Le han contado a Marcello que Pepe Bono tiene los días contados como ministro de Defensa y que puede hacer varias cosas: o agarrarse al sillón, que es lo que está haciendo; o dimitir antes de que le echen agitando la bandera nacional; o aceptar la Embajada de España en Washington, que es al parecer lo que le ha ofrecido Zapatero con la misma mala intención que ha enviado a Paco Vázquez al Vaticano, para quitarse de en medio a los barones disidentes del PSOE. Esto, más o menos, se veía venir, porque Bono ha hecho mucho ruido pero nunca ha completado su concierto mediático con una toma de decisión, que en el Gobierno y el PSOE son muchos los que están descontentos con el exhibicionismo españolista y de salón del ministro de Defensa, que amaga pero no da, y pierde el sitio reculando, cuando lo que sabe todo buen estratega es que la mejor defensa es un ataque, por lo cual da la impresión de que Bono está perdiendo su segunda oportunidad.

El ministro de Defensa, Pepe Bono, tiene bajo su mando el CNI, y con ello la más exquisita información sobre lo que está pasando con ETA, o sobre lo que puede pasar. Y nos da en la nariz de nuestro sabueso Marcello que si Bono está tan preocupado por lo que sabe y no le gusta nada de lo que conoce es porque algo o alguien le dice que todo esto de la paz con ETA puede acabar mal, porque no estamos ante una paz militar sino más bien romana, pero esta vez no impuesta por el imperio sino por la minoría terrorista, siguiendo el modelo de las modernas técnicas de lucha de minorías contra mayorías, de las que nos hablaba sin el menor pudor ni cultura democrática Joseba Egibar, al que sólo le faltó añadir que ETA son la guerrilla o los gudaris del PNV o algo así.

Bueno, si el PNV no desmiente a Egibar y el PSOE vota los presupuestos de Ibarretxe y a la vez se calla cuando el tripartito vasco afirma que no debe haber ni vencedores ni vencidos, pues entonces tenemos al PSOE escoltando a Ibarretxe y a Egibar y de paso dándole un par de garrotazos a Rosa Díez o a Nicolás Redondo, que, por lo que se ve, sólo protestan porque perdieron sus elecciones respectivas en el PSOE y en el PSE, es decir, en venganza por su situación personal dentro de este partido y no por sus ideas o por defender a las víctimas del terrorismo y la propia legalidad.

¿Y Pepe Bono? ¿Qué hace y qué piensa el ministro de Defensa? Alguien le escuchó una vez decir al ministro Bono que él era tan leal al presidente Zapatero que le pasaba toda la información de interés que conseguía el CNI, ¡faltaría más! Aunque da la impresión que en los últimos días el CNI ha fallado de manera espectacular, porque pudo avisar al presidente de la inminencia de un comunicado de ETA pero sin conocer su contenido, o incluso puede que equivocaran a Zapatero anunciando que la tregua iba a llegar. Lo que no cabe pensar es que el ministro equivocara intencionadamente al presidente para llevarlo por la linde del precipicio de la política con los ojos vendados y diciéndole eso de corre que vas bien, que no te vas a despeñar.

No sabemos a qué juega Bono, porque ya nos engañó a todos una vez diciéndonos que lo del Estatuto catalán no pasaría porque un capitán valiente —él, se entendía— se inmolaría ante la opinión pública seguido de cincuenta diputados. Pero el Estatuto llegó y Bono, el capitán a inmolar, se quedó en la poltrona mientras se le inmolaba a él un teniente general. El ministro de Defensa nos engañó a todos y traicionó su discurso españolista a cambio de seguir en el sillón, quizá porque no vio demasiado claro el momento oportuno para dar el salto mortal de la ruptura. No le salían las cuentas y al final quedó sepultado por su propia ambición, sus dudas y sus temores, perdiendo con ello el título de abanderado español del PSOE. Algo que intentó de alguna manera disimular liándose a garrotazos con Maragall, lo que ya no tiene ningún mérito porque hacer leña el árbol caído es muy fácil, pero hacerle frente al presidente y al jefe de su partido es harina de otro costal.

Además ya está viendo Bono lo que le han hecho desde el PSE-PSOE a Díez y a Redondo, descalificarles con el malévolo argumento de la ambición personal. El mismo que podrían utilizar contra él si se atreve a dar el salto ¡por España! y a distanciarse de una vez para siempre de este oscuro laberinto nacional en el que nos ha metido Zapatero. Bono sabe que ésta es su segunda y última oportunidad y también su alta responsabilidad, porque lo que está en juego es mucho y porque, como se suele decir en todo enlace matrimonial, el que tenga algo que decir que lo diga ahora o que calle para siempre. Y Bono, en este caso, es el hombre que sabía demasiado y por eso dice que “no le gusta nada” lo que conoce, pero eso es una cosa y otra muy distinta su responsabilidad.