César Alierta se dirigió ayer a sus ejecutivos en la convención anual con las grandes líneas de la empresa, camino de convertirse en un operador global, pero a buen seguro que le martilleaba una nueva situación: la creada por el grupo Sonae de Belmiro Azevedo, que ha lanzado una OPA sobre Portugal Telecom (PT).
Telefónica no sólo posee el 10% del capital de PT sino que mantiene un magnífico negocio a medias, al 50% cada uno, en la operadora de móvil brasileña Vivo. La multinacional española intentó recientemente ampliar su participación en PT y el Gobierno luso no lo vio demasiado bien. Vamos, que no lo permitió.
Sin embargo, ahora se plantea una situación comprometida, puesto que la presencia de un previsible nuevo socio viene a perturbar la buena relación con PT que tantos frutos ha dado y podría seguir dando. Una nueva operación típica, últimamente, en Europa. Un pez pequeño, muy atrevido, por cierto, quiere comerse uno que es cuatro veces él. La financiación lo permite casi todo, otra cosa es cómo lo soportará la propia empresa y cuál va a ser la venta de activos.
Sonae quiere pagar 10.700 millones de euros por PT, a 9,50 euros la acción. Un 17% más que el último precio en Bolsa.
Azevedo se ha dirigido al Gobierno luso y ha encontrado apoyos en el centro derecha, aunque la izquierda ha exigido rápidamente detalles de la transacción. Hay una enorme polémica política entre los que destacan el arrojo de Azevedo y los que creen que, simplemente, es un osado, al plantear una operación de estas características.
La clave de una transacción empresarial, o meramente empresarial, está otra vez en manos gubernamentales. Es el ejecutivo de José Sócrates el que tiene el arma de la acción de oro, junto con la capacidad de nombrar presidente: 500 acciones de PT le dan la llave.
En suma, aparece de nuevo la capacidad de intervención en una empresa que cotiza en Bolsa: está participada por Telefónica, por el Banco Espirito Santo, con un 8,36%, la Caixa Geral de Depósitos, con un 5,14%, y los fondos Brandes Investment Partners, con un 8,53% y Capital Group Companies, con otro 5,6% y, sin embargo, está en la órbita directa del Estado; del Gobierno de turno.
Esta operación se produce en un momento en el que Telefónica, con una capitalización de 61.000 millones de euros, se encuentra en plena digestión de O2 y ha puesto su endeudamiento en los límites de la calificación que consideran adecuada.
Hacer una contraopa sobre PT plantearía algunas dificultades de músculo por parte de Telefónica que, sin embargo, puede perder una oportunidad de oro en una empresa que le daría más posibilidades de crecimiento. Todo pasaría por el sí del Gobierno.
También, puede quedarse con su nueve y pico por ciento y nada más, aunque el cambio de socio podría tener efectos no deseados en la gestión de la empresa, que ahora, más o menos, están bajo control.
El otro punto de fricción es la participación en Vivo, que algunos analistas habían visto como un paso esencial en la colaboración y, probablemente, el futuro de ambas compañías. Nada se sabe de la posición de Sonae respecto a Vivo ni las necesidades que tendrá de financiación, porque también va a comprar PT Multimedia. Podría plantearse la venta de algunos activos. Telefónica se enfrenta con una tesitura que quizá no resulte tan fácilmente controlable.
Por lo pronto, PT se ha disparado un 18,46% en Bolsa y se paga a 9,68 euros, por encima de los 9,50, que pretende abonar Azevedo, precisamente porque el mercado apuesta por más dificultades en la compra y probables contraofertas.
La acción de Telefónica ha caído algo y también la de Móviles. Ambas compañías deberían poner en juego la resistencia de su endeudamiento si quisieran abordar esta operación. La clave está, como siempre, en el Gobierno, en este caso en el luso. Igual que otros, seguramente no querrá perder el ascendiente sobre la empresa. No gobiernan las empresas, pero mandan o quieren mandar siempre en ellas. La acción de oro es una herrumbrosa herramienta de intervención que sigue viva. En España también.
jesusgarcia@elconfidencial.com

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