Los viejos reyes, o sus hijos los príncipes que luego iban a ser reyes, o ayudantes de reyes, aún sin cena-homenaje en el Reconquista, solían viajar al Santo Sepulcro, acompañados en el viaje peregrinación de sabios consejos: “sé sabio, se pillo, corre por do quiera, pero huye presto de toda gatera”.

Nuestro Presidente autonómico, nos aclaró el Alvarez menor, no es ratón de tenada, aunque sea pillo; más bien, jabalí de nuestros montes, y en función de tal corrió millas para “fozar” junto al compañero presidente del Arcelor del alma para, en vez de derribar, levantar con premura empalizada defensiva frente a la Opa del Indio. Lo primero es defender la cultura social, luego la cultura del metal, y por fin, la laboral. En ese trípode encontró al “premier” del Gran Ducado, que es parte social-capital en el entremado siderúrgico. Y se abrazaron y fotografiaron felices, brindando por la defensa de los valores industriales de la vieja europa, en los que el luxemburgués tiene cartera, y el asturiano, sólo el suelo.

Recomendaba el caballero Maquiavelo, y pedía al Príncipe, fuera de Asturias o Moreda-Messina, prudencia en sus viajes y visitas. No recomendaba visitar al enfermo de fiebres para invitarle a una boda, ni al comerciante rico, para solicitarle un préstamo, si el príncipe no disponía de garantía suficiente con que responder. Prohibía hablar mal del príncipe enemigo, o poner en duda sus fuerzas, antes de tenerlo aliado o derrotado.

Nuestro Presidente Autonómico, Príncipe incorpóreo de inexistente Principado, ha viajado, solicitado y criticado, y dentro de días habrá de recibir al Maharajá de Jaipur, poderoso señor del Acero..., seguramente el Indio no le preguntará por su viaje al Santo Sepulcro, pero lo conoce, y puede prepararle uno y no precisamente discreto...

A la empresa opante, dice Alvarez menor, si fuera sociedad anónima y contara con Consejo bien retribuido, le recomendaría, para garantizarse el triunfo y la paz perpetua-laboral, integrar en él una significativa representación social y sindical, oriunda de los “suelos” afectados, resulta inmejorable, y no “caro”, medio de “integración”, a la manera de magna “alianza de culturas”. Si fuera empresa familiar, como si se tratara de un viejo reino, le recomendaría al Maharajá el estudio detallado del modo y manera de actuación de la firma Masaveu. En ella, se reúnen la prudencia con el valor; el tensar con el ceder; el capote con la espada, y todo en una sola mano: la monomano del monopatín. Siempre encontrará fiel servidor para el caso. Le recomendaría uno de buen grado, experiencia, le sobra; puesto, no le falta... servicial es...

¿Qué será de nosotros? Viajaremos... que en el sepulcro prácticamente estamos, ¡Ay, Santinos!.