Bertrand Russell sostenía que los científicos se esfuerzan para hacer posible lo imposible, mientras que los políticos intentan hacer imposible lo posible. La singular relación entre José Luis Rodríguez Zapatero y Pasqual Maragall les sitúa más cerca de los científicos que de los políticos, pues sus últimas actuaciones ponen de manifiesto una relación imposible dentro de lo que son conductas sui géneris del president, que, guste o no, forman parte no sólo de su encanto, sino de su biografía. ¿O ya nadie recuerda sus tiranteces con Felipe González, que le calificó de gota malaya ? ¿O su espantada a Roma cuando se enfrentó a los capitanes del PSC en su afán de reformar el partido?

El Mundo titulaba en uno de sus editoriales: "Zapatero da vía libre para debilitar a Maragall", deduciéndolo del afán de convertirlo en pimpampum de altos cargos del PSOE, que abarcan desde Pepín Blanco a Pepe Bono, después de que los discursos del presidente del Gobierno español y del presidente catalán en el consejo nacional del PSC se parecieran más a los diálogos de Michael Douglas y Kathleen Turner en La guerra de los Rose que al de dos socios. Eso sí, a la hora de comer, Zapatero no le guisó a Maragall su perro, entre otras cosas porque se fue a almorzar con Montilla y unos cuantos más, reservando el derecho de admisión.

Alguien debería regalarle a la dirección socialista en Madrid el libro La saga dels Maragall,de Victor Batallé. Por sus páginas circulan pistas para entender la personalidad del president, remontándose a su abuelo el poeta, de quien Josep Pla sostenía que sufría internamente una confusión inextricable: "A veces parecía como si toda la confusión de su tiempo se hubiera concentrado en su pensamiento". Una persona próxima a Maragall, Xavier Muñoz, asegura que "dice lo que piensa en los diarios". "Y eso desconcierta y hace que le puedan tirar en cara que dice cosas extrañas", añade. En otro capítulo se recoge una entrevista donde los periodistas destacan: "Hay tres adjetivos que siempre se aplican a Maragall: dubitativo, frívolo y cambiante". El político responde: "Seguramente los tres son verdad".

Las aguas no llegarán al río, porque el PSOE necesita del estuario del PSC y porque el PSC precisa de los afluentes de sus actuales socios. Si el Estatut sale aceptablemente bien del trámite parlamentario, Maragall intentará capitalizar el éxito y los mismos que ahora le critican entonces lo alabarán. Mientras, en el PSC y el PSOE hay quienes apuestan por un cambio de liderazgo en Catalunya, pero en política pocos se atreven a ponerle el cascabel al gato. Porque ya dijo Felipe González que lo importante no es que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones.