HACE algunos años me contaron lo siguiente: al parecer, Severo Ochoa le presentó a Sara Montiel a Castelao, que se enamoró perdidamente. Pero es que además le pedía a Sarita que le dejase beber en sus zapatos de tacón alto. Quizás nada de esto sea cierto, y si lo fuera sería bien humano. Pero, enlazando la anécdota con el caso del dibujito danés que tanto ofendió a los musulmanes, lo que importa es saber si en Galicia alguien puede hacer una caricatura de Castelao arrodillado ante la Montiel sin exponerse a que le quemen no sé si la embajada pero sí la casa y el coche. Los talibanes y la intolerancia también anidan entre nosotros.
Por otra parte, imagínense ustedes la que se armaría si algún dibujante representase Cataluña, o Galicia, como una vieja sucia, bizca, ebria, zafia, avara, desdentada. Entonces, ¿la libertad de expresión? A los ingleses les hace mucha gracia la idealización antropomórfica de las naciones, representadas como un ser humano, e ironizaron sin ninguna clase de miramientos, preguntándose descaradamente en la prensa cómo serían los morritos de Marianne, símbolo de la République , cuando el mariscal Joffre al avanzar hacia Alsacia, en 1914, les llevó a los británicos el beso de Francia. Quiero insistir en este punto porque los nacionalismos periféricos han caído en un intolerable fetichismo antropomórfico en lo que concierne a la representación de la nación como madre , como un ser vivo femenino de carne y hueso dotada de derechos individuales incuestionables y definitivos que después hacen extensivos en tanto que deberes colectivos. Así, no es extraño que digan «la lengua de Galicia», o «fulanito ha ofendido a Galicia». Sin embargo, que yo sepa, Galicia es mudita, nunca la escuché hablar y por tanto no creo que tenga idioma. Quienes sí hablan y tienen lengua e idioma son las personas. Unas, el español; otras, el gallego. Pero nadie tiene per se el idioma de Galicia. Podrá haber un idioma oficial en Galicia artificiosamente adscrito a la misma como si se expresara por su voz la voz de todos sus habitantes. Mas no deja de ser una impostura.
Tampoco veo cómo se puede ofender a Galicia: ¿es que acaso alguien le mete mano donde no debe a esa señora? Recuerdo ahora que Juan Ramón Lodares fue a Vigo a dar una conferencia relacionada con su libro El paraíso políglota . Amparándose en la «señora» Galicia, como si fuera novia, madre o hermana, alguien escribió: «E lamentable que a Universidade de Vigo se preste a difundir desde o paraninfo do rectorado unha serie de errores, con carimbo universitario, ofensivos para Galicia». O sea, manipulando con calculado victimismo una inventada esencia antropomórfica de Galicia, ofendida como si se tratara de una persona, se pretendía una censura absolutamente sectaria para impedir que Lodares expresara opiniones contrarias a los talibanes lingüísticos. Admito que algunos pudiesen sentirse ofendidos, hay gente para todo, por las opiniones de Lodares, pero otros recibieron llenos de agradecimiento la conferencia magistral.
Considero urgente desmitificar a Galicia, a Castelao, a Franco o al mismísimo Ahmadou Bamba Kalaza caricaturizándolos de forma despiadada si necesario fuese. La salud democrática, la libertad de expresión, la necesaria irreverencia frente a los mitos lo exigen.

Si que hai caricaturas de Castelao na Galiza. Sería posíbel ao revés?
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