De un tiempo a esta parte la clase política catalana parece haberse acostumbrado a moverse en medio de arenas movedizas y hasta disfrutar cuando colectivamente se sitúa al límite del precipicio. Que hay malas noticias, se practica la política del caracol: se esconde la cabeza, se mira hacia otro lado y ya está; con el paso de los días se acabará hablando de otra cosa. Ayer, escuchando las declaraciones del tripartito que no acudió a la manifestación del sábado, tuve un poco esta sensación. Incluso, CiU, PSC e ICV si se descuidan se acaban anotando el éxito de la reivindicativa concentración por el derecho a decidir y en defensa de un Estatut sin recortes y, además, acaban aplaudiendo a las decenas de miles de personas que también protestaban contra Zapatero y Mas por sus acuerdos sobre el reformulado texto estatutario. Pero la realidad es tozuda: no son ellos los triunfadores políticos de la manifestación, sino Esquerra Republicana. Los dos extremos políticos de Catalunya- ERCy PP- están en estos momentos defendiendo el no al Estatut mientras aquí y allá crece la idea de desencuentro entre Catalunya y España y las dos fuerzas mayoritarias - CiU y PSC- se dedican a ponerse zancadillas. En el horizonte, un referéndum sobre el Estatut que puede acabar siendo todo un fiasco. Mientras se oye como única consigna: que nadie perturbe al caracol.