis Martínez Noval (ahora precisamente en el Tribunal de Cuentas del Reino), ejercía de lo que ahora es Javier Fernández. Se parecen en todo, en la falta de pedigree político y en la ausencia de remango para poner el rodillo encima de la mesa y situar al presidente en su sitio. Tiran la piedra y esconden la mano, y entonces se convierten en lo que son, en una trituradora de carne humana que destroza todo lo que pilla, porque tienen que complacer a Dios y al Diablo, y eso no es posible.
Primero nombran a Avelino Viejo y a Rosa Zapico, porque son dos nombres que a Vicente Álvarez Areces ponen los pelos de punta. Avelino Viejo ha sido, a lo largo de toda su vida profesional y política, un hombre íntegro y un inteligene y celoso adminstrador, mientras que Rosa Zapico llegó en su momento a la conclusión que su situación profesional le permitía no arrastrar su dignidad, ante la caprichosa vena tiránica de la pala excavadora que se está llevando buena parte de las plusvalías generadas con la política urbanística del gobierno, a Méjico, a Panamá, y que vuela alto con Air Asturias. La Zapico ya dejó constancia pública, a su paso por la consejería de Presidencia, de que es una mujer digna que no se deja trajinar. Primero los nombran para demostrarle a Areces que no le deajn colocar sus propios teleñecos, para tener un órgano de control de las cuentas que le haga la manicura todas las mañanas, y después abandonan a los síndicos a su suerte, para que Areces los destroce una vez nombrados, poniéndolos en ridículo, mediante el peor de los procedimientos: el menoscabo público de su dignidad, utilizando el escarnio y la humillación.
Pero si aquí el problema no son los sueldos, sino lo que se cobra por detrás
Lastra llevó a la junta el nombramiento de Viejo y Zapico, y luego fue también el encargado de deshacerlos. A Javier Fernández le hizo el trabajo de poner los nombres que no quería Areces, y a Areces el de llenarlos públicamente de mierda con Jesús Gutiérrez y sus hooligans, convirtiéndolos con sus bocinas mediáticas, en una especie de funcionarios corruptos que aprovechan cualquier oportunidad para llenarse de prebendas, sueldos astronómicos y caprichos varios. ¡Como si ese fuese el problema de la clase política del Principado! ¿Cómo pueden regater, estos sinvergüenzas, lo que cobran los encargados del control de las cuentas regionales? Con esta sucia maniobra ponía Lastra su diabólica y su divina vela. Areces no pudo nombrar a Antonio López porque Lastra le impuso el nombre de Avelino Viejo en nombre de Fernández, pero una vez nombrado Viejo, el mismo Lastra saca el cuchillo y raja en canal a un estupefacto Viejo, para seguir demostrando a Areces, que él es el hombre imprescindible, que sabe cómo arreglar los problemas que él mismo crea. Y la manera de rajar en canal a los miembros de un equipo de gente incorrupta, es hacer público escarnio de sus sueldos. Y esto lo hacen quienes están expoliando solares por toda la comunidad autónoma para los sucios negocios de la peor política.
Por el camino, mientras suceden estas cosas, siguen creciendo los rumores que explican, un día sí y otro también, el por qué de esa necesidad de impedir que una Sindicatura independiente pueda hacer su trabajo. El informe de Leopoldo Tolivar Alas es concluyente y tampoco se para ante los posibles excesos de la propia Sindicatura: ante los diversos errores técnicos que, en nuestra opinión, se advierten en el Reglamento de Organización y Funcionamiento de la Sindicatura de Cuentas asturiana, alguno procedente del propio órgano (caso de la discutible personificación de la institución, pese a que la ley hable de “órgano”) y otros derivados de un exceso cameral en las atribuciones de tutela, sería procedente la remisión a la Junta General del Principado, “por conducto de su Mesa”, de una amplia reforma del Reglamento en la que se corrigieran las anomalías detectadas en el cuerpo de este informe.
Ahora el gobierno PSOE-IU va a seguir el camino de imponer su modelo de sindicatura "por pelotas", convencidos de la ineludible necesidad de someter a los síndicos, de humillarlos, de demostrarles "quién manda aquí", pues todos tienen mucho que ocultar. Hoy mismo se anuncia que recurren a una triquiñuela parlamentaria para dejar claro el imperio de su ley. La próxima insurrección de los periódicos, una vez que se resuelvan los plazos del concurso de las televisiones (si resuelven, Areces intentará prolongar este uso torticero de la ley para convertirla en chantaje a los medios de comunicación), no pueden coger al gobierno con un presupueto en carne viva. Todo tiene que seguir atado y bien atado para este Francisco Franco de caleya. Ahora se sabe, por ejemplo, que el astronómico coste de enlazar en tiempo real las delegaciones de la Televisión del Principado de Asturias con la central de Cabueñes, se va a cubrir con el dinero de la sanidad pública. Una delegación de la TPA, al lado de cada hospital, utilizará la red telemática de la sanidad asturiana, para enviar la información a diario, desde Jarrio, Cangas del Narcea, Mieres, Langreo, Oviedo, Avilés, y Arriondas a la Universidad Laboral. ¿Está esto en las cuentas de la TPA? Evidentemente no. Y como esto casi todo. Con boñigas como ésta en el armario, quién se arriesga a tener un control económico independiente.
