¡Todos al suelo que vienen los nuestros!, de Victoria Prego en El Mundo
Los socialistas catalanes están irritados por la injerencia del PSOE en la crisis abierta por ERC en el Govern - El PSC ha cerrado filas en torno a Maragall y está dispuesto a impedir como sea un adelanto electoral - Zapatero va hoy a Barcelona a intentar suavizar la tensión provocada entre los suyos por su acuerdo con Mas.
«Nos han dañado gratuitamente. Estamos sorprendidos. Creíamos que había gente que nos conocía mejor». Esto es lo que destilan los dirigentes socialistas catalanes, que, en privado, expresan su indignación con la situación que desde Madrid les han creado sus propios compañeros. Sin intención de fastidiarles, desde luego, pero fastidiándoles a modo.
Toda la incomodidad y agitación que se detecta en las filas socialistas catalanas viene desde el mismo día en que se anunció por sorpresa el acuerdo entre Zapatero y Mas, pero alcanzó su cenit el lunes pasado tras las declaraciones del secretario de Organización del PSOE, José Blanco. Refiriéndose a la díscola actitud adoptada por los líderes de ERC cuando, al verse traicionados por el presidente del Gobierno al pactar con CiU el acuerdo final, se negaron a apoyar el Estatuto, Blanco dijo: «No entenderíamos cómo una formación política que integra el Gobierno tripartito pueda pensar en seguir en él tras haber considerado un fracaso su prioridad política».
Para qué queremos más. En las filas del socialismo catalán se levantó la indignación. ¿Cuál es el motivo de rechazo de los socialistas catalanes a las palabras de José Blanco, que, en definitiva, son idénticas a las que pronunció un día después Miquel Iceta, del PSC? Pues precisamente eso, que están hechas desde Madrid y que en las filas de los socialistas catalanes sigue existiendo una auténtica alergia a que alguien pueda siquiera sospechar que «los de Madrid» les dictan su política. «De todo lo que se diga desde Madrid, aquí se hará justamente lo contrario», aclara un responsable del PSC, que añade: «Tanto CiU como ERC quieren que parezca que a nosotros las instrucciones nos vienen de Madrid». Es decir, y para dejarlo claro: que no se admite ni una sola indicación en público que se haga desde Ferraz.
Por lo tanto, la crisis abierta en estos momentos en el Gobierno catalán por los miembros de ERC va a ser administrada por el socialismo catalán como se pueda, pero siempre desde Cataluña.
Por supuesto que la posición rebelde de Carod-Rovira y los suyos tiene preocupados a los socialistas catalanes. «Este no es un tema menor, desde luego», reconoce uno de ellos, «y es seguro que va a provocar sobresaltos. Pero éstos [los de Madrid] se han adelantado y ahora la lectura ya resulta muy distinta. Pese a la leyenda, no siempre los más listos están en Madrid», dice, vitriólico.
Pero además hay otra cosa: la invitación de Blanco a ERC de que abandone el tripartito si va a decir que no al Estatuto tampoco ha gustado en la sede del PSC porque lo que subyace a esa hipótesis es la posibilidad de ruptura del tripartito y el fantasma de una disolución anticipada de las elecciones.
Puede que ese cálculo no inquiete en exceso a un Zapatero que ya ha dado ante la opinión pública el giro hacia la moderación que le ha proporcionado su acuerdo con Artur Mas. Un Zapatero que espera convertir ese giro en decenas de miles de votos y al que no le importaría nada recuperar la vieja idea de una Generalitat gobernada al alimón por PSC y CiU. Ahora ya con Mas como presidente, claro.
Pero es que eso saca de quicio a los socialistas catalanes, que de ninguna manera están dispuestos a dejarle a CiU tan fácilmente el paso abierto hacia la recuperación del poder. Por eso dicen que cierran filas y que de ninguna manera van siquiera a abrir el más mínimo debate sobre el candidato socialista a los próximos comicios. «Nosotros, cierre de filas. El presidente es Maragall.Y no tenemos ni pensamos tener otro candidato. Es que ni se habla de ese tema. No vamos a especular con eso, claro que no. ¡Qué más quisieran [los de CiU]! Si hiciéramos eso, significaría que las elecciones estaban cercanas. Y no. Los de CiU que esperen sentados».
Así pues, y con la crisis del no al Estatuto que de momento ERC ha lanzado sobre el tapete, los socialistas catalanes se disponen a dejarse la piel para resolver el peliagudo problema, pero con el objetivo puesto en terminar la legislatura. «No tiene sentido especular sobre la decisión final de un partido como ERC, que es impredecible», reconocen. «Lo que es seguro es que ERC no se va a ir del Gobierno. Y también es seguro que nosotros no queremos echarles. Y, como a nosotros nos interesa que este Gobierno dure, no tenemos la menor intención de precipitar las cosas».
Es verdad que la irritación de Carod y los suyos por lo que consideran una traición de Zapatero -además de una humillación en público a sus líderes y a sus esfuerzos por apoyarles a lo largo de toda la legislatura- tiene abierto en canal el asunto que más está dañando la estrategia del presidente del Gobierno. Y lo va a mantener así probablemente hasta el final de los debates parlamentarios sobre el Estatuto. Y esto provoca una situación de inestabilidad política en el tripartito y de incertidumbre en el Gobierno central, que tiene extraordinariamente preocupados a los socialistas catalanes.Pero sucede que las intervenciones desde Ferraz han alterado completamente sus planes. « Cuando se dice algo desde Ferraz, se nos coloca en una situación incómoda, porque, aunque al final vayamos a hacer lo mismo, eso nos fuerza a que tardemos siglos en hacerlo», explica un miembro del PSC.
Por lo demás, pocos dudan de que los de Esquerra tienen una salida difícil. «Es verdad que ahora mismo tendrían muy complicado decir que sí, porque sus bases van a adoptar una postura muy crítica.Pero es que tampoco pueden abstenerse. ¿Cómo iba Bargalló, por ejemplo, como conseller primer que es, a promover desde el Gobierno la participación en el referéndum y luego, como dirigente de ERC, ir a defender la abstención? La realidad es que están atrapados», asegura un buen conocedor de ese partido.
Pero, como ambos, PSC y ERC, saben que se están jugando la permanencia en el poder, ya están poniendo en marcha una red, inestable y frágil, pero red, de socorros mutuos. Quienes pertenecen a sus respectivos círculos políticos confirman que Maragall y Carod están interesadísimos en que se mantenga el tripartito y van a hacer lo indecible para evitar unas elecciones anticipadas.Maragall, porque no podría soportar la idea de no haber durado ni una legislatura. Y Carod, porque sabe que, si hubiera elecciones, «a poco que se moviera el tablero podrían perder pie».
Es posible que el PSC permita, sin grandes aspavientos, que los diputados independentistas que vengan al Congreso a defender sus posiciones en el debate estatutario mantengan la tensión hasta el último minuto y le hagan pagar así con sudores a Zapatero la puñalada política del acuerdo del sábado 21 de enero. Y es posible que, una vez satisfecho su instinto de venganza y después de haberse cobrado en los trabajos parlamentarios alguna pieza políticamente amortizable ante su electorado, ERC acabe apoyando el Estatuto. Lo que es seguro es que el escenario de unas elecciones muy anticipadas en Cataluña se aleja en el horizonte, especialmente después del empujón recibido desde Madrid.
¿Y CiU? Pues CiU esperará sentada, como advierten los del PSC, pero esperará tranquila, porque «ya es imposible hacer olvidar a los catalanes esa imagen de un Maragall totalmente marginado de los pactos importantes y cuya única tarea relevante ahora es la de resolver el roto que le ha hecho Carod», dice un dirigente nacionalista. Los convergentes son conscientes de que, si en este instante faltaran tres años para las elecciones, el efecto Mas, que ahora mismo está en su apogeo, podría diluirse. «Pero eso no va a ocurrir porque Maragall ya no tiene tiempo para coger velocidad de crucero y empezar a gobernar de verdad», asegura muy tranquilo un miembro de CiU. Por eso van a esperar sentados, sí, pero a ver pasar por delante de su puerta el cadáver político de su enemigo metido en una urna electoral.
Zapatero está hoy en Barcelona. Es la primera vez en la historia del partido que un secretario general del PSOE acude a presidir un consell nacional del PSC. Va a esforzarse por dulcificar entre los suyos este paisaje tan erizado. Motivos tiene, sí.
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