Félix de Azúa es uno de los firmantes del manifiesto Por un nuevo partido político en Catalunya, que termina con aquel remarcable llamamiento "al restablecimiento de la realidad". Como abogado de tan noble propósito sería bueno que predicara con el ejemplo. El comentario viene a colación del artículo ¿Qué le pasa a esta gente?, publicado en EL PERIÓDICO el 31 de enero, en el que la legítima discrepancia con la política lingüística de la Generalitat le lleva a bordear peligrosamente el libelo.
No lo digo porque Azúa me llame "intelectual orgánico" (un deshonor para alguien con vocación de francotirador), sino porque alguna de sus afirmaciones es lo suficientemente inexacta para merecer el calificativo de difamatoria. Ejemplo: alguien ha propalado el infundio de que las oficinas de Garantías Lingüísticas de la Generalitat tramitan denuncias anónimas, y Azúa no sólo lo desliza en su artículo, sino que lo convierte en parte importante de su argumentación. Restablezcamos la realidad: para presentar una denuncia ante las oficinas de Garantías Lingüísticas hay que rellenar un impreso cuyas primeras casillas son los datos del denunciante, que, por otra parte, está obligado a dejar una copia de su denuncia en el establecimiento que la haya motivado.
Por lo demás, el objetivo de las oficinas no es impedir el uso del castellano, sino garantizar el uso del catalán en los supuestos que prevé ley de política lingüística, en ninguno de los cuales se establece de modo exclusivo. Esa ley, por cierto, fue refrendada por el 80% de nuestros parlamentarios, un dato poco relevante para Azúa, que no se siente representado por ese 80% ni por el 20% restante, pero que añade un plus de legitimidad a una ley que tiene su fundamento jurídico en el viejo Estatut de 1979, el que ahora tanto vindican los que abominan del nuevo.
Azúa y sus compañeros no son fachas: son intelectuales muy respetables, disidentes cuya aportación deberíamos celebrar todos los que nos sentimos a la vez demócratas y pluralistas. Pero una cosa es disentir y otra muy distinta distorsionar. Mal vamos a "restablecer la realidad" deformándola de modo intencionado.
ALBERT Branchadell. Profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB y presidente de la Organización por el Multilingüismo.

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