La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

17 Febrero 2006

Manuel Sacristán. Amables cartas lógicas (I), de Salvador López Arnal en La Insignia

Para Paula Olmos y Luis Vega Reñón, por su gentileza y apoyo
"[...] También he de protestar de que llames "magníficos" a los dos tomos aparecidos de Panfletos y materiales. Me parece que ellos revelan bastante bien el desastre que en muchos de nosotros produjo el franquismo (en mí desde luego): son escritos de ocasión, sin tiempo suficiente para la reflexión ni para la documentación. En cambio, te agradezco mucho lo que dices de una posible utilidad mía en otras épocas. Supongo que también eso es falso, pero el hombre es débil y acepta algunas falsedades."
-Carta de Manuel Sacristán a Eloy Fernández Clemente, 30/6/1985.-

"[...] Pero, repito, cuando repaso la vida que he llevado, me parece que es natural que procediera así; y seguramente si tuviera que volver a empezar lo haría del mismo modo. No parece que hubiera otra posibilidad. Las dos únicas veces en que escribí largo tuve que suspender la actividad militante. Fue cuando redacté mi tesis doctoral y cuando escribí el manual de lógica. Dos veces quedó claro que era imposible escribir un texto largo y llevar a cabo diariamente trabajo conspirativo. Y ganarme la vida, además. Creo que veo claramente las limitaciones de lo que he escrito, que siempre ha sido con urgencia."
- "Manuel Sacristán habla con Dialéctica" (1983).-

Introducción

Cuando, a principios de los años sesenta, Sacristán estaba preparando los últimos capítulos de Introducción a la lógica y al análisis formal (ILAF), escribió a su hermana bióloga, Marisol Sacristán, pidiéndole ayuda para un ejemplo de división de especies que no fuera dicotómica:

"Querida Lola:
necesito con mucha prisa que me mandes un ejemplo de división de algún género en especies, o de alguna clase, o de alguna familia en categorías inmediatamente inferiores y que tenga las siguientes características: a) ser una división en pocos miembros, pero más de dos (que no sea dicotómica); b) tener un principio de división intuitivamente muy claro, como el de angiospermas y gimnospermas. Pero ésta no me vale porque es dicotómica. No hace falta, en cambio, que el principio de la división sea teórico. Puede ser práctico, agronómico, por ejemplo. Pero de uso real por teóricos o por técnicos (P.e. ¿hay tres o cuatro clases de trigos que compongan una verdadera división, es decir, que agoten la clasificación posible -desde algún punto de vista- de toda planta de trigo?).
Anda, date prisita, Manolo
P.S. De todos modos prefiero que el ejemplo sea teórico, de sistemática."

El ejemplo llegó el tiempo y fue incorporado por Sacristán en el apartado 95 -"Un ejemplo de división"- de ILAF (2).

No fue ésta la única carta que acompañó la edición de su manual de lógica. Destacados miembros de la comunidad lógico-filosófica de la época, como Josep Ferrater Mora (3), Miguel Sánchez-Mazas y Víctor Sánchez de Zavala, escribieron cartas a Sacristán comentando detalladamente su trabajo, haciéndole llegar una valoración general de su Introducción y, en algunos casos, señalándole observaciones muy precisas sobre aspectos lógicos, filosóficos y lingüísticos de su ensayo.

Sin embargo, en la presentación de ILAF (4), Sacristán apuntaba en otra dirección, hacia otro ámbito universitario. Aquí señalaba que importantes conceptos epistemológicos -como sistema deductivo, algoritmo, modelo, función o estructura-, que eran de uso frecuente en ciencias positivas, tenían en la lógica formal el lugar de su primera introducción aclaración. Aunque, sin duda, esta inicial dilucidación que se encontraba en la lógica era muy general, "y los conceptos en cuestión toman en las diversas ciencias positivas que los usan connotaciones específicas", una introducción formal a esos conceptos en el marco de una iniciación a la lógica formal era útil, comentaba Sacristán, para toda formación científica que se quiera educar también en el espíritu de la teoría. Por ello, proseguía:

"la principal motivación con que ha sido escrito este manual es la de suministrar un texto introductorio que, a diferencia de lo que muy naturalmente suele ocurrir a los libros de lógica, no presuponga en sus lectores ningún interés especial por la filosofía ni por la matemática, ni menos una educación universitaria en ellas. El lector típico tenido presente es más bien el estudiante de nuestras facultades de ciencias positivas (naturales y sociales). Esto puede dar razón del carácter ingenuo de la información y las discusiones sobre temas filosóficos y matemáticos, así como del abandono de venerables doctrinas tradicionales (por ejemplo: de la renuncia a un tratamiento sustantivo de la silogística) [cursiva nuestra]."

