En España matar está tirado. La vida humana siempre estuvo por los suelos pero ahora, gracias a la posible excarcelación de algunos matarifes etarras, podemos bajar más aún los precios. Yo nunca fui muy bueno para los números pero creo que tres meses de cárcel el muerto sale muy barato. Mucho más, por ejemplo, que la tenencia ilícita de armas. Un taxista me contó el otro día que, después de sufrir un atraco con navajazo incluido más una paliza a manos de media docena de cabezas rapadas, se compró una pistola. La policía se la encontró en la guantera del taxi, en medio de un registro rutinario, y le costó un año de cárcel.
Echando cuentas, leyendo los datos sobre ese vasco de pura cepa de nombre francés y nacido en Argelia, Henri Parot, culpable de más de 80 asesinatos, uno no puede menos de concluir que el delito del taxista estuvo en no hacer uso de la pistola. Contando con un tiro en la nuca a cada uno de los seis cafres que le dieron la paliza y al colombiano que casi le parte el hígado de una cuchillada, es muy posible que al taxista acabaran dándole una medalla. A Parot, ese héroe de la patria vasca, le condenaron a 4.799 años de cárcel pero, por algún birlibirloque judicial, le basta con haber cumplido 20 para ir pidiendo la condicional y un chato de vino, camarero.
Quedan fuera de mi comprensión los mecanismos legales por los que un dígito de cuatro cifras se convierte en un tango. Que 20 años no es nada, está muy claro. Pero si detrás de los 20 años, está la sangre de 82 inocentes, queda menos que nada. Un chiste, hombre, una mofa. ¿A qué obedece la reducción de pena de Parot? ¿En la cárcel el tiempo corre en otra dimensión? ¿Se portaba muy bien con sus compañeros de celda? ¿No pegaba tiros en la nuca a sus carceleros? ¿No roncaba por las noches? ¿Planchaba muy bien las camisas? ¿No eructaba en la mesa? Misterios ecuménicos del Código Penal y del santo evangelio de prisiones.
Dejando la sangre a un lado, el otro crimen de Parot, por el que pueden endilgarle otros 20 años a la sombra, está en la literatura.Una carta en la que alentaba a sus compañeros a seguir matando puede costarle, gracias a otro birlibirloque judicial, la libertad y la calle. Yo ya he sacado la calculadora para ver a cuántos años sale la palabra, a cuántos meses la letra y a cuántos días la tilde. Al compararlo con los tres meses el muerto, que son las últimas cifras de mercado, la tinta resulta mucho más cara que la sangre. Ya decía De Quincey en El asesinato considerado como una de las bellas artes que se empieza por cometer un pequeño homicidio y se acaba por faltar a las buenas maneras en la mesa.A ver si el delito de Parot va a ser la ortografía.

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