Europa se ha caracterizado tradicionalmente por una fuerte base científica. Sin embargo, la fragmentación de iniciativas ha llevado sistemáticamente a una pérdida de competitividad del continente europeo frente a otras potencias como Estados Unidos o los gigantes emergentes del este. En el campo de las ciencias de la vida, Europa crea un 50% más de empresas biotecnológicas cada año que Estados Unidos. Sin embargo, con un número aproximado de empresas, los estadounidenses emplean el doble de trabajadores, generan el doble de beneficios e invierten casi tres veces más en I+ D.

¿Cómo podemos los europeos afrontar el reto de mantener nuestro

Estado de bienestar a medio y largo plazo? ¿Qué medidas deben tomar los gobiernos de los estados y las regiones?

El ejemplo de países como Alemania nos demuestra la importancia de implementar políticas regionales que incluyan la participación de distintos actores, o stakeholders.El programa Biorregión lanzado en Alemania en 1995 llevó a las regiones del país a presentar un concepto integral de su capacidad biotecnológica, con el potencial científico y económico sumado, una definición de objetivos a largo plazo y un diseño de estrategias concretas. En la actualidad, Alemania cuenta con 25 biorregiones y 600 empresas biotecnológicas, de ellas 360 en el sector de la salud (España contabiliza un centenar según el último informe de Genoma España, de las cuales alrededor de treinta se ubican en Catalunya).

Catalunya presentó ayer su biorregión en el Palau de la Generalitat. Esta fundación que hoy echa a andar tiene como misión "contribuir a la mejora de vida de los ciudadanos mediante la coordinación de la investigación en biotecnología y biomedicina de Catalunya, la creación de un entorno adecuado para la transferencia de conocimiento y la consolidación de un nuevo tejido empresarial".

Para conseguir este nada trivial empeño, la nueva BioCat deberá en primer lugar fidelizar empresas y universidades, centros de investigación y hospitales, parques científicos, inversores y, finalmente, el gobierno catalán alrededor de un objetivo único: desarrollar un sector incipiente en nuestro país, coordinando los esfuerzos ya existentes e identificando barreras legales, económicas y estructurales que impidan su evolución.

El camino está andado. Salvando las distancias culturales, no hay más que aprender la lección de regiones que han implementado una política de biocluster anteriormente, como por ejemplo Flandes. Con una población menor que la de Catalunya (6 millones) y sólo cinco universidades, esta región belga ha logrado una política decidida de apoyo a la biotecnología, con sedes de multinacionales (Pfizer, Bayer, Genzyme...), más de 40 empresas biotecnológicas y medidas fiscales específicas para empresas emergentes e innovadoras como el programa Young Innovative Company (YIC). Introducido en primer lugar en Francia en el 2004, este programa provee de incentivos fiscales para emprendedores, trabajadores, inversores y empresas emergentes en sectores innovadores y de riesgo como la biotecnología.

No nos engañemos. Si Catalunya pretende llegar a ser el biocluster del sur de Europa, nos queda mucho por andar. La creación de la Fundación BioCat es el primer paso: tenemos director de orquesta. Necesitamos ahora músicos bien formados tocando al unísono, buenos solistas, mejores instrumentos y una única partitura.

Falta poco para el concierto, y los demás llevan ya tiempo ensayando.

MONTSERRAT VENDRELL, subdirectora general del Parc Científic de Barcelona. Vicepresidenta de la Societat Catalana de Biologia.