Febrero es un mes horrible para la familia socialista debido a los numerosos asesinatos cometidos por ETA contra cargos públicos, militantes o simpatizantes de ese partido a lo largo de los años.En febrero de 1984 fue asesinado Enrique Casas; en ese mismo mes de 1996, Fernando Múgica; en 2000, Fernando Buesa; en 2003, Joseba Pagazaurtundua. Y sin ser militante, pero sí próximo al PSOE y muy amigo de Felipe González, Francisco Tomás y Valiente en febrero de 1996.
Por lo tanto, es lógico que en estos días se multipliquen los testimonios de los familiares de esas víctimas. La mayor parte de las mismas tiene un denominador común: muestran su temor a que Zapatero les deje tirados. Olfatean, al igual que muchos españoles, que el presidente del Gobierno ha renunciado a derrotar a ETA y se encuentra instalado en un proceso de negociación con la banda, más o menos explícito.

El temor de estas víctimas tiene fundamento. Son ya muchos los datos que la opinión pública va teniendo para sacar sus propias conclusiones. Desde la voladura controlada que Zapatero ha hecho del Pacto Antiterrorista, pasando por facilitar que Batasuna, a través del Partido Comunista de las Tierras Vascas, pudiera seguir en el Parlamento Vasco, hasta promover en el Congreso una moción que autoriza al Gobierno a negociar con ETA si la banda deja las armas; forzar el cese de quien ha sido un leal servidor del Estado en la lucha antiterrorista, como Eduardo Fungairiño; o propiciar, a través de la actuación de la Fiscalía General del Estado, que terroristas muy sanguinarios de ETA puedan quedar en libertad en muy poco tiempo merced a la acumulación de penas.

Estas víctimas de miembros del PSOE tienen razón en todo lo que dicen. Cuentan con el apoyo, el afecto y la solidaridad de todos los españoles de bien. Pero hay un pequeño problema: quizás ha llegado el momento de que todas esas cosas que manifiestan en público o en privado deban decírselas a la cara al secretario general del PSOE y presidente del Gobierno. Porque los demás poco más podemos hacer, aparte de mostrar nuestra más profunda discrepancia por cómo el presidente está dirigiendo la política antiterrorista.

Es verdad que quizás a esas víctimas, como a todos, nos invada un profundo escepticismo sobre el caso que les pueda hacer Zapatero.Hace ocho meses, un millón de españoles salimos a la calle en Madrid bajo el lema Negociación, en mi nombre no, y a la vista está lo que ha hecho desde entonces el presidente.

Pero no hay que desistir; ni los ciudadanos, que de nuevo podrán volver a salir a la calle el próximo día 25 en Madrid convocados por la AVT, ni esas víctimas próximas al PSOE que teóricamente deberían tener más acceso al secretario general de su partido.

¿Por qué no organiza Zapatero una reunión en La Moncloa a la que sean invitados, por ejemplo, Maite Pagazaurtundua; su madre, Pilar Ruiz; Mapi Heras, la viuda de Fernando Múgica; el hermano de éste, Enrique; los hijos Fernando, José María y Rubén; Natividad Rodríguez-Laje, viuda de Fernando Buesa, o su hermano Mikel?

Y si de paso, el presupuesto para café de La Moncloa se puede estirar un poquito más, podría invitar también a Rosa Díez, a Gotzone Mora, a Nicolás Redondo y a Carlos Totorica. ¿Tendría mucho problema el presidente en escuchar a estas víctimas, la mayoría militantes o votantes de su partido? ¿Es posible hoy por hoy esa reunión? Estoy seguro de que el talante de Zapatero hace milagros.