El presidente del Gobierno nos anunció el viernes -se reiteró, en realidad- que se aproxima el fin de ETA y que alentará ese proceso, aunque sin prisas y en el marco del mandato parlamentario que hace al caso (resolución sobre "final dialogado" de la violencia). Ya empezamos: si no hay prisa, ¿por qué se apresura Zapatero a presentarse como el mensajero de la paz sin que se haya cumplido la condición previa?

La condición previa se contiene claramente en las reiteradas advertencias del presidente del Gobierno de que "no habrá diálogo hasta que no cese definitivamente la violencia". Aunque no tan claramente en la mencionada resolución, que habla de "voluntad inequívoca" de dejar las armas por parte de ETA, pero no nos acaba de precisar si lo del "final dialogado" es para que ETA deje las armas o por si las abandona.

Esa ambigüedad es uno de los vicios ocultos del mandato parlamentario invocado por Rodríguez Zapatero, y no el único ni el peor. El peor, hasta el punto de haberse convertido en el pecado original de la política antiterrorista del Gobierno, es la ausencia del PP -todo el hemisferio derecho del espectro- en la famosa resolución de mayo de 2005. Fue un golpe bajo al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. La respuesta del PP, su deslealtad con la política antiterrorista del Gobierno, fue el otro golpe bajo que explica el estado comatoso del llamado Pacto Antiterrorista.

La ambigüedad -se supone que calculada- también es uno de los vicios ocultos del mensaje de paz renovado por Zapatero el viernes pasado en Moncloa. Si ustedes se fijan en las frases que recogen sus declaraciones, verán que expresa su "convicción" de que "puede" estar cerca el "principio del fin". Recalca lo de "puede" un par de veces. O sea, que Zapatero nos endosa una conjetura a cuenta de su convicción moral. Un desafío a la formalidad de la lógica. Es absurdo estar seguro (convencido) de tener una duda (posibilidad). Zapatero, en fin, se muestra seguro de una posibilidad, que es como mostrarse inseguro de la contraria, o al revés. ¿Nos quiere volver locos?

Volvamos al fondo de la cuestión: ¿Por qué Zapatero anuncia el fin de ETA sin que la banda haya anunciado el definitivo abandono de las armas? El terror que tienen -tenemos- algunos de que al presidente del Gobierno le puedan apagar el farol -a costa nuestra, claro- en cualquier momento, es lo que nos lleva a preguntar de buena fe por qué no guarda silencio hasta que la famosa condición previa sea un hecho.

La prisa es contraproducente y, a mi juicio, no hay ninguna razón política ni técnica que la justifique. Más bien lo que hace Zapatero es regalar una baza política y técnica a ETA, que es el enemigo, y al Partido Popular, que es el adversario. Al convertirse Zapatero en mensajero de la paz antes de tiempo, ETA juega con la ventaja de haberle visto las cartas mientras que al PP le sigue dando excusas para hilvanar mentiras y medias verdades en las expectativas creadas innecesariamente.

Otro cabo suelto en el mensaje de la paz de Zapatero es anunciar algo que no depende de él, salvo que, una de dos, lo ha negociado previamente o se deja llevar por la ansiedad de ser reconocido ya mismo como el pacificador de Euskadi. Ninguna de las dos hipótesis es buena para Zapatero, pero él ha creado las condiciones para hacerlas creíbles.

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