Febrero se llama ETA. Hasta los espías, que son los últimos en enterarse de lo que pasa en los recovecos del Estado y los primeros en saber lo que ocurre en los jergones, se han percatado ya de que se ha ganado la guerra a ETA; lo ha confirmado José Bono, el que manda en los agentes: «Están con las manos en alto».
Después de las vacaciones de Navidad las diputadas han hecho régimen; llegaron preciosas, en línea, sólo algunos diputados amorcillados sentaron sus grasas en el escaño. Ha cambiado la composición de fuerzas. Convergència se pavonea de mayoría; la acusan de ir a motor y a vela y Puigcercós, posiblemente uno de los diputados de más talento en el Hemiciclo, está ya en la oposición. Bienvenido al infierno.
En los medios gubernamentales se habla de «pedagogía de la reconciliación»; con las víctimas, del «aspecto emocional del conflicto», en el argot presidencial; el entorno de Zapatero cree que la derecha no tiene más muertos que el PSOE y que 1.000 muertos son menos que un millón, y hubo reconciliación.
El anuncio de cese de la violencia es inminente y Zapatero, según una periodista muy bien informada, tiene tres problemas: las Fuerzas de Seguridad, la reacción de las víctimas y la postura del PP. ETA puede estar a punto de entregar las armas y el anuncio sorprenderá a la derecha en las mesas petitorias, como le sorprendió el Estatuto.
Bambi se ha metido en la jaula de los leones, de los potros y de las terneras. Sabe que tiene los tres hándicaps, pero está seguro de que la mayoría recibiría alborozada un anuncio de paz.
Dos sindicatos, LAB y UGT, firman por el acuerdo. El PNV, esencial en el epílogo, dirigido por un químico como Rubalcaba, Josu Jon Imaz -que no renuncia a la palabra, con otro aire, otras maneras, en la posmodernidad de Mas y Zapatero-, apuesta por el fin de la violencia. Imaz me dijo anteayer que en la próxima campaña electoral Zapatero tendrá que presentarse en Guadalajara, a lo mejor diciendo: Yo he aprobado los estatutos y he hecho la paz con ETA y que «quién sabe si el PNV tendrá que pactar una mayoría de gobierno con María San Gil». «Cada uno tenemos nuestras alianzas, y tanto el PSE como la izquierda abertzale serán nuestros adversarios electorales».
No sé si Imaz estaría dispuesto, como Mas, a aceptar un preámbulo en que se diga que algunos ciudadanos del País Vasco sienten a Euskadi como un estado asociado, dejando el artículo 2 como está y aplazando lo de Navarra y la autodeterminación hasta calendas griegas.
José Luis Rodríguez Zapatero o sale descalabrado, o triunfante.No me extrañaría que las conversaciones estuvieran avanzadas y se hablara en secreto del destino de los presos de sangre, de la reinserción, de la rehabilitación y de algún destierro a Venezuela o a Santo Domingo.
El Gobierno, efectivamente, tiene tres problemas: la Policía y la Guardia Civil, los muertos y el partido de la derecha. «El PP», me dice un portavoz del presidente, «no debe estar ajeno a un acuerdo nacional de paz».
Pero Mariano Rajoy, al que le pregunto si su partido se va a quedar fuera de la pacificación de Euskadi, me dice: «Yo no puedo hablar de lo que no sé. Sólo sé que han fumigado a Fungairiño.Nosotros seguimos en la calle. No sabemos lo que han pactado con Mas, ni lo que han pactado con ETA. Lo que está pasando es repugnante. Este sujeto [se refiere al presidente del Gobierno] va mintiendo por todas partes».

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