Lo que se pretendía con ILAF era, pues, ayudar a la introducción del estudio de la lógica y temas afines fuera de las secciones de filosofía y de matemáticas, sabedor Sacristán de que salvo en algunas singulares facultades que ya en aquellos años contaba con unos "Fundamentos de Filosofía" en su primer curso, no era nada fácil alcanzar entonces ese deseable objetivo en el ámbito universitario español. Empero, no está claro el impacto real que tuvo ILAF en la propia facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona -o en facultades afines- donde Sacristán impartía clases en aquellos años (5). No olvidemos que el autor de "La Universidad y la división del trabajo" fue expulsado de la Universidad barcelonesa en 1965 (6), que sus sustitutos -entre ellos, el imborrable Dr. Canals- no parecían tener la arista lógico-analítica en un lugar destacado de sus preocupaciones pedagógicas, que el mismo Sacristán se mostró autocrítico, como veremos, con algunas de sus iniciales pretensiones didácticas y que, en fin, hasta prácticamente 1976, hasta después de la muerte del dictador, Sacristán no pudo reincorporares a la Universidad española, acompañado, nuevamente, de singulares y pendulares movimientos en torno a su nombramiento como catedrático extraordinario (7).

Sea como sea, y aun cuando no fuera ésa su finalidad básica, ILAF sí tuvo influencia en las facultades de filosofía del país (8) y fue valorado positivamente por destacados miembros de la comunidad filosófica hispánica de la época (9). Incluso en un reciente manual de lógica de 2001, de Quesada, Pérez Otero y Fernández (10), se ha señalado que:

"(...) El capítulo 5 presenta de forma comprimida el contenido esencial de los grandes resultados clásicos sobre los sistemas de lógica, incluidos los llamados teoremas limitativos y muy especialmente los de Gödel. Entre los manuales más utilizados en nuestro país, sólo el de Sacristán introduce parcialmente este material..."

Veamos, pues, algunos de estos filosóficos intercambios epistolares en torno a la Introducción a la lógica y al análisis formal.

1. Cartas de (y a) Josep Ferrater Mora (11)

La comunicación epistolar entre Ferrater Mora y Sacristán venía de antiguo. Ya en una carta fechada el 22 de diciembre de 1958, este último, en su nombre y en el de Giulia Adinolfi, agradecía a Ferrater el envío del Diccionario de filosofía:

"Estimado amigo:
Recibí en noviembre su espléndido regalo, y por no decidirme a escribirle enseguida agradeciéndolo, me ha pasado, como suele ocurrir en estos casos, que me pongo a hacerlo cuando el retraso ya da vergüenza y está a punto de perecer la dilación sine die de la empresa.
La cuarta edición del Diccionario es verdaderamente impresionante para mi, que me había quedado en la segunda. Pero le ahorro a usted expresiones admirativas que serían seguramente mucho más pálidas que su conciencia del esfuerzo.
Tanto mi mujer como yo -cada uno en lo que entendemos algo- nos proponemos ayudarle sistemáticamente en lo que supongo será una de sus grandes pesadillas: la persecución de erratas. He aquí dos con las que he tropezado hasta ahora (...)
Siento tener que escribirle a mano; estoy pasando unos días mal de salud, y me encuentro en cama. No queriendo que terminara el año sin escribirle, me he decidido a aumentarle la molestia que ya en cualquier caso le habría producido la escasa claridad de mi letra.
Le saludo muy amistosamente, repitiéndole mi agradecimiento por su envío y expresándole mis mejores deseos para 1959. Tales son también los de mi mujer."

Años más tarde, en 1965, Ferrater Mora visitó nuestro país pero, lamentablemente, no pudo coincidir con Sacristán, quien el 5 de octubre de ese mismo año le escribía disculpándose por no haber podido agradecerle personalmente su generosa valoración de ILAF, y señalando algunos puntos de autocrítica didáctica:

"Apreciado amigo Ferrater:
Desgraciadamente no volví a Barcelona en fecha aún oportuna para verle a Ud. Lo siento de verdad, sobre todo por no haber podido agradecerle personalmente su juicio de manga ancha sobre mi manual de lógica (Mi experiencia didáctica con él no es, por ahora, demasiado feliz: no me va mal en segundo, pero creo que me he pasado de rosca en cuanto a exigencias puestas a los alumnos de primero, que eran en rigor los que más me interesaban; y así yo mismo me he visto obligado a seguir usando "el Ferrater", por hablar argot de estudiantes, para mi curso general de primero. La experiencia no caerá en saco roto, lo cual (me consuelo) prueba que aún no estoy demasiado viejo: si hay segunda edición, arrancaré al manual unas cuantas páginas y le quitaré toda la pedantería que pueda).
Espero su "compensación" con la satisfacción del que hace un buen negocio -tal vez el único buen negocio que pueda hacerse en un curso académico que empiezo sacudido, como bastantes otras personas, por muy malos y arrasadores vientos.
Muy cordialmente, Manuel Sacristán"

