Barcelona celebra -en el doble sentido- estos días el congreso mundial 3GSM, de teléfonos móviles de tercera generación, que ha reunido en su Feria de Muestras unos cincuenta mil profesionales, la mayoría ejecutivos y técnicos altamente cualificados. El acontecimiento se lo ha ganado la ciudad condal nada menos que a Cannes, donde se celebraron las ediciones anteriores. Taxistas, hoteleros y otras ramas del sector servicios están encantados de la vida con una reunión que, además de reiterar la presencia barcelonesa en los medios de todo el mundo supone unos ingresos indirectos que se calculan en 100 millones de euros.
Mientras las referencias a estas comunicaciones de técnica avanzada hacen soñar a los fans de la informática con tener el ordenador, la televisión y mucho más en el teléfono de bolsillo, el PP insiste en sus tambores de guerra contra Catalunya exportando mentiras. Rajoy ha llegado a decir ante el empresariado más conservador del Principat, in situ, que el español, con el nuevo Estatut, quedará restringido al ámbito privado, como quedó el catalán durante el franquismo. Uno de los empresarios presentes protestó por la insidia y el resto le hicieron coro. Antes, existió el triste precedente de ver a una catalana del mismo partido exponer idéntica falsedad en el Congreso de los Diputados sin que se le cayera la cara de vergüenza, ni se plantease no regresar a su país de origen. La penúltima son los anuncios que el PP paga para advertir a los andaluces que el Estatut les perjudica, obligará a sus hijos a estudiar en catalán si van al Principat, o les impedirá tener las inversiones del Estado que les corresponden por número de habitantes, en su territorio.
Sobra decir que semejantes soflamas han creado el enésimo enfrentamiento de la cúpula con el sufrido y sumiso Josep Piqué, que ha llegado a manifestarse cada día «más incómodo» en su formación, pero que no acaba de actuar con la dignidad y la consecuencia que se esperaría de otro personaje menos camaleónico.
Valgan las dos historias paralelas como ejemplo de las manipulaciones, el ocultamiento o ninguneo de las noticias positivas y la utilización goebbeliana de la falsedad como supuesta información que no es sino una arma arrojadiza, viciada y envenenada contra los colectivos nacionales minorizados, una práctica tan conocida y sufrida, por otra parte, en Euskal Herria, que no necesita más explicación.
Y en éstas estamos cuando han empezado a moverle la silla al president Maragall, sobre todo desde la sede del PSOE, pero también con bastantes complicidades en Catalunya, buena parte de compañeros nunca le vieron con buenos ojos; para empezar, por sus orígenes de clase y su catalanismo. La conversación ‘‘robada’’ entre el sindicalista y el ministro Sevilla, donde planteaban el ‘‘cambio de caballo’’ catalán para las próximas elecciones, y donde el segundo resucitaba una palabra olvidada en el léxico del Principat: «aún no ha llegado la hora de presentar un candidato xarnego» (maketo) ilustra sobre la xenofobia que padecen quienes suelen atribuirla a otros, y que no es exclusiva del PP. Llovía sobre mojado.
Incidían sobre los ataques del ministro Bono al mismo president, no desautorizados por Rodríguez Zapatero, cuando llegó a decir que Maragall ha creado más problemas que ha dado soluciones al socialismo (como si la clave de la victoria del 14 de marzo no hubieran sido los votos catalanes, sin ir más lejos). Y especialmente se añadían al desaire del pacto estatutario entre el mismo ZP y el adversario político directo en el Principat, la CiU de Artur Mas y Josep Antoni Duran i Lleida, orillando al president y dejando a un socio como Esquerra en un fuera de juego clamoroso.
No parece importar en la calle Ferraz la destrucción de un tripartito que, precisamente por decisión de los republicanos de Carod, que les llevó al Gobierno de la Generalitat, descabalgando al partido con más presencia en el Parlament y ganador de las autonómicas. Tampoco el haber puesto coturnos a la estatura política de un Mas, detrás del cual se adivinan los sabios consejos de su predecesor, presente junto a él en tantas fotografías de los últimos tiempos, y las imágenes valen miles de palabras, dicen.
Desde su olimpo matritense, de ZP abajo, y con especial alegría de los viejos tenores, estarían (o están) encantados con la posibilidad de marginar a ERC en todos los terrenos, en beneficio de un pacto con los nacionalistas que llaman moderados, y de paso amortizar a su primer president y líder del proceso de renovación estatutaria.
Todo eso, sin importarles el costo en Catalunya, que juntamente con el País Valenciano, acaban siendo las claves de los resultados electorales en el Estado. Gran parte de los llamados capitanes del partido de los socialistas de Catalunya (PSC), empezando por los miembros del Govern y siguiendo por una líder tan carismática como Manuela de Madre, advierten del peligro e intentan evitarlo. Veremos si lo consiguen. Como veremos si en el Euskadi institucionalizado cuaja la maniobra paralela y en la misma dirección que parece amenazar ya, y también, al lehendakari.

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