Se augura un acuerdo inmediato en la negociación del Plan de la Minería, y esto sucede cuando el futuro de las explotaciones de carbón de interior atraviesa su peor momento, a pesar de que la coyuntura internacional se mueve en la dirección contraria. Desde la secretaría general de Energía se anuncia, a través del diario económico Cinco Días, lo que Según Antonio Fernández Segura es ya un inminente acuerdo. Según ese diario: hay un acuerdo sobre la reestructuración de las empresas, producción y reparto de carbón por cuencas, efectos sobre las plantillas de la aplicación del plan y condiciones en las que se aplicarán las subvenciones cubiertas por el régimen comunitario, pero todavía queda por cerrar el reparto de las ayudas por Comunidades Autónomas.El secretario de Industria dijo que ha pactado con los sindicatos los indicadores que se utilizarán en el reparto (empleo perdido en el anterior plan y previsión del que se va a perder y tasa de paro de los municipios), aunque todavía no hay una decisión definitiva sobre el peso de cada uno de estos criterios a la hora de efectuar la distribución.Las partes mantienen su enfrentamiento en el esquema institucional de decisión sobre los proyectos de infraestructuras que se van a financiar con los fondos mineros.

Comparecencia de Segura a petición de Alicia Castro

Fernández Segura compareció ante la Comisión de Industria, Turismo y Comercio del Congreso, a petición de la diputada asturiana Alicia Castro, para hablar de lo suyo, de energía, en relación con las preguntas formuladas por la diputada asturiana. Según el secretario general, el plan del carbón ya está cerrado, pero lo que no dice es que su cierre implica otro cierre, el de muchas explotaciones, así como la pérdida de numerosos puestos de trabajo, pero de eso, de momento, no se habla hoy, y prácticamente no se habla de nada (esto es ya auténtica censura), pues en la comparecencia de Segura, y al informar sobre el futuro energético de Asturias y de España, este alto cargo de Industria, reconoció algo que venimos sosteniendo en este pequeño rincón para la comunicación libre, desde su creación el pasado verano, que nos preocupa y nos intranquiliza extraordinariamente. Por fin, los responsables políticos de la energía reconocen que la construcción de la regasificadora del Musel, no responde a criterios estratégicos de demanda, sino a un plan, en el que lo de menos es la demanda en sí.

Nuestra diputada en el Congreso fue valiente en su labor parlamentaria, al forzar la compareciencia del secretario general, y al llevarle a su terreno, al forzarle a hablar de dos cosas de las que aquí nadie quiere hablar, que no son ninguna broma. Las preguntas son dos. ¿Es necesaria la regasificadora? ¿Es segura y razonable su instalación en Gijón, junto a una de las zonas más pobladas de la comunidad autónoma?

Desde que empezó el debate sobre la instalación de este sistema para el desembarco de gas natural licuado y su "gasificación", para su posterior almacenamiento y traslado a las centrales de ciclo combinado que el gobierno asturiano está empeñado en contarnos que se van a instalar (sean reales o de ficción, que de todo hay), distribuidas por todo el territorio de la Asturias central, concretamente en Gijón, Oviedo, Avilés, Corvera, Langreo, Mieres y Soto de Ribera, la gran pregunta ha sido: ¿hay demanda para su construcción? A partir del inicio de la campaña gubernamental en favor de la construcción de esta planta, hasta hoy, podríamos recopilar un dossier espectacular, que todos nuestros lectores conocen perfectamente, en el que aparecerían continuamente el presidente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces, y su consejero de Industria, Graciano Torre, contándonos que la demanda es enorme, porque son innumerables la peticiones. ¡Vaya manera de tomarnos el pelo estos jetillas!

El ministerio ya no justifica la necesidad de la regasificadora: se pone "y punto"

En la comparecencia de ayer del secretario general de la Energía hay un cambio sustancial. Ayer Segura reconoció públicamente que la construcción de la planta no está ligada a la demanda de gas en Asturias, entre otras cosas, porque ya no puede sostenerse que la justificación de la construcción de esta planta en Asturias esté ligada a proyectos reales y viables de centrales de ciclo combinado, sino porque sí, por el artículo catorce, porque les da la gana, porque está políticamente acordado por el gobierno central, el gobierno asturiano y, lo que es más que probable, con la empresa que va a construir la instalación, que está experimentando una de las más espectaculares escaladas de la historia de la bolsa espñola.