Obsérvese, pues, que: 1. Sacristán usó su manual no sólo en el primer curso de Económicas, donde él mismo había impartido una asignatura de "Fundamentos de Filosofía". 2. Que usó también el ensayo de Ferrater y Leblanc para su curso general de primero, dada las dificultades que presentaba ILAF para alumnos de facultades de ciencias sociales sin formación lógico-matemática y epistemológica previa. 3. Que ya entonces Sacristán pensó en revisar algunas secciones de ILAF, tarea que, de hecho, no llegó a culminar nunca (12) y 4. Que los vientos arrasadores a los que Sacristán se refiere se hicieron pronto efectivos: él mismo, junto con un numeroso grupo de profesores, fue expulsado de la Universidad ese mismo curso, vía no renovación de su contrato laboral, suceso que debería sumarse a lo que pudo significar para él, y para su tarea de profundización filosófica en el ámbito de la lógica, lo acontecido en las oposiciones a la cátedra de Valencia de 1962 (13).

Pocas semanas después, el 1 de noviembre de 1965, Ferrater Mora, desde el el departamento de filosofía del Bryn Mawr College, escribía de nuevo a Sacristán ratificándose, tarskianamente, en su ajustada valoración de ILAF:

"Querido amigo:
Gracias por su amable carta. Espero que nos sea dado vernos en otra oportunidad. Mi juicio sobre su Introducción es de manga justa; 'el libro es excelente' porque, y sólo porque, es excelente. Comprendo que sea un tanto fuerte para los alumnos de primero, y agradezco que a causa de ello haya usted decidido seguir usando mi manualito, pero no veo por qué no podría usarse el mío y partes del suyo, reservando todo el suyo para alumnos más avanzados.
Alguien me dijo que estaba usted quejoso de las numerosas erratas. Cuando vea usted la nueva edición de mi Diccionario [de filosofía] tendrá ocasión de comprobar que en todas partes cuecen habas y en algunas partes las cuecen a toneladas. A veces las correcciones de pruebas sirven sólo para que se elimine una errata... a base de introducir dos o tres más. Supongo que no tardará en llegarle dicha obra, aunque yo por ahora he recibido solamente un ejemplar por avión. Los libreros tienen, sin duda, preferencia sobre los amigos del autor y sobre el autor.
Un abrazo cordial de, Ferrater Mora"

La correspondencia entre ambos parece detenerse aquí.

No fue éste, sin embargo, el único comentario de filósofo con competencia en el ámbito lógico. Miguel Sánchez Mazas, desde Suiza, también escribió a su amigo Sacristán.

