El curso de la derecha, de Juan Neira en El Comercio
CON la invitación de Ovidio Sánchez a los cuatro concejales críticos de Gijón para que abandonen el partido queda encarrilado el último capítulo de la crisis municipal gijonesa, que recorre los mandatos, cambiando de nombres y de circunstancias, pero manteniendo el signo de la división y el enfrentamiento. Desde los años ochenta del siglo pasado se repite el guión, de forma que lo que empieza por ser un desencuentro personal entre concejales se traslada a un enfrentamiento político con repercusión en las instituciones. Cambian los nombres de los ediles excluidos y de los presidentes locales del PP (Mercedes Fernández, Martínez Oblanca, Fernández Pardo), pero no se alcanza la estabilidad en la convivencia del grupo municipal, lo que convierte en asignatura pendiente terminar un mandato sin bajas ni altas en el equipo.
Si se repasan los detonantes de las crisis aparece como único elemento la naturaleza humana, ya que no cabe hablar de tendencias ni de diferencias ideológicas ni de plurales estrategias, sino de un conjunto de conflictos puntuales que quedarían resueltos con una mezcla de buena educación y prudencia. La envidia de una presidenta local ante la brillante intervención de una concejala de su grupo que dejó en evidencia a un edil del PSOE; la disputa por una mesa de trabajo para consultar planos de urbanismo, entre otras dos ediles del PP, una de ellas portavoz y la otra estrella emergente; o la bronca por compartir audiencia con la ministra Trujillo Rincón, han dado paso a sucesivos debilitamientos de la oposición. Y aquí llegamos a la palabra clave, porque tanta desavenencia interna por nada sólo se explica recurriendo a la sentencia de Giulio Andreotti: lo que desgasta no es gobernar sino estar en la oposición. Veintisiete años de oposición en Gijón han hecho estragos en el PP.
La previsible expulsión de los cuatro concejales críticos llevará aparejada la constitución del grupo mixto en la Corporación municipal, una experiencia novedosa en Gijón que no le puede traer buenos recuerdos a Ovidio Sánchez. Recordemos que cuando Ovidio se hizo con las riendas del partido en Asturias tuvo que hacer frente al Gobierno de Sergio Marqués, que se había refugiado en el grupo mixto de la Junta General del Principado, mermado de efectivos. Allí le arrinconó Sánchez con una fantasmal moción de censura, a tres meses de las elecciones, que terminó en fracaso. Luego, las urnas hicieron justicia con la división de la derecha.
Los capitanes
Ahora, a dieciséis meses de unas nuevas elecciones autonómicas y municipales, merece ser analizado el panorama de la oposición. Es fácil imaginar una campaña electoral con dos grupos de derechas presentando mociones en el Ayuntamiento de Gijón, mientras en la Junta General del Principado toma asiento un ex portavoz parlamentario que no tiene la menor relación con sus compañeros de escaño pese a que se le ha investido de la autoridad de adjunto a los dos vicepresidencias del PP, en manos ambas de Gabino de Lorenzo y Pilar Fernández Pardo.
El objetivo prioritario del PP es retornar al gobierno en todas las instituciones asturianas importantes, con la excepción del Ayuntamiento de Oviedo, por eso llama la atención que haya un consenso sobre nombres que no se traducen luego en candidatos. Todo el PP piensa que Álvarez-Cascos sería el candidato ideal para disputar la presidencia del Principado a la izquierda, y en caso de ausencia del ex ministro, el consenso se establece sobre Gabino de Lorenzo, que lo conocen todos los asturianos y tiene un modelo de ciudad que vender. Ambos necesitan que se clarifique la situación para dar un paso al frente. No me refiero a la política asturiana, que atraviesa por una etapa de gran estabilidad, sino a la política española, con ese curso revuelto de reformas institucionales y guiños a ETA.
En tiempos de Aznar el PP asturiano vivía de las actuaciones de los ministros, bien sea de los éxitos de Rato en la lucha contra el paro o de las infraestructuras que construía Álvarez-Cascos. Ahora que gobiernan los socialistas, el PP asturiano sigue con los ojos puestos en Madrid, para ver si cae Zapatero en las encuestas y es momento de dar la batalla en el Principado. Resolver esos interrogantes todavía llevará unos cuantos meses. Sin encuestas favorables, los dos principales candidatos no concurrirán a las urnas, porque Álvarez-Cascos y Gabino de Lorenzo tienen un rasgo en común: el electorado de la derecha no los imagina cuatro años ejerciendo de portavoces de la oposición en la Junta General del Principado. No es ese el caso de Ovidio Sánchez que es idóneo para las distintas ubicaciones parlamentarias, bien sea en mayoría o en minoría.
Resolver la cabecera electoral dista mucho de ser una cuestión meramente regional, ya que en la primavera del 2007 Mariano Rajoy necesita arañar votos en todas las circunscripciones para hacer crecer creíble su alternativa a la presidencia del Gobierno. Así procedió Aznar: el gran resultado del PP en las elecciones autonómicas y municipales del 27 de mayo de 1995 propició la alternancia en el poder en marzo de 1996.
Desde una perspectiva estrictamente asturiana hay un contraste entre la gran oportunidad de la derecha y la reserva de sus capitanes. Veamos. Hasta el presente mandato nunca se había superpuesto tanto el espacio electoral del PSOE e IU. Tienen que ponerse a discutir sobre la llingua para que no se produzca la fusión de los dos grupos parlamentarios de la izquierda. El espacio natural del voto del PP se encuentra ampliado con el voto de rechazo que provocan los gobiernos de Asturias y de España. Para propiciar el cambio sólo hay disponible una papeleta. El problema es que en Asturias el PP ha renunciado a un discurso alternativo y sólo se entusiasma dando apoyo parlamentario a los sindicatos mineros. La referencia social de la izquierda es el motivo principal de la derecha. Ovidio Sánchez estuvo ocho años de concejal de la oposición en el Ayuntamiento de Oviedo y va a cumplir otros ocho años de líder de la oposición en el Principado. Al igual que Álvarez Areces estuvo doce años de alcalde de Gijón y va a llevar ocho años de presidente del Principado. Los ciclos políticos en Asturias son interminables, como corresponde a un «establishment».
