Los occidentales han dado respuestas variadas a la ofensiva fundamentalista contra las caricaturas de Mahoma publicadas en el Jyllands Posten.Mientras algunos se han mantenido fieles a la convicción de que en el mundo democrático la libertad incluye el derecho a burlarse de los dioses y santos del olimpo, otros han optado por no reproducir las viñetas "para no ofender a los musulmanes". ¿Y a los que no somos musulmanes por qué nos las escatiman también, si son la información básica? Alo largo de los siglos, los habitantes de los países tradicionalmente cristianos hemos librado batallas de todo tipo para poner a la religión en su lugar y hacer entender a sus mandamases que las creencias son algo privado y que no deben inmiscuirse en la cosa pública. En los países musulmanes aún tienen que dar ese paso, pero nosotros no tenemos por qué pagar su encastillamiento. Muchos aún recordamos cuando, hace apenas treinta y pico años, estaban prohibidas tanto las caricaturas de Franco como las de Dios - Padre, Hijo o Espíritu Santo-, o sea, que ya sabemos qué son las dictaduras.

Que la cosa va de eso queda claro en la crónica de Marc Bassets del sábado, sobre la plegaria del imán Abu Laban, impulsor de las protestas. Decía Laban: "´Para los medios daneses, la libertad de expresión es sagrada. Para mí, y para todos los musulmanes del mundo, Mahoma es sagrado´. Y, como Mahoma es sagrado, no hay compromiso posible, advirtió el imán Abu Laban". O sea, que no hay solución; al menos con estos imanes, porque no todo el islam es así. El semanario jordano Shayhan publicó tres de las viñetas, y su editor, Jihad Momani, escribió un editorial preguntando a sus lectores: "¿Qué insulta más al islam? Un extranjero que dibuja al Profeta o un musulmán que se pone un cinturón cargado de explosivos y se suicida en medio de una boda en Ammán o en cualquier otro sitio? ¿Qué fuerza más al mundo a blasfemar contra el islam: unas caricaturas o la escena real de decapitación de un rehén mientras al fondo se oye el grito de ´¡Alá es grande!´". (Algo parecido declaró este fin de semana el diputado social liberal danés musulmán Naser Khader: "El principal problema del islam es el 11 de septiembre, lo que sucedió en Madrid, lo que los terroristas musulmanes hacen en Iraq cuando matan a inocentes. Éste es su principal problema. Debemos ocuparnos de esto, y no de los dibujos".) Ni que decir tiene que Momani fue detenido, y despedido el director de France Press por alinearse contra la barbarie y publicar una caricatura de Buda, Jehová, Mahoma y Jesucristo en la que Jesucristo dice: "No te quejes, Mahoma; aquí nos caricaturizan a todos". Hace unas semanas, en un capítulo de South Park que pasaron por el canal Paramount Comedy también salieron los cuatro, Mahoma incluido. Los fundamentalistas no deben de mirar la serie.

Para mí, desde que empezó este lío, la pregunta que no obtiene respuesta es: ¿cómo saben que se trata realmente de la caricatura de Mahoma? Que sobre las caricaturas ponga ese nombre significa poco, porque los caricaturistas son gente dada a la broma y los cambalaches, e igual te dibujan a Mariano Rajoy con la cara de José María Aznar que a la Virgen de Montserrat con la de Ronaldinho. Por eso, si - prohibidas todas las imágenes de Mahoma por la religión musulmana- sus adeptos nunca han visto ninguna, ¿cómo saben que efectivamente se trata de él? ¿Cómo son capaces de reconocerlo?