César Alierta se queda compuesto y sin novia después de cortejar durante diez años a la vecina portuguesa, de Jesús Cacho en El Confidencial
Aunque es pronto para hablar de boda, a César Alierta le han dejado compuesto y sin novia a las puertas del altar. Después de casi diez años cortejando a su vecina portuguesa, la OPA lanzada por Sonae, el mayor grupo industrial luso, para hacerse con el control de Portugal Telecom (PT) ha pillado por sorpresa a Telefónica, metida de lleno en la laboriosa digestión de la británica O2, por lo que, si los Dioses no lo remedian, la operadora española quedará cortocircuitada en el país vecino.
Obsesionado por dejar su impronta en la primera multinacional hispana, la aventura británica de los móviles le está saliendo al bueno de Alierta más cara de lo que podía imaginar. No sólo está sometiendo al valor a un notable castigo por parte de unos mercados que no perdonan los excesos del pasado reciente –de hecho, la cotización sigue injustamente estancada en niveles de hace años-, sino que ha atado a la compañía de pies y manos para los próximos ejercicios, al poner en el envite británico el 40% del patrimonio societario.
Aunque la operadora tiene argumentos sobrados para justificar el órdago de O2, el hecho es que su debilidad financiera, o mejor dicho, su elevado endeudamiento, le imposibilita responder, al menos de momento, a cualquier movida sectorial que pueda producirse en el ámbito de la UE, y desde luego al gesto hostil de un grupo como Sonae, que vale 25 veces menos que Telefónica.
La compra de O2, en efecto, ha convertido a la española en una de las operadoras de telefonía más endeudadas, al punto de que las agencias de calificación de riesgo han situado su rating crediticio en una posición desairada, lo cual tiene notables implicaciones. Por ejemplo, limita enormemente las posibilidades de hacer una gran inversión en este 2006, salvo que lo hiciera mediante ampliación de capital y yendo a por una compañía muy saneada.
El resultado es que si Telefónica quisiera responder a la OPA de Sonae, quedaría en una situación comprometida de pretender financiarla mediante deuda. Y, si lo hiciera mediante ampliación de capital, tendría que justificar el precio ofrecido, dada la dificultad de acreditar la rentabilidad de tal ampliación si de competir en precios en una OPA se trata. Haga pues Alierta lo que haga, chungo asunto para el inversor.
Lo ocurrido ayer en Bolsa ilustra bien las paradojas de la situación. Mientras Portugal Telecom subía como la espuma en Lisboa, Telefónica retrocedía en Madrid, víctima del temor del mercado a las consecuencias de la aventura obligada de una contraopa. El caso es que Alierta carece de margen de maniobra para hacer frente al arrojo de un Azevedo dispuesto, con el apoyo de un Emilio Botín siempre listo para sacar tajada de cualquier presa, a desahuciar a Telefónica de un mercado en el que siempre se han visto importantes sinergias.
Alierta, con todo, ha acreditado capacidad para resistir temporales bastante más inclementes que el actual. Al fin y al cabo estamos hablando de Telefónica, un negocio que, como decía el salao de Juan Villalonga, ingresa cada día más de 4.000 millones de pesetas “sólo con levantar la persiana todas las mañanas”.
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