Por esas casualidades de la vida me he enterado, navegando por Internet, de que en mayo va a celebrarse en Madrid una feria del sexo, la cual irá sazonada con un festival de cine erótico.Ignoro si será tan emocionante como ARCO donde, ya se sabe, un botijo puede ser una escultura posmoderna o sólo un botijo. Por ejemplo, del vigilante, que lo ha dejado a la sombra a ver si se refresca un poco. Los últimos montajes de ARCO han dado lugar a excitantes equívocos y debates sobre la naturaleza del arte.Una señora de la limpieza tira un cenicero a la basura y resulta que no era un cenicero, que las colillas, los chicles aplastados y los envoltorios de caramelos formaban un arriesgado discurso estético sobre la caducidad de todas las cosas humanas. Qué cosas.
De todas formas, para excitante me quedo con la feria del sexo, que es algo que al menos se entiende. Por lo que he visto en televisión, una feria del sexo se parece bastante a una feria de ganado. En las ferias de ganado se exhiben hermosos ejemplares de caballos y yeguas, mientras en los festivales eróticos se exhiben hermosos ejemplares de sementales y de señoras más bien neumáticas. En ambos casos, los ejemplares de exhibición suelen ir desnudos, mostrando al aire sus atributos agropecuarios, y en ambos casos, los visitantes -ya sean trémulos mirones o granjeros enardecidos ante la visión de tanta carne junta- intentan pellizcarlos para comprobar la calidad del material. Algunos, incluso, los palmean entusiastas.

Lo mejor de la web del festival es que permite irse haciendo una idea de lo que le espera al visitante. Hay, por ejemplo, un juego interactivo que uno puede descargarse gratis en el ordenador y donde puede conocer, por ejemplo, a Gina, una maciza cibernética de 23 años que lleva unos meses sin pagar el alquiler. En el juego, usted es el casero y como Gina no tiene dinero, no le queda otro remedio que pagar el alquiler en carne.

Lo malo es que luego me di un garbeo por www.madrid.es, la página oficial de la ciudad, el Ayuntamiento y la Comunidad, y claro, en comparación la cosa pierde mucho. Haría falta una mayor imaginación en los programadores y una información mucho más actualizada, acorde con los tiempos. Uno podría entrar (virtualmente quiero decir: en persona ni se les ocurra) en los hospitales de la Comunidad y comprobar cómo van las listas de espera para esa cirugía de rodilla que se retrasa ya unos mesecitos. Podría hacer clic en las camas para ver si ya se han curado esos pacientes pelmazos que llevan semanas de convalecencia, o para ver si alguno de los que están delante de usted en la lista la ha palmado ya o ha decidido ir a operarse a otro continente.

En el Ayuntamiento, podría iluminarse un mapa interactivo con las zonas calientes de las próximas zanjas, los próximos socavones y las próximas desviaciones de la M-30. Se podría montar, incluso, un casino de apuestas múltiples para acertar qué calle van a taladrar, dónde y cuántas veces. Pero lo primero que habría que mejorar son los iconos de Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre.No sólo son demasiado serios: es que además ninguno tiene, ni de lejos, el encanto de Gina y su escasísima lencería negra.Lo mejor sería colocarle al alcalde un buen bigote a lo Freddy Mercury y unas cuantas cadenas de macho dominante, y a la presidenta, botas de caña alta, látigo y esposas. Qué le vamos a hacer: el sado duro siempre ha sido cosa de dos, y los madrileños, de toda la vida, tenemos vocación de masocas.