Los profetas iban descalzos, yacían en el sueño, estudiaban el vuelo de los pájaros y el ruido de las hojas; algunos eran animales, como aquellos inmortales caballos de Aquiles; otros ciegos, como Tiresias, después de haber visto desnuda a Atenea mientras se bañaba; a algunas como a Casandra, le lamieron las serpientes las tetas para condercerle el don de la profecía. Pero los periodistas no somos enviados por Dios, ni hemos sorprendido desnuda a la honesta Atenea, ni escuchamos las ramas de los olivos ni el vuelo de las lechuzas; y sin embargo hacemos el papel de profetas en la sociedad débil, voluble, inestable y falsamente bien informada.Nos erigimos en profetas civiles, con ojos de luciérnaga, que claman contra el poder, predicadores de la calamidad, profetas turbulentos -piensa Larra- a quienes ningún Gobierno nos gusta, hombres que no damos tiempo al tiempo, para quienes no hay ministro bueno, ni ropón que no prevarique.
Estamos llegando al fondo del vilipendio, como decían los patriotas antiguos. Las sátiras, invectivas, insultos a este Gobierno y a este presidente arrecian. Si España y sus políticos son como los describimos es mejor que nos vayamos y sólo volvamos a este desdichado país cuando los políticos vuelvan a saludarse con el sombrero y besen la mano a las señoras.
Los políticos son como los de las cocotas en las barras de los puticlubs. Rajoy acaba de decir que el «sujeto», al que ya llamó bobo solemne, va mintiendo por todas partes. Para el líder de la Oposición, Zapatero es un ente, un cualquiera, un fulano.Está como una moto porque están negociando con ETA y no se lo cuentan; han urdido un Estatuto en la oscuridad de La Moncloa y se han enterado por Internet; hay ruptura del consenso, falta de comunicación entre los grandes partidos. Pero no quiero referirme a los políticos sino a los periodistas que en las últimas horas han descrito a Zapatero como traidor, miserable, inepto, déspota entregado a Potros y a Bin Laden, de rodillas ante el sultán de Marruecos. Como el adivino que reveló a César su fin alertamos a Zapatero de la catástrofe que se avecina, y cuando el presidente dice «los idus han llegado», le contestamos que aún no han pasado.Cuando avisamos que ETA, como el caballo de Troya de Casandra, tiene, mientras negocia, las tripas llenas de dinamita, nos contestan que estamos entregados a la derecha apocalíptica e infame.
Somos profetas, pero no como Isaías, que elevó sus profecías la altura de Hesiodo o de Homero sino profetas insignificantes.
Malos somos las sibilas del Apocalipsis, pero aún son peores los canallas del CAC, y toda clase de bribones censores que nos acechan y nos quieren quemar.
PD.- En el artículo de Supergarcía en el que se contaba cómo volaban los maletines durante la época digital, en ningún momento José María García se refería a Saénz de Buruaga como uno de los que se «lo llevaban a espuertas».

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