Puede que lo de Zapatero acabe en una magnífica catástrofe, tiene toda la pinta, pero de momento está sacando a todos, incluso a su propio partido, de sus casillas. Y como no podía ser de otra manera, también a los medios de comunicación afines al Gobierno y los que le son ajenos o adversarios, y aquí incluido el diario El Mundo, que en su edición del miércoles había dejado a su izquierda a La Razón y al ABC, y parecía más bien cerca del desaparecido El Alcázar, como se decía medio en broma en los pasillos del Congreso de los Diputados.

La portada de El Mundo con una joseantoniana y postmoderna de Irene Villa superó otra memorable de la Legión, como si de un periódico de la extrema derecha se tratara. Mientras en las páginas de opinión bramaba el mandril de la COPE, el que Pedro J. aún cree que domina y utiliza para disfrazarse él de moderado —es más bien al contrario, les contamina a él y a su periódico— en una carrera en pelo con el derechazo de Gistau, y otras santas y otras hierbas que convirtieron a la Santa Loyola Palacio de Camagüey en la Pasionaria articulista de la línea editorial.

Y todo ello sin perder de vista el desvarío de Umbral, autor que fuera de un inolvidable artículo, “Glez.”, sobre la corrupción y el GAL felipista que, a la vejez viruelas, nos dice ahora que Glez. y Guerra nos dieron una gran lección de moral (sic), como días atrás elogiaba a la ministra Calvo y el traje de Agatha que, dicho sea de paso, iba a juego con la ceremonia de los Goya y que pronto le costará el cargo a la egabrense, como a Bono el del cornetín. Porque Zapatero está más que decidido a matar a besos a todo el que se ponga del lado de Pedro J., tal y como se lo prometió a los de Polanco, que veían con muy malos ojos los coqueteos entre Rodríguez y Ramírez, como cuando los hermanos policías, Hernández y Fernández, se cogían de la mano ante Tintín.

Ay, Tintín! ¿Te acuerdas, Pedro J., cuando Gallego y Rey vistieron a Aznar de Tintín en el suplemento aquel con el que El Mundo entronizó como héroe nacional al que era el gran jefe del PP, el pequeño rencoroso que todavía almuerza con George Bush, para rememorar los tiempos gloriosos de la guerra de Iraq? ¿Recuerdas lo de Tintín dándole una patada a Cascos/Milú, con Rato de Tornasol (menudo pajarito salió don Rodrigo, el del balcón de Carabaña), y Mayor Oreja, el comandante de la Brunete, en el papel del capitán Hadoock? ¿Dónde están los viejos héroes? ¿Acaso perecieron en el bombardeo de la RTV de Belgrado, a manos de Javier Solana, fabiolillo de Bruselas?

El pasado martes, al diario El Mundo se le fue la mano derecha hacia el extremo de la mesa o del tablero del poder. Es verdad que el oscurantismo y los disparates de Zapatero en lo del Estatuto y lo de ETA solivianta al más pasmao, pero cuidadín, cuidadín, con las escopetas, que las carga el diablo. No vaya a ser que mientras Zapatero baila un día con Carod, otro con Mas, otro con Otegi y otro o Imaz, en el patio florido de la prensa de papel algunos acaben bailando la jota de la Dolores en la plaza del Pilar con Santiago y cierra España, porque muchas veces suele pasar eso de que uno nunca sabe para quién trabaja.

Está Pedro J. tan ensimismado con sus ensayos ensabanados dominicales —debería añadir una sinopsis para los que tienen prisa— que da la impresión que no se ocupa de nada más. Y además se olvidan demasiado pronto los matices y los equilibrios que en todo diario que se precie debería haber. Por ejemplo: ¿acaso no hizo mal Fungairiño en dimitir por escrito para evitar el expendiente? Pues eso. Y claro, luego llega Zaplana, el falso liberal al que le redactan las preguntas al presidente en la sesión de control —la de ayer parecía de Casimiro—, y dice que todo esto es el paraíso de los liberales, que es lo mismo que dice el mandril, Recarte y toda la basca de la cencerrada radiofónica de las mañanas, tardes y noches de la COPE de la que Pedro J. se debería marchar, porque a ésos no hay ni quien los dome, ni quien los centre, ni quien los comprenda, desde un punto de vista democrático, en fondo, forma y en todo lo demás.

Ahora que El País ha vuelto al redil apasionado de lo gubernamental —pero eso sí, sacando tajadas sin cesar, como los nacionalistas catalanes—, que el ABC se mece en la goleta de Cleopatra, que La Razón de Lara está bajo los auspicios catalanes del sí al estatuto catalán, El Mundo, en vez de avanzar por el centro, de pronto da un golpe de timón a estribor y jalea al núcleo duro de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que está derivando en un partido de extrema derecha, con las subvenciones del Estado, en vez de ocuparse de atender socialmente a las víctimas. Opinar sí, y protestar con firmeza también, pero escribir las cartas manipuladas a los embajadores y montar las algaradas patrioteras, ésa no es su función, como tampoco lo era la de otras llamadas ONG o no se sabe qué en aquella furiosa campaña electoral vasca del 2001, en la que, de la mano de Aznar, empezó toda la bronca con el nacionalismo vasco y catalán.

Pedro J. debería cuidar su línea informativa y editorial porque es verdad que éstos son momentos malos para la lírica, el Estado de Derecho, la Constitución, la unidad del país y las libertades, porque el falto monclovita no sabe bien hacia dónde va. Un poco a lo que salga y como sea, pero confiado en que le va a salir. Pero mucho cuidado con los neobronquistas del escenario nacional, que ya no son uno ni dos, sino casi todos los que firman y opinan formando un coro ronco y desafiante que echa un poco para atrás. A lo mejor hemos visto un espejismo, a lo mejor la cosa no es tan así, pero el miércoles nos llevamos un susto que, por lo que se ve, se puede repetir.