El desenlace del Estatuto fue antes que el prólogo. La tramitación se inició ayer en el Congreso, pero todo quedó atado cuando Mefistófeles, sin pluma de gallo, sorteando a Duran, llegó en Audi a la Moncloa.José Luis Rodríguez Zapatero parecía atascado, con las encuestas por los suelos, con fracciones en su partido a punto de estallar; pero esa noche vendió su alma a Mas para que éste le sirva dos legislaturas, a cambio de la cabeza de Maragall y de Carod. Le diría: tú en Madrid, yo en Barcelona y no te preocupes por los seguidores de Carod o Maragall; el populacho nunca admite la presencia del diablo, aun cuando éste lo tenga cogido por el pescuezo. La repugnancia hacia la multitud era innata en Goethe, y éstos se esconden de la chusma conservadora y socialista en el palacio. El pacto fue deslumbrante, demoníaco; en el momento de máximo aislamiento, Zapatero logró un pleno con cuadros y caballos: abjuración estatuaria de CiU, liquidación de Carod y de Maragall, bunkerización del PP, elecciones anticipadas en Cataluña, desplazamiento hacia al centro, Estatuto constitucional como una patena.
Después, Zapatero ha vuelto a Cataluña y ante los propios burlados, ha descrito su política como de mirada larga. Uno de León, nieto de fusilado, sabe muy bien que la mirada larga es uno de los lemas de la Guardia Civil; los otros dos son paso corto y mala leche. Mirada larga es también una expresión del EPR (Ejército Popular Revolucionario), que no tienen nada que ver con los zapatistas, combatientes de diseño. Los del EPR dicen que el sistema capitalista da coletazos de dinosaurio.

Me parece muy extraño que sectores de la derecha sigan considerando al presidente inepto, estulto o lelo, cuando camina por la política no con la mirada hermética de la Guardia Civil, sino sonriendo, pero con la imprescindible mala leche de un país en que los ciudadanos dejan su baba biliosa hasta en los obituarios.

Una vez ya empleó el presidente la metáfora de la mirada larga en los pasillos del Congreso, pero habló de luz larga en el oficio de gobernar. Para él la luz larga en política es tan importante como las luces de freno o las de gálibo. Ya no sé si estamos ante un político aturdido o ante un Kennedy sin mecedora, un Azaña sin verrugas, un Robespierre sin guillotina, que olvidó que hasta en el infierno existen reglas, pero que ha dejado en la cuneta, a la derecha lóbrega y neurasténica. El PP camina, por donde las calles son flacas como gargantas de pescados duros del mar, añorando a los reyes que rompieron la cabeza de los enemigos. «El viento -escribió Sandburg- serpeaba en los dedos de los reyes de bronce y uno gritó: tiren el bronce mío en un fuego feroz, y fúndanme en collares para niños que bailan».

La política no se hace con la moral, ni con el padrenuestro en las manos. Eso lo sabe muy bien Rubalcaba.