Tengo en mi poder (como un preciado documento) los papeles de los interrogatorios realizados en la Jefatura Superior de Policía a la célula universitaria del PCE, en la que estaban los personajes que como Alfredo Mourenza, Prisciliano o Gabriel Santullano, que de aquella venían a reunirse a mi casa familiar de Oviedo, como Comité Universitario del Partido Comunista, en la calle Marqués de Teverga.
Hablo del año 68 (creo recordar ahora, aunque convendría comprobarlo). Son actas que levantó mi padre de aquellas torturas. Las guardo, a disposición de los interesados, con la reverencia de quien recuerda con devoción una idea de lo que para mí era el Partido Comunista de España, a mis diez añitos, recien llegados a Oviedo de Santander, donde estaba destinado el autor de mis días. Pin Torre era, en mi casa de Santander -antes de llegar a Oviedo y conocer a toda aquella gente-, la referencia del comunismo asturiano.
Nebot nos proyectaba el "Acorazado Potemkim" y "Octubre" en la "rebotica" de la "foto" y nos llevaban a olisquear el ambiente al Club Cultural de la calle Palacio Valdés.
Así salimos. Mi amigo era el hijo mayor de Nebot (le sigo adorando) y jugábamos en las riberas de Belmonte, los domingos, con los hijos de Troteaga y del resto de la banda. Eran excursiones de pesca y política, en las que había muchos personajes que luego alcanzaron cierto renombre local. Recuerdo cuando un coche atropelló a "Currito", el hijo de Murillo que desapareció de aquí. Nebot nos metió en la ANA de Jullivert (antes de la Du Pont,¡claro!), y entre él y Mario Pascual, (su hijo se dedica a la informática en Oviedo y sigue siendo amigo) nos organizaban concursos de fotografías de la naturaleza, en la finca de Daniel Palacio y Mapi Felgueroso en Quintes. Tengo bastantes fotos de aquella época y tienen gracia, pues nosotros éramos niños y ellos unos puñeteros cuarentones.
Y éramos niños, pero raros, pues escuchábamos Radio París y la BBC de Londres, y hasta Radio Tirana, en el despacho de nuestros revoltosos progenitores, mientras espiábamos conversaciones que no entendíamos.
Recuerdo una excursión del Club Cultural a una peña en la que cantaban cosas y levantaban el puño ante una imágen del Che Guevara, y me molestaba mucho que la Guardia Civil nos escoltase hasta los coches de nuestros padres con modales poco amables.
Crecimos y fuimos más radicales que nuestros padres. Era lo que nos correspondía, pues la Transición nos tocó en suerte como una gran aventura personal. Pero pusimos el huevo de nuestra juventud en la esperanza ilusa de que todo iba a ser mucho mejor. A mí me sorprendió mucho comprobar, de aquella, que la guardia civil pasaba del cuñado de Pin Torre, un tal Vicente Álvarez Areces, que cuando a nosostros nos metían unas hostias de espanto, a él le escoltaban traquilamente para que se fuera de rositas. ¿Era por su edad? Nunca me creí semejante explicación. Pero lo vi, y más de una vez, y no entendía nada.
Gabriel Santullano y el que para mí era el hijo de Mourenza (que trabajaba dando clases de francés con mi padre en el Instituto Femenino de Oviedo) sabían muchas cosas sobre este personaje que hoy es el Presidente del Principado y se dedica a echar a la calle a las mujeres y los hijos de las personas que no están de acuerdo con su repulsiva, asquerosa y despreciable manera de entender la vida y la política.
Tengo derecho a recordar a Mourenza y a todos los demás personajes del Partido Comunista de España que conocí en la Transición, desde mi infancia y mi adolescencia, y a recordar con todo el cariño a Nieves, la hermana del Areces que hoy es famoso; no así a su hermano pequeño, que me parece un conspirador de vía estrecha que se enfada con la gente a la que no le gustan las guarradas de su hermanito.
Puedo acordarme de muchas cosas, y a veces lo hago, pero no suelo escribir sobre ellas, porque me produce melancolía. Pero Areces no me produce melancolía, sino asco y deprecio por sus repugnantes métodos y su ausencia de humanidad, y creo que ése es un sentimiento que no puede ser nunca injurioso, por mucho que ese señor sea ahora la desgracia que les ha caido a todos los asturianos en forma de presidencial tragaldabas que se sienta en el butacón de Suárez de la Riva.
Lo que queda del Partido Comunista probablemente no se parezca en nada a aquella idea tan bella de la vida que me transmitieron mi padre y sus amigos (a los que adoraba), al que añoro con lágrimas en los ojos, pero la mierda en que han convertido la política los descencientes de aquella generación, se merece una parte de mi trabajo, realizado con toda la honradez que me permite la inteligencia que me cayó en suerte (la que me haya tocado), para desenmascarar a ciertos rufianes que ofenden la memoria de quienes nos legaron un apego irrompible por la libertad. Por muchas atrocidades que se hayan perpetrado en nombre del comunismo. Lo siento. Yo viví lo que viví, y a mí, los que me daban los culatazos, eran los señores de verde (ahora comprendo que era su trabajo). No estuve en un gulag y no tengo más remedio que sentir lo que siento.
Descanse en paz, que sin duda lo hará, Alfredo Mourenza, pues era un valiente, y así me consta, pues en esos papeles de los que hablaba al principio, se ve el talante de quien creía en lo que hacía. Nada que ver con lo de estos miserables que trafican con la salud de los ciudadanos, con sus plantas incineradoras de cuarenta mil millones, ni con aquellos patanes mentirosos y cínicos que se enriquecen expropiando a la gente humilde para hacer negocios despreciables que justifican contándonos que son para financiar la revolución. ¿Qué revolución? ¿La de sus podridos estómagos y sus degradados cerebros?

Ayer me llamó el director del Diario de Ibiza y me enteré de su fallecimiento. Cuanto lo siento. En los años setenta (finales) le entrevisté ampliamente en el D.deIbiza, casi al mismo tiempo que a Pedro Gálvez. Éramos contertulios habituales en Ibiza, en las terrazas de Ibiza, cuando la isla era algo parecido a un paraíso, una senda de los elefantes que acogía a muchos artistas y seres rebotados de otros planetas. Hoy ya no es así. Un abrazo, amigos.
Eramos grandes amigos de Alfredo y más que luchar por un partido politico,sea el partido comunista o cualquier otro,él era un luchador por la libertad.
CARMEN,PEPE Y PAU.
Para Alfredo donde quiera que este: Conocerte en vida ya fue un privilegio fascinante al cual doy gracias al destino por ponernos en el mismo camino durante algunos años, conocer cosas sobre ti ahora que no estas.. sigue siendo fascinante. Gracias a todos los que en mayor o menor medida han colgado alguna aventura o desventura de este personaje que me hace conocerle un poco mas y al cual he admirado y apreciado. Pasa el tiempo y ahí sigue la tabla de surf y el misterio de tu sonrisa por los pasillos. Un beso con alas para que llegue.
Alfredo un hombre de curiosidad infinita,
como infinita era su mirada.
Sus ojos brillaban como los de un niño, llenos de ingenuidad y bondad.
Desde las playas de Candás hasta la Cala de Mijas,
Desde el pico del Naranco a la Sierra de Mijas
corre una suave brisa en la que se puede oír un clamor… Niko, Niko, Niko
Tus amigos...