Notas

(1) Este trabajo ha sido realizado dentro del proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología: "Documentación, recopilación, tratamento y difusión de los documentos de y sobre Manuel Sacristán" nº BFF22003-0814, investigador principal Francisco Fernández Buey.
(2) Manuel Sacristán, Introducción a la lógica y al análisis formal. Ediciones Ariel, Barcelona 1964, pp. 274-275. El ejemplo es el siguiente: el orden de las Eubacteriales comprende la mayor parte de las bacterias, las unicelulares no ramificadas. Es el predicado "unicelular-no-ramificada" el que permite la abstracción de este orden. Los biólogos lo dividen en base a un principio basado a la vez en la forma y el modo de división de los individuos según dimensiones espaciales. No hay entonces ya predicados atómicos, sino moleculares, en el primer estadio de la división: los predicados atómicos a partir de los cuales se componen los predicados de los que se abstraen las subclases (familias) de Eubacteriales son, en la división más breve de este orden, los siguientes: P1 : ser esférico; P22 : ser cilíndrico no encorvado ni arrollado; P 3: ser cilíndrico arrollado o encorvado. Q1: Dividirse según una sola dimensión espacial. Q2 : estar indeterminado en cuanto a dimensiones espaciales de la división. Con ellos se componen los siguientes predicados para la abstracción de subclases (familias) del orden Eubacteriales: P1 Q2: del cual se abstrae la familia de los Cocáceas (los cocos); P2 Q1: del cual se abstrae la familia Bacteriáceas (bacterias y bacilos); P3 Q1: del cual se abstrae la familia de los Espiraláceas (vibriones y espirilos).
(3) Agradecemos a Josep Mª Terricabras i Nogueras, director de la Càtedra Ferrater Mora de Pensament Contemporani del Departament de Filologia i Filosofia de la Universitat de Girona, el habernos facilitado algunas de las cartas de Sacristán dirigidas a Ferrater Mora.
(4) Manuel Sacristán, Introducción a la lógica y al análisis formal, op. Cit., pp. 3-4. Curiosamente, en el apartado de agradecimientos, Sacristán citaba únicamente al Dr. José López Urquia, catedrático de Matemáticas de las Operaciones financieras de la facultad de Económicas de la UB, de quien decía que "ha tenido la bondad, que el agradezco, de leer el texto en pruebas y sugerirme retoques de interés didáctico que he llevado a cabo en la medida en que lo permitían los límites de espacio y de contenido impuestos al manual".
(5) Alfons Barceló, en una entrevista para un documental que Xavier Juncosa está realizando sobe la vida y obra de Manuel Sacristán, ratificaba esta consideración: Sacristán fue expulsado de la Universidad barcelonesa en 1965, sus sustitutos no fueron buscados, precisamente, para continuar su labor filosófica y cultural, y la reincorporación de Sacristán a la facultad durante el franquismo -con la curiosa solicitud de un nuevo profesor contratado de Econometría llamado Sacristà Lizó- duró sólo un curso académico.
(6) El rector en aquellos años era el catedrático de Farmacología, Dr. Francisco García-Valdecasas. En enero de 1999 (El País), Manuel Vázquez Montalbán resumía admirablemente algunas de las tareas del ex-rector: "(...) García-Valdecasas dejó el listón represivo muy alto. Aún le recuerdo como severa vanguardia civil respaldado por el secretario Linés, y tras ellos la carga de la policía brutal y los juicios por rebelión militar por equiparación o del tribunal del Orden Público. A veces ibas a una manifestación y García-Valdecasas y sus cómplices históricos conseguían que tardaras dos, tres, cuatro, años en volver a casa". Curiosamente, Sacristán se refirió en una ocasión a García-Valdecasas señalando que no era inconsistente aceptar, a un tiempo, su competencia científica y su marcada, y practicada, convicción franquista.
(7) Desde cualquier mirada no complacida con el pasado, lo ocurrido durante los primeros años de la transición política con Sacristán, y con otros destacados intelectuales antifranquistas, dice mucho del tipo de estrategia seguida y su escasa ejemplaridad moral en algunos ámbitos, del tipo de comportamiento político que ha devenido orden del día de toda agenda que se precie (o menosprecie) y que, desde luego, hace enrojecer de vergüenza caras y recuerdos. También en esto Sacristán apuntó al corazón de algunas tinieblas. En una carta de 30 de abril de 1980, dirigida a Verena Stolke y Joan Martínez Alier, señalaba: "Siento que la desgraciada historia de la carta catedrática llegara hasta ahí. Pero no comparto la optimista distinción entre estado y universidad, rebus sic standibus. La verdad es que lo más desagradable de esta historia está ocurriendo aquí, en la U.B., y es mi conversión kafkiana en pelota de ping-pong con la que juegan mis viejos conocidos Badía, Hortalá. Estapé, Torrent, etc. No se qué es peor para el pobre género humano, si la pesadilla fría de los ministerios o el mal chiste del comportamiento de los individuos importantes. Lo que me alivia un poco la situación es la esperanza de que el asunto se olvide, ya que un partido de ping-pong no es buena lid, ni suficiente, para estas guerras por el rectorado barcelonés. Pero si la cosa se desarrolla hasta algún final, mi situación será muy desagradable, porque, haga lo que haga (salvo irme por completo de la Universidad), parecerá que lo hago por partidismo de Badía-PSC-PSUC o por partidismo de Esquerra-pequeños partidos de extrema izquierda, que es como se plantean las relaciones entre el rectorado y el decanato de Económicas".
En esas mismas fechas -20 de abril de 1980-, Carlos París, en aquel entonces catedrático de filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, envío una carta a Sacristán en la que le señalaba que consideraba que su nombramiento "como catedrático sería un acto de justicia y un factor muy positivo para la renovación y perfeccionamiento de nuestra universidad". Días después, Sacristán también respondía a París en términos similares a los anteriores: "Querido amigo, no te tienes que preocupar ni poco ni mucho por el asunto de la propuesta de catedrático a mi favor. Te agradezco lo que dices al respecto, pero la verdad es que no hay motivo para tomarse la cosa en serio. Tiene todo el aspecto de ser (en Barcelona) una de tantas escaramuzas que se libran entre banderías académicas en torno a tesoros para mí enigmáticos. Es verdad que las personas de otras Universidades que se han interesado por la cosa no tienen nada que ver con esas intrigas. Pero ellas hacen que yo mismo no tenga interés por el desarrollo de la gestión. De modo que, repito, no te hagas mala sangre y olvida el asunto".
(8) Sobre este punto véanse los trabajos de Paula Olmos y Luis Vega incorporados a este volumen. Años más tarde, el manual de Sacristán tuvo incluso repercusión ciudadana no estrictamente académica. Círculo de Lectores, en una colección dirigida por José Luis Abelllán, lo publicó en 1990. Albert Domingo y Vera Sacristán fueron los responsables de esta nueva edición que llegó a agotarse.
(9) Dos de ellos, Ferrater Mora y Sánchez Mazas, en el exilio exterior, y el tercero, Víctor Sánchez de Zavala, en un real y nada acomodaticio exilio interior.
(10) Daniel Quesada Casajuana, Olga Fernández Prat y Manuel Pérez Otero (2001), Lógica y metodología de la ciencia. Resultados clásicos y nuevas ideas. Vicens Vives, Barcelona 2001, p. 9.
(11) Pueden verse dos referencias a Ferrater Mora en la obra de Sacristán: a) ""El diálogo": consideración del nombre, los sujetos y el contexto´, Panfletos y materiales III. Icaria, Barcelona 1985, pp. 69-70, y b) "Corrientes principales del pensamiento filosófico" (1968), Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona 1984, p. 403. Igualmente, en el fondo de Reserva de la Universidad de Barcelona (RUB-FMSL), puede consultarse, en la carpeta "El problema de Unamuno", anotaciones de Sacristán sobre: Ferrater Mora, El ser y la muerte. Bosquejo de una filosofía integracionista. Barcelona, Planeta 1979.
(12) Jesús Mosterín ha recordado que en sus conversaciones privadas de inicios de los ochenta Sacristán le había propuesto una reedición, revisada por ambos, de ILAF. Lamentablemente, no llegaron a ponerse nunca en esta tarea.
(13) En una carta de 1959, dirigida a J.C García Borrón (España siglo XX . Recuerdos de observador atento. Barcelona, Ediciones del Serbal 2004, pp. 129-130), Sacristán reflexionaba sobre sus aspiraciones a la cátedra de lógica en los términos siguientes: "No pienso que esa cátedra la pueda ganar alguien que viva tan en off-side como vivo yo y creo que hay alguien calificado para ella... Pero si no la cátedra, sí que busco con mucho interés dos cosas: primera, terminar con mi falta de presencia en toda oposición; segunda, hacer unos ejercicios decentes que den armas en Barcelona a los miembros de la sección que - con la oposición de otros- querrían encargarme la lógica de aquí, que es cátedra no cubierta, ni dotada".
Muchos años más tarde, el 17 de julio de 1980, Sacristán escribió una carta a Carmina Virgili sobre la decisión del consejo de rectores en torno a su nombramiento como catedrático extraordinario, con un curioso apunte sobre estas oposiciones y con una singular reflexión sobre los miembros del poder rectoral de la época:
"Estimada amiga,
reciba mi agradecimiento por su carta del 27 de junio [...], y también por todas las molestias que se toma en este fastidioso asunto del consejo de rectores. Probablemente le estoy más agradecido de lo que usted pueda pensar, porque he de confesar que a mí no me ha indignado ni sorprendido la decisión del consejo de rectores. Primero, porque uno mismo conoce sus insuficiencias mejor que los demás, y, segundo, porque sé quiénes son la mayoría de esos rectores, y cómo piensan. Por ejemplo: el rector Candau fue secretario del tribunal de mis únicas oposiciones, en 1963 o 1964 [en realidad, 1962], y no tuvo reparo en denunciarme públicamente (por motivos políticos) desde la mesa ya en el primer ejercicio. Eran, dicho sea de paso, oposiciones a una cátedra de lógica, y no había pizarra en el aula. Tuve que pedirla, con regocijo del tribunal, y me la trajeron tan pequeña que, para una demostración de poca importancia, tuve que borrar tres veces...
Me parece que algo hemos progresado, a pesar de todo. En cualquier caso, no le he contado esas cosas para entristecerla, sino para divertirla, en modesto pago de sus bondades".

Texto perteneciente al libro Donde no habita el olvido

Ed. Montesinos. Barcelona (España), 2005.

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