A Charo, seguro, se le hubiera caído la baba. Su querido Pepe, aunque se fuera cuando Manuel marchó, continúa dando tumbos por Barcelona. El lunes, sin ir más lejos, el detective gourmet se convirtió en padrino de un nuevo galardón que, además de premiar a un amigo y compañero de armas, Francisco González Ledesma, reivindicó el carácter negro que siempre ha tenido la ciudad y que ahora se traduce en la celebración de la segunda edición de la Semana de Novela Negra y de Misterio.
Sí. A Charo, el lunes por la tarde, se le hubiera caído la baba ante los muchos elogios para Pepe y para su padre, una de las plumas más combativas de los últimos años. Pero, la cara de esta mujer serena también hubiera amagado tristeza de haber pisado las tablas del Saló de Cent del Ayuntamiento. Una pena grande mezclada con un enfado aún mayor ante la actitud del alcalde Joan Clos, que ha dado órdenes a sus Guardias Urbanos de que persigan y multen a sus compañeras de profesión y de calle. Y es que Charo, además de eterna enamorada de Pepe Carvalho, es una de las muchas putas que habitaron y habitan el Raval barcelonés.
El Ayuntamiento, a través de esa polémica Ordenanza Cívica que defiende a capa y espada, está intentando echar a las putas de las calles de la ciudad. Y, seguramente, la decisión alegrará a muchos. Sobre todo a aquellos que conviven con ellas en sus portales. Aunque más que ellas, quienes molestan son sus clientes y sus chulos; la marginalidad que casi siempre las envuelve.Pero, persiguiéndolas, multándolas, echándolas, poco se consigue.Como mucho se lograra que se trasladen a otra zona de Barcelona para continuar haciendo la calle, porque esas mujeres -casi siempre inmigrantes sin papeles- de algo tienen que vivir.
En cambio, la consellera de Interior, Montserrat Tura, trabaja en otra línea que puede dar frutos más provechosos. Inteligente, sin esconder la cabeza bajo el ala -como parece reclaman algunos colectivos de un feminismo, a mi modesto comprender, mal entendidola consellera intenta regular a través de una ley el trabajo de estas mujeres para -también, como Clos- lograr sacarlas de la calle, pero ofreciéndoles a cambio unos espacios seguros en los que poder seguir trabajando, unos espacios, muchas veces autogestionados, que ayuden a terminar con el proxenetismo.
Pedir un mundo idílico, sin mujeres ni hombres que ejerzan la prostitución, sin hombres ni mujeres que paguen por conseguir sexo, es pretender una utopía que durante siglos se ha demostrado imposible. En cambio, intentar que estas mujeres -o estos hombres, que aunque haya pocos, también los hay- estén libres del yugo de quienes actualmente les explotan, es bastante más inteligente.Conseguir que trabajen en espacios adecuados, con medidas de higiene idóneas, sin molestar pero sin que nadie les moleste es una opción que agradaría más a Charo. Quizás, Clos debiera pedir a esta mujer una entrevista, para saber un poco más de qué van las cosas. Tura, parece ser, que ya se ha visto veces con las compañeras de calle de la novia de Carvalho.

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