Por mucho que toda la maquinaria mediática gubernamental se empeñe en restar importancia al comunicado de ETA del pasado sábado, resulta evidente que el presidente del Gobierno, empeñado desde hace más de un año en vender a la opinión pública unas expectativas que no se acaban de concretar, ha recibido una bofetada por parte de la banda terrorista. Y no será la última.
ETA no oculta cuáles son sus objetivos. Nunca lo ha hecho: ni cuando nació en 1959, producto de una escisión en el seno de las juventudes del PNV, ni a lo largo de sus macabros 47 años de existencia. ETA persigue la destrucción de España, el derecho de autodeterminación, la independencia de Euskadi y la unidad territorial de lo que ellos entienden por Euskal Herria. En eso, ETA no ha cambiado un ápice y esos objetivos los volvió a reiterar en su último comunicado.
Por eso, resulta sangrante oír a los Rubalcaba, Blanco, Fernández de la Vega y al propio Zapatero decir que ETA se encuentra en el peor momento de su Historia. ¿De dónde se sacan eso? ETA se encuentra ahora muy fuerte políticamente porque Zapatero la ha sacado del agujero en el que estaba hace dos años. ETA ve que las cosas, para sus intereses, van bien en Cataluña. Que en Euskadi, el PNV está descolocado; que los socialistas vascos han renunciado a ser alternativa al nacionalismo; que Patxi López no descarta un futuro gobierno con Batasuna; que incluso hablan de que, en un hipotético escenario de paz, no tiene que haber «vencedores ni vencidos», o que equiparan -como con gran indignación denunciaba el lunes Rosa Díez- a las víctimas con los verdugos.
ETA huele la debilidad de un presidente de Gobierno que ha renunciado a buscar la derrota de los terroristas. Un presidente que no ha dudado en hacer saltar por los aires el Pacto Antiterrorista que él mismo propuso y que tanto daño ha hecho a ETA; que critica la Ley de Partidos que permitió la ilegalización de Batasuna; un presidente que no desautoriza ninguna de las barbaridades y tropelías que su partido está cometiendo en el País Vasco. ¿De verdad que Zapatero, Rubalcaba, De la Vega y Blanco se creen que ETA se encuentra más débil que nunca? ¿Serían capaces de decírselo a la cara, por ejemplo, a Pilar Elías, la viuda de Ramón Baglietto?
Lo terrible de la situación que estamos viviendo no es constatar una vez más lo que persigue ETA, Batasuna, o el nacionalismo en su conjunto. Eso ya se sabe. Lo realmente preocupante es comprobar que el actual presidente del Gobierno no es consciente del terreno que pisa: no sabe a quién tiene enfrente. No es consciente de que ETA abusará de él todo lo que pueda. ETA será implacable con Zapatero porque estamos hablando de un grupo terrorista, no de una organización no gubernamental. A ERC, a Carod-Rovira, a CiU, a Mas, se les puede engañar. A ETA, no. Y en ese juego de pillos, de engaños y de tramposos, la banda terrorista tiene todas las de ganar.
Los destrozos de la errática política antiterrorista que está llevando a cabo con una enorme opacidad este presidente no le afectarán solamente a él, sino a todos los españoles. Con todo lo que ha costado llegar adonde hemos llegado; con 817 personas asesinadas por ETA; con una sociedad española que ha sido ejemplar en los últimos años en la reacción contra el terrorismo; con unas víctimas que son un ejemplo de dignidad moral para todos nosotros, parece mentira que Zapatero no se pare un momento a reflexionar sobre lo que está haciendo y rectifique, empezando por recomponer el consenso con el Partido Popular, que es lo que dicta el sentido común.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados