Un entusiasmo sin paliativos recorre la ciudad, según la alcaldesa Felgueroso. Aquí más bien nos parece que un fantasma recorre Gijón. El fantasma de que dentro de unos años un murallón de 400 metros de longitud y cincuenta de ancho, o más, seguirá dividiendo la villa de Jovellanos.
Tales son las dimensiones de esa estación intermodal en superficie que fraudulentamente nos ha calcado el Ministerio de Fomento en lugar de una infraestructura subterránea y perfectamente céntrica.
Por muchos taludes que le pongan alrededor, y por más pasos verdes que la rebasen, será tan sólo una mostrenca construcción que habrá alejado kilómetro y medio la barrera actual de la estación del Humedal.
A esta desoladora tesis acaba de unirse el responsable del área de transporte de UGT en Asturias, Florentino Vázquez, quien califica la futura intermodal de «locura y desastre».
Ciertamente, sacar el ferrocarril del centro urbano es un disparate. Antes de que existiera Gijón como hoy lo conocemos, ya estaban las vías y estaciones ahí tendidas. Además del puerto, y junto a él, ha sido el ferrocarril el que despertó hace 150 años a esta villa provinciana con el acarreo de mercancías y, posteriormente, de viajeros en pos del mar.
Algunos dirán que el túnel del metrotrén introducirá nuevas estaciones subterráneas, concretamente una en la zona de Puerta de la Villa. ¡Por favor! No comparemos un apeadero profundo y pequeño con una estación en condiciones, que, por cierto, se verá radicalmente impulsada por la venidera alta velocidad, si la ministra Magdalena Alvarez no la estropea antes, o la retarda, como todo lo suyo.
Perder una estación céntrica y subterránea en el Humedal será una desgracia que lamentaremos en el futuro, al tiempo que nos fatigaremos trepando por empinados taludes para pasar del Polígono de Pumarín a Moreda.
Este es el fantasma ferroviario que recorre Gijón.

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