La mejor crónica de esta comparecencia la tienen en la página de Internet finanzas.com, y no en nuestra prensa, que en todo este asunto, y por "poderosas razones" que ve cualquiera, no ha estado ni parece que vaya a estar, a la altura de las circunstancias. De acuerdo con lo que nos cuenta finazas.com, Fernández Segura señaló que si se retrasase la puesta en servicio de las centrales térmicas de ciclo combinado previstas en Asturias y Cantabria más allá del 2010 provocaría el retraso de la entrada en funcionamiento de la regasificadora un año más pero no impediría su construcción. Aseguró que la necesidad de la planta está ligada al equilibro del sistema gasista español y a la necesidad de satisfacer la demanda del conjunto del sistema. El secretario general insistió en que la idoneidad de la planta no sólo depende de las necesidades de gas de Asturias y señaló que existe una demanda solvente.

Es lo de siempre, ahora que ya está decidida la construcción de la planta afloran las verdades, y esas verdades son fundamentalmente dos. La primera verdad es que Asturias se convierte claramente en una estación de aprovisionamiento para la importación de gas, al margen de su demanda y sus necesidades internas, en desarrollo de esa idea del basurero energético del norte de España, y la segunda y la más grave es que, tal y como sospechábamos en un principio, la idoneidad, la seguridad y las posibles consecuencias medioambientales, y desde el punto de vista de los riesgos para las personas de su instalación, le importan un rábano al ministerio de Industria, cosa que por lo demás resulta comprensible, dado lo poco que parece preocupar el problema a nuestro propio gobierno, teniendo en cuenta que su ubicación, no va ser donde se dijo en un Principio, en la esplanada de la ría de Aboño, sino en el nuevo puerto de El Musel, sin la pequeña protección que suponía la Campa Torres, delante del populoso barrio de la Calzada y la gran zona urbanizada de Jove. La respuesta del secretario general a las preguntas de Alicia Castro, sobre la seguridad de la planta, no dejan el menor resquicio a la duda por su laconismo: "el país necesita regasificadoras", contestó. Así de simple, así de despreciativo, así de desvergonzado.

Zapatero y Areces nos convierten en el comedero de Victorino y La Caixa

El gobierno se quita la careta, y lo hace a la vez que se anuncia el fin de la negociación de la minería, en medio de un elocuente silencio sindical, especialmente clamoroso en el caso del SOMA-UGT. Victorino Alonso, que ya es presidente de la patronal Carbonar, tiene el control del carbón, y La Caixa el control del gas. Son dos fuerzas que pivotan sobre un gobierno, el de José Luis Rodríguez Zapatero, extraordinariamente débil ante los poderes económicos, que vive en la política de los gestos de cara a la galería. Zapatero se está convirtiendo en el lider mundial en el rechazo a la libertad de expresión, en beneficio de la irracionalidad y el absurdo, y eso le está dando la imágen de un hombre dialogante que acerca civilizaciones. ¡Qué entretenido todo! Así no hablamos de su sumisión personal a los intereses del patrón del PSOE de León, ni mucho menos todavía, del otro patrón, La Caixa y su delegado en Madrid, el ministro de Industria José Montilla.

A Victorino Alonso y a La Caixa les vamos a construir, entre todos, el superpuerto del Musel, para que almacenen su carbón y su gas, y desde El Musel arrancará la gran carretera carbonera del siglo XXI que permitirá llevar el mineral a las térmicas del Bierzo a través de los paisajes protegidos del Narcea y Laciana, mientras que del mismo puerto saldrá también una red capilar de tubos para llevar el gas a las centrales de gas de Asturias y de toda España. La seguridad de los ciudadanos y las repercusiones de este loco plan sobre nuestra economía no parecen importar a nadie. El impacto sobre el empleo y la economía real están a la vista. En un momento de auge internacional del carbón, nos vamos a quedar sin producción de mineral autóctono, porque aquí lo que se promociona es una industria que no crea ni riqueza ni empleo reales. Eso sí, el siguiente capítulo de este triste culebrón, será la entrega de HUNOSA al empresario leonés.