La oferta de E.ON en la OPA de Endesa debe hacer reflexionar a La Caixa y a su grupo industrial sobre su excesiva presencia en la vida política, e incluso meditar la posible retirada de la contienda enérgetica en torno a Endesa aprovechando la oportunidad que le brinda la oferta alemana. Porque la contraopa de E.ON ha dejado al descubierto el nerviosismo —por el riesgo de un nuevo fracaso político— y el intervensionismo del Gobierno de Zapatero en favor de la oferta de Gas Natural, con los objetivos de influir en el sistema financiero y empresarial español, y de cumplir los compromisos pactados con la burguesía política y financiera catalana y el Gobierno tripartito de Maragall en el curso de las negociaciones sobre el Estatuto de Cataluña y sobre los apoyos políticos nacionalistas que el Gobierno del PSOE necesita para mantenerse en el poder.
Y todo ello a pesar de que el control del sistema energético español —amén del poder y beneficio económico que incluye— por parte de las grandes empresas del nacionalismo catalán constituye una pérdida real y económica de soberanía nacional española y la oportunidad para que los nacionalistas utilicen todas las ventajas que ofrece ese control energético del Estado en beneficio de sus posiciones de autogobierno y aspiraciones de soberanía nacional. No en vano todos ellos dicen que son una nación. De ahí que, para los verdaderos intereses de España, al menos en lo esencial, es más imparcial y mucho más profesional y empresarial la OPA de E.ON sobre Endesa que la nacionalista de Gas Natural.
La OPA y la contraopa sobre Endesa se han convertido, pues, en un nuevo campo de batalla política donde el Gobierno se juega su prestigio y también la palabra dada a los nacionalistas. De ahí los nervios y la pretensión de frenar la oferta alemana “como sea” con el llamativo argumento de defender la españolidad de Endesa —que no es tal porque la mayoría de las acciones de la compañía está en manos de fondos americanos— y los intereses españoles, cuando en realidad lo que defiende Zapatero son los intereses de la nación catalana, y sus pactos de Gobierno y de Estatuto.
Pactos sobre los que portavoces de la Esquerra Republicana revelaron en el Congreso de los Diputados que han estado mediatizados por la cúpula de La Caixa y su entorno financiero y empresarial, porque, según ERC, antes de que Zapatero se reuniera con Mas para sellar el acuerdo del nuevo Estatuto, los grandes prebostes de La Caixa y de otras de las grandes empresas catalanas presionaron —preparándole el camino a Zapatero— a CiU y a Mas para que aceptaran la moderación del Estatuto. El que tantos problemas les estaba causando a los agentes financieros y empresariales catalanes. Lo que, de ser cierto, explicaría muchas cosas, como la presencia imprudente de Zapatero en casa del presidente de La Caixa, Fornesa, a tan sólo 48 horas de que el Gobierno diera luz verde a la OPA de Gas Natural. En dicho almuerzo unos y otros brindarían por los éxitos mutuos y las ayudas cruzadas: para ti Endesa, y para mí el pacto con CiU.
Es verdad que las ambiciones de La Caixa sobre Repsol y Endesa para hacer el pleno en el sistema energético español
—que el Gobierno vende como la gran compañía nacional— tenían importantes argumentos políticos, como se ha demostrado. La Caixa financió y condonó deudas a ERC y al PSC, y por ello el Gobierno tripartito debía ser agradecido con dicha entidad. Además sabían de la importancia, para su claro proyecto nacional, de contar con palancas en el sistema energético español y, por si algo faltara, al Gobierno de Zapatero le interesaba recuperar o dejar en manos aliadas catalanas todo el control de las empresas privatizadas por el Gobierno de Aznar. Si al final, como dice ERC, los de La Caixa ayudaron a que CiU pactara con Zapatero, pues todo ello con mayor razón.
Pero en ésas estaban, brindando todos con cava en casa de Fornesa, cuando llegó el comandante E.ON, con o sin ayuda de Pizarro, porque ello es legítimo y legal, y mandó parar la OPA de Gas Natural. Y ahora, otra vez, el tinglado de la farsa patas arriba, un nuevo frente político abierto en canal, el ministro Montilla buscando en Italia más y nuevos apoyos para dar la batalla a E.ON, y toda clase de rumores sobre otra fusión en el sector entre Iberdrola y Gas Natural. Y el portavoz del Gobierno, Moraleda, sin parar de decir tonterías, como que los alemanes pasarán las facturas en alemán, o que incluso corremos el riesgo de que nos corten el gas, o que Rusia y Alemania son lo mismo, sin conocer lo que hoy día significa la Unión Europea y sin saber que los propietarios de Endesa son sus accionistas, es decir, los fondos americanos que controlan la mayoría del capital.
Y ¿qué hace el PP en todo esto? Pues por un lado celebrar el posible fracaso de la OPA pactada entre nacionalistas y el Gobierno central y por otra parte lamentar los errores de Aznar (que son muchos y están en el origen de esta alucinante legislatura de Zapatero), que en su día impidió la gran fusión de Endesa con Iberdrola, nadie sabe bien por qué ni por qué clase de intriga política o económica de Rato o de Aznar, porque los románticos argumentos de la competencia nadie hoy día los cree ni los puede explicar.
Por lo menos con la claridad con que estamos viendo la intriga política de este Gobierno al servicio de Gas Natural, que una vez aparecido E.ON en el escenario les debería hacer reflexionar a los primeros dirigentes de La Caixa y propiciar una retirada empresarial y, a la vez, salir del embrollo político nacional en el que hoy están metidos y que tantos quebraderos de cabeza y tan mala imagen empresarial les está costando en toda España. Hay momentos en la vida política y de las empresas en los que hay que dar un paso hacia delante o un paso hacia atrás. Y no creemos que a La Caixa le compense el alto coste que todo este embrollo está teniendo para la entidad. Las personas más razonables de la entidad, como Isidro Fainé, deberían liderar una reflexión en pos de apaciguar las aguas y de evitar la mezcla explosiva de empresas y poder, aunque seguramente a este Gobierno que ha jugado tan fuerte algo así no le gustará.

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