Se celebraron en Gijón dos conferencias prácticamente a la misma hora y a pocos metros de distancia una de otra. Por un lado, Gustavo de Aréstegui y Gustavo Bueno; por el otro, José Luis García Rúa.

El diputado y portavoz de Asuntos Exteriores del PP en el Congreso, Gustavo de Aréstegui, presentaba, junto al filósofo Gustavo Bueno, el libro: «La yihad en España», en el que se trata de meter una buena dosis de miedo en el cuerpo, como si el día a día no resultase suficientemente tenebroso para quienes tratan de disputarse un trabajo basura y escapar de una cada vez más real y cercana expulsión social.

Había importantes figuras del PP local a quienes Gustavo Bueno trató con éxito de halagar los oídos con su reiterativa letanía del pensamiento débil o pensamiento Alicia como el otrora intelectual crítico gusta de calificar la política de José Luis Rodríguez Zapatero. Toda ella, sin detalles, sin matices, sin reflexión o análisis detallado del conjunto: simplezas, nación y brocha gorda, tres aditivos de un brebaje sólo apto para los adictos al garrafón político a los que Bueno ahora cae en gracia.

Al igual que San Pablo camino de Damasco, junto al otro brillante exégeta del pensamiento fuerte y del régimen franquista, el reciclado terrorista Pío Moa, Gustavo bueno se esfuerza con ahínco en agradar a su nueva sociedad protectora. No lo hacen gratuitamente, los nuevos conversos llevan una buena temporada haciendo unas suculentas y bien remuneradas cajas. En la otra conferencia, ausente de cargos políticos y abrigos de piel entre las damas, el antiguo obrero de la construcción y minero de La Camocha, el filósofo y poeta libertario García Rúa, al socaire del ciclo «La utopía aplazada», tituló su conferencia: «Los cortos veranos del anarquismo». A lo largo de la misma desarrolló un brillante recorrido por el papel histórico del movimiento libertario en España, con cifras y datos contrastables del pasado, proyectó la validez de una utopía aún vigente cuyos protagonistas han de ser los ciudadanos en aplicación de varios elementos -emoción, conocimiento y razón-. Resulta evidente que quien más se ha movido y evolucionado mental, vital e ideológicamente es José Luis García Rúa. Aquel profesor que científicamente trataba de explicarnos el materialismo dialéctico del marxismo, Gustavo Bueno, se ha acomodado, se ha adocenado, parece que eso es lo que le gusta, allá él.

En Gijón, el mismo día, casi a la misma hora, a unos pocos metros de distancia el uno del otro, Gustavo Bueno y José Luis García Rúa protagonizaron un duelo sobre militancia, agitación y propaganda entre otras cosas, defendiendo con vehemencia lo viejo, arcaico, el miedo y el temor frente a la utopía, lo nuevo, la esperanza por un futuro mejor. La filosofía del terror frente a la filosofía del amor a la libertad.