Podemos hacer ya un balance provisional de la crisis de las caricaturas de estos últimos días. Lo peor de todo, por irremediable, es la pérdida de una decena de vidas humanas en diversos incidentes.También la constatación de que la incomprensión y el resentimiento están ahí agazapados y prestos a saltar como un resorte en cuanto que se presenta la ocasión.
Pero también hemos aprendido algunas lecciones que nos pueden ayudar en el futuro a evitar una escalada como la que hemos vivido estos días:
En primer lugar, se ha abierto un debate importante sobre la libertad de expresión. La mayoría estamos de acuerdo en que no tiene más limitaciones que las que impone la ley. La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de nuestras sociedades. Cada director de periódico decide lo que debe o no publicarse y ningún gobierno democrático puede interferir en esta decisión. Pero él como cualquier periodista debe darse cuenta de su propia responsabilidad. La forma en que utilizamos nuestra libertad de expresión puede provocar unos efectos u otros, según hemos visto estos últimos días. Por eso los líderes políticos tenemos que hacer un llamamiento a la responsabilidad y al respeto hacia el otro. En la misma medida esto se refiere igualmente a la necesidad de impedir la utilización de los medios de comunicación para instigar al terrorismo.
En segundo lugar, la ofensa que han sufrido en sus sentimientos religiosos muchos musulmanes no justifica en ningún caso las reacciones violentas. Hemos asistido al incendio de representaciones diplomáticas de países con quienes nos solidarizamos plenamente.Todos estos hechos deben ser investigados a fondo por los Estados donde se han producido. Pero también ha habido protestas pacíficas en no pocos países, e importantes líderes musulmanes como Alí al Sistani han deplorado la publicación de las caricaturas, pero también han condenado públicamente la violencia desencadenada con posterioridad. No debemos caer en la trampa de dejarnos arrastrar por quienes desde sus posiciones extremistas desean instrumentalizar esta situación a favor de sus propios intereses.
En tercer lugar, estos incidentes nos reafirman la oportunidad de la iniciativa para una Alianza de Civilizaciones que el Secretario General de las Naciones Unidas formalizó en julio del 2005 con copatrocinio turco y español. Ya en octubre del año pasado publicamos un artículo conjunto en el que subrayábamos que la interacción entre civilizaciones y la gestión de la convivencia de diferentes culturas, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, iba a ser uno de los principales retos de la comunidad internacional en las próximas décadas, y que en ningún caso podíamos permitir que las discrepancias ideológicas que desembocaron en la confrontación entre Estados en los tiempos de la Guerra Fría pudieran ser ahora sustituidas por contiendas étnicas, religiosas o culturales.
La Alianza de Civilizaciones responde precisamente a ese deseo de dar a la comunidad internacional nuevos instrumentos de entendimiento y cooperación entre las sociedades islámicas y occidentales.Esta Alianza de Civilizaciones pretende forjar una gran coalición contra los extremismos. Es una alianza contra la intolerancia de todo signo y contra una visión simplista de las situaciones y de los conflictos, que no se corresponden con la realidad de un mundo cada vez más complejo. No podemos permitir que los violentos ganen la batalla de las ideas con un discurso de odio que no aporta solución alguna y está destinado inexorablemente al fracaso.
Tanto España como Rusia, y desgraciadamente muchos otros países, han sufrido en sus territorios graves atentados terroristas, a veces perpetrados por individuos que invocaban para ello pretextos religiosos. Sin embargo, nuestros ciudadanos saben distinguir entre la fe religiosa y la manipulación que de ésta pueda hacer una minoría de fanáticos. Ninguna religión promueve como tal la violencia o el odio. Las grandes religiones en su esencia son incompatibles con la incitación a la violencia y al terror.Por eso merecen el máximo respeto.
A finales de febrero tendrá lugar en Doha la II reunión del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones. Esperamos que sea una buena ocasión para avanzar en la definición de aquellos problemas políticos y de otra índole que están en la base de las incomprensiones y de la desconfianza mutua. Debemos proceder a identificar nuestros valores comunes, aquellos que nos permitan definir líneas conjuntas de acción política que movilicen a esa inmensa mayoría de voluntades que está a favor del diálogo y de la tolerancia. Es el momento de intensificar el diálogo para elaborar iniciativas comunes.
Miguel Angel Moratinos y Serguei Lavrov son los ministros de Asuntos Exteriores de España y Rusia, respectivamente.

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