Fue el día de las víctimas del terrorismo. Clausura del congreso internacional y homenaje al profesor Tomás y Valiente, asesinado en febrero de 1996. Del congreso sale un manifiesto ejemplar que apuesta por la "fuerza invencible" de la razón frente a la venganza. "No queremos ni venganza ni revancha", dice el texto final. Además se pide a los Gobiernos un compromiso constante en la lucha contra el terrorismo. Y a la sociedad, compromiso y solidaridad con las víctimas.
Durante el homenaje al profesor Tomás y Valiente, en la sede del Tribunal Constitucional, Zapatero volvió a ejercer de mensajero de la paz. Y en nombre de "todas las víctimas de la barbarie", se refirió al "dolor del pasado" como estímulo de la esperanza de paz "en la que está comprometido el Gobierno". Insiste en la noción de "paz" como su principal y más urgente tarea. Mientras, un sector de las víctimas calienta las vísperas de una nueva manifestación contra la política antiterrorista de Zapatero (sábado 25 febrero) y el PP, por boca de Eduardo Zaplana, le acusa de estar más cerca de ETA que de sus víctimas.
Algunos contenemos la respiración a la espera de saber si hay colchón al final del salto de Zapatero. "No hay nada de improvisación en los anuncios del presidente", me comentan en su entorno. De paso se sugieren buenas noticias asociadas a las gozosas vísperas de la primavera. Y de la Convención Nacional del PP, con Aznar de estrella invitada, añade servidor. Alguien ha pensado que esas buenas nuevas pueden desinflar el verbo de ese incomprendido líder planetario y dejar en páginas interiores los ecos de la manifestación del día 25.
Hecha esa salvedad, los ecos de la jornada de ayer apenas sobrevolaron el anuncio de espantada de Peces-Barba y la silla vacía de Zapatero en el congreso de Valencia. El primero nunca se adaptó al quehacer de un Comisionado para las Víctimas del Terrorismo. El segundo se buscó la coartada del magistrado abatido por ETA pocos días antes de la llegada del PP al poder hace diez años. Aznar y Cascos, por cierto, endosaron aquel asesinato a la "ineficacia" del ministro del Interior.
La coartada del homenaje a Tomás y Valiente, como explicación de la ausencia de Zapatero en el congreso de las Víctimas, se debió a un cálculo político previo de Moncloa. Le libraba de exponerse a un áspero recibimiento del sector que se siente representado por Alcaraz y el propio presidente del congreso, Cayetano González, un hombre de confianza del ex ministro del Interior y dirigente del PP, Jaime Mayor Oreja.
Zapatero quiso eludir tanto el abucheo personal como la imagen de división del colectivo de víctimas. Lo ha conseguido. Ya le hubiera gustado a él que Peces-Barba hubiera ejercido en la trastienda del congreso para garantizarle un paso apacible, y a ser posible triunfal, por este congreso. Pero al rector ya le había ocasionado bastantes dolores de cabeza el ejercicio del cargo y prefirió esconderse, aunque Zapatero se quedara sin foto. O que la foto hubiese salido movida, en el caso de que Zapatero hubiera entendido que los abucheos también entran en el sueldo.
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