TRAS el último Consejo de Ministros, la comparecencia de Zapatero dedicada a hablar de ETA ha hecho que toda la atención nacional gire sobre el inminente anuncio de un alto el fuego. El camino ha venido preparado por encuentros en pos «de la paz», entre UGT y el sindicato abertzale LAB, y en la preparación de un manifiesto por mujeres del PSOE, PNV y Batasuna. Todo está preparado para el anuncio de la tregua, que vendrá seguida de negociaciones entre el Gobierno y ETA, sobre presos, y por una mesa de partidos sobre el sistema político-institucional del País Vasco.
El proceso va a iniciarse, y por eso Zapatero ha solicitado de los aparatos del Estado un informe detallado sobre los presos de ETA que están en las cárceles españolas. A ETA le ocurre lo mismo que a esos colectivos radicales que organizan huelgas salvajes pidiendo el oro y el moro a los empresarios, y tras una larga lucha frustrante prometen la paz laboral a cambio de que se readmita a los despedidos. ETA no puede imponer ningún derecho a la autodeterminación -eso queda para el PNV o para el Partido Comunista de las Tierras Vascas-, porque tiene un objetivo mucho más perentorio: sacar a sus activistas de las cárceles.
¿Qué va a pedir Zapatero? El presidente del Gobierno no puede aceptar como trueque la declaración de una tregua, porque ya llevamos tres años sin atentados mortales. Antes de acortar el tiempo de estancia en la cárcel de cualquier terrorista hay que solicitar que la banda dé pasos irreversibles hacia el fin de la violencia. De treguas tácticas de ETA ya lo sabemos todo.
A poca memoria que se tenga, cualquier podrá recordar el final de las negociaciones de Argel, en la década de los años 80 del siglo pasado, cuando la alteración sintáctica de un comunicado conjunto llevó a la banda a dar por terminadas las conversaciones. Zapatero puede negociar el fin de ETA, como lo intentaron González y Aznar, pero a sabiendas de que el Gobierno parte de una posición de fuerza objetiva. La Policía ha puesto muy fácil las cosas al Gobierno, porque hay más de 700 terroristas en las cárceles. Zapatero debe actuar con inteligencia: los cientos de etarras encarcelados tienen tal «mono» de libertad que su presión sobre los jefes de la banda será irresistible.

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