Verdad y coherencia, de Antonio Álvarez Solís en Deia
Nadie puede exhibir su verdad si ésta no está alimentada por la coherencia. Es más, descartada por inaccesible la verdad absoluta en el proceso intelectual humano, la verdad se manifiesta singularmente como congruencia interna del discurso. En la sesión que el viernes tuvo el Parlamento vasco, el Sr. Egibar hizo una magnífica demostración de esa coherencia interna. Habló de ETA como organización política que emplea técnicas modernas de combate, que devienen terroristas, para superar una determinada opresión histórica que impide convocar al pueblo vasco como nación con derecho decisorio sobre sí misma. El Sr. Egibar vino a situarnos ante una necesidad insoslayable consistente en saber lo que el adversario considera acerca de sí mismo a fin de abrir la puerta a la negociación. Si no admitimos al otro como parte de nuestra múltiple existencia jamás construiremos un edificio eficaz para el entendimiento democrático. En este sentido no cabe aspirar al final de un proceso sangriento si persistimos en ver como vencedores o vencidos a los contendientes. Ya sé que racialmente el español no admite sino la horca caudina para al adversario, pero esta postura ha llevado a que España no haya podido edificar un marco común de diálogo permanente para las naciones que se apretujan en su Estado. Esas naciones son siempre, a juicio de Madrid, tribus insurgentes, pueblos de segundo grado en permanente sedición. El problema vasco late en esas profundidades. Es anterior a ETA, consecuencia y no motor de la cuestión. El Sr. Egibar volvió a recordarlo con absoluta serenidad y claridad. O se negocia teniendo en cuenta la capacidad vasca de autodeterminación o realmente no se negocia nada. La gran dificultad de los socialistas radica en que son españoles radicales en Madrid y españoles por delegación en Euskadi. No funcionan con coherencia interna en su discurso. Andan a la sombra de sí mismos.
