José María García me abraza como un pequeño brahmán pelado. Lo conozco desde la tenebrosa tormenta de nuestra juventud, cuando el periodismo aún era un oficio de forajidos; secuestraba a Legra en la casa de su suegra, para quitárselo a la competencia; incendiaba las noches con su palabra. En un Campeonato del Mundo el empresario cortó los cables de su equipo porque le había acusado de montar el tongo con Urtain; entonces fue al vestuario y le dijo a Perico: «Me voy». El boxeador tartaja, mientras se desvestía, contestó: «Si tú no radias, yo no boxeo».
El mejor periodista deportivo de todos los tiempos un día despareció; sus seguidores se preguntan, como los