¿Cuánto vale la vida de un trabajador?, de Daniel González en El Comentario
Cada vez que un ministro o responsable político del partido que sustenta al Gobierno de Zapatero, se asoma a un medio de comunicación, se lo pregunten o no, siempre se las arregla para meter la cuña esa, de que España es el país de la Unión Europea (UE) que mayor crecimiento económico está experimentado en los últimos años.
Otro estribillo parecido al que otrora acuñó Aznar y que sus chicos repetían al unísono como papagayos. O sea, aquello de “España va bien”.
Es cierto que crecemos más que nuestros socios europeos, pero no es menos cierto que salimos de una dictadura con un retraso muy importante. Y que sin los Fondos de Cohesión que vienen de Europa, no estaríamos donde estamos.
Pero lo que voluntariamente omiten nuestros dirigentes políticos, es que ese crecimiento reposa casi exclusivamente sobre dos sectores. El turismo y la construcción. En Inversión+Desarrollo (I+D) seguimos estando a la cola. Eso sí, en España se consume el 60% de todo el cemento que se produce en Europa. Pero aún ostentamos más records.
Somos el país que más contamina, el que tiene uno de los salarios mínimos interprofesionales más bajos y el de menor protección social de la UE, pero sobre todo, el que mayor número de siniestros laborales registra a lo largo del año.
En este último apartado, llevamos varios años consecutivos en el primer puesto del ranking europeo. Y el señor ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, tan locuaz en la oposición y tan silencioso ahora, como si el asunto ya no fuera de su incumbencia.
Con unos o con otros, la vida de un trabajador sigue teniendo un precio muy bajo. Cada vez que se produce un siniestro laboral, el jerifalte de turno repite invariablemente lo mismo. Vamos a abrir una investigación para determinar las causas del siniestro. Se aplicará la Ley con todo el rigor necesario. Tenemos que reflexionar con los agentes sociales para poner fin a esta situación etc. etc.
Eso en el mejor de los casos, porque en el peor casi siempre el empresario acaba culpabilizando al trabajador por incumplimiento de las normas de higiene y de seguridad en el trabajo.
¿Y los sindicatos qué? Pues lo de siempre, declaraciones altisonantes y después nada. Pasadas unas semanas todo vuelve a ser igual que antes.
El caso de Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) es un claro ejemplo de esta situación y del nivel de impunidad con el que actúa el empresario. Un conglomerado de empresas del mismo dueño, que se contratan y se subcontratan así mismas. Una tela de araña para evadir el pago de impuestos. Para explotar aún más al Estado y al trabajador. Un asalariado que ejerce su trabajo en condiciones laborales extremas y percibe un salario de miseria.
Y en el caso de los trabajadores a cielo abierto, hasta se les amenaza con la rescisión de su contrato si se acercan al mundo sindical. Sin contar las humillaciones y castigos a los que un mierda de encargado los somete a diario.
Así es como se trata al trabajador en las empresas del singular empresario, amante de los antílopes negros, Victorino Alonso.
Hace unas semanas, el día 25 de enero de 2006, otro trabajador se despeñó con su máquina por un terraplén. No es el primero, ni será presumiblemente el último. Hace meses se despeñó otro. Los restos de su camión siguen en el fondo de un barranco en Caboalles de Abajo. Él, sin embargo, está en el paro. La empresa lo despidió. El trabajador había advertido al encargado que el camión tenía problemas de frenos, pero se le ordenó que bajara por la pendiente con la correspondiente carga. De no haber saltado de la cabina a tiempo, hoy no lo contaría. Diversas fracturas y consiguientes secuelas para acabar finalmente en el paro.
Los sindicatos fueron incapaces de conseguir que prevaleciera la justicia. Y por lo que se ve tampoco han conseguido que cambien las condiciones laborales de estos trabajadores. Se sigue trabajando de día y de noche a un ritmo endiablado. Ahora, probablemente nos cuenten que sólo la fatalidad ha sido la causante de este desgraciado accidente.
La señora directora general de Trabajo y Prevención de Riesgos Laborales de la Junta de Castilla y León, Rosario Rodríguez, ha anunciado la apertura de una investigación para esclarecer los hechos que provocaron este último accidente.
Nada, no pasará nada. Dentro de una semana ya nadie se acordará de que un trabajador de 29 años ha estado a punto de perder la vida. Nadie, excepto sus familiares y amigos se interesarán por él. En el mejor de los casos y si logra recuperarse, puede que la generosidad del empresario le permita recuperar su puesto de trabajo. Y ahí se habrá acabado la presente historia.
Pero si su mala fortuna hiciera que quedara inválido, entonces lo despacharían con una pensión de miseria. Porque seguro que mísero es el salario que tiene declarado.
Esto no ocurre en un país subdesarrollado. Esto ocurre en España. El país que más crece de la UE, pero también, donde la vida de un trabajador menos valor tiene.
Meter a políticos, sindicalistas y empresarios en el mismo saco sería injusto, pero convendrán conmigo que cada vez resulta más difícil distinguirlos. Todos ellos manejan el doble lenguaje a la perfección. Son maestros en el arte de escamotear la realidad.
¿Lograremos algún día pararles los pies a estos sujetos? Desde luego, mientras nos preocupe más la prensa rosa, la tele basura, el fútbol, el estatuto de Cataluña, los archivos de Salamanca o lo que digan Rajoy y Zapatero, no lo conseguiremos. Pero si por el contrario nos interesamos algo más por la realidad que nos rodea, la batalla no está definitivamente perdida.
