La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

19 Febrero 2006

Un toro y un pingüino glosan la operación Cambó, de Enric Juliana en La Vanguardia

¡Cuánto tiempo! Le hacía a usted en la Antártida estudiando a los pingüinos. ¡Con la de cosas que han pasado desde la última vez que vino a tomarse un caldito!

- No tanto tiempo. La última vez que pisé este venerado altar mitraico llevaba usted puestas las guirnaldas de Navidad. ¿Se acuerda, amigo Segador? Usted me contó cómo le mataron aquella tarde de junio en Las Ventas...

- El Fundi, de una sola estocada. No me lo recuerde.

-... y yo le expliqué que en Catalunya el péndulo comenzaba a moverse. Que la rauxa estaba agotándose y que pronto veríamos al laborioso pueblo catalán aterrizando en las duras pistas del realismo político.

- Esto último se lo dije yo.

- Tanto da. El aterrizaje ya se ha producido, aunque una parte del pasaje protesta por la brusquedad de la maniobra. ¡Algunos se han quedado sin aliento! Otros aún están traspuestos. Imagínese usted, pasar de los cuarenta mil pies de altura, acariciando las nubes del concierto económico y las auroras de la soberanía confederal, al descenso nocturno y en picado sobre el aeropuerto Francesc Cambó.

- Per l´Espanya Gran!

- Perdone, "una Catalunya lliure dins l´Espanya gran", dijo Cambó.

- ¿Y eso es lo que han pactado?

- Yo diría que se ha pactado una mayor nitidez de la autonomía catalana en una España grande económicamente, confusa políticamente y con los sentimientos alterados, ¡obscenamente manoseados!

- "¡Max, no te pongas estupendo!", que decía Valle-Inclán. Menos ardores, amigo pingüino, que los catalanes no son mancos...

- Insisto. Está habiendo una obscena manipulación de la cuestión catalana que pasará factura. Quizá no de inmediato, pero sí a medio plazo. Se ha sembrado una semilla mala.

- ¡En España siempre se ha jugado fuerte! ¿Acaso no lo sabían? ¿Acaso no han estudiado la historia de este país? Si quieren cambiar España, su primera obligación es conocerla. No reducirla a una cómoda caricatura y a unas risitas en televisión.

(El lector quizá ya habrá entrado en situación. Estamos en el madrileño bar La Torre del Oro, donde Segador observa el mundo colgado de una pared. Gracias a un elixir mágico y senequista -en invierno un caldo con manzanilla, en verano un gazpacho con aromas de comino soleado-, el toro filosofa y habla como aquella cabeza parlante que en Barcelona tanto impresionó a Don Quijote).

- El caso, amigo toro, es que el péndulo se ha movido y por poco descalabra a más de uno.

- No a Artur Mas.

- Mas ha hecho cuatro cosas inteligentes. Ha aceptado que CiU sigue reposando sobre una base electoral moderada; que el soberanismo es una capa de esmalte; que no dispone de fuerza suficiente para gestionar el no al Estatut; y a partir de ahí ha convertido la necesidad en virtud. Ha sabido situarse en el centro del escenario. Pero también creo que le ha faltado finura. Sin renunciar a la gran foto final, tenía que haber sido más generoso con Maragall y Esquerra. Egoístamente generoso, quiero decir. Más maquiavélico.

- Mas ha pactado la estructura del Estado a cambio de la cabeza (¡glups!, sé de lo que hablo) de Maragall y la marginación de Esquerra. ¡´Òndia´ con los catalanes! ´Delenda est Maragall?´

- Maragall es capaz de muchas cosas antes de dejarse humillar. Tiene siete vidas como los gatos. Esta semana ha hablado con Zapatero por teléfono. No conozco los detalles, pero diría que el mensaje ha sido el siguiente: "¿Verdad que no nos haremos daño?", como en el chiste aquel del paciente que agarra por los bajos a su dentista. No olvide que Maragall tiene la llave de las elecciones en Catalunya y que podría arruinar al PSC presentándose como candidato independiente.

-´Òndia´ con los catalanes.

- La gran paradoja es que Maragall salvará la dignidad -no sé si la reelección- gracias a la tradición que él mismo ha minusvalorado; al carácter pairal de la presidencia, a su función virreinal...

- No le entiendo

- No se puede ampliar la autonomía catalana y a la vez escarnecer la presidencia de la Generalitat. Los catalanes pueden desear la continuidad del tripartito o la restauración convergente, pero nunca aceptarán que su presidente sea humillado. No se lo perdonarían al PSC.

- El PSC, qué partido más raro. Potente, decisivo y fantasmal. El partido de los ´encarregats´; parece que todos lleven guardapolvo. Nunca había visto tanta táctica por metro cuadrado.

- Eso merece otra tarde y mucho caldo.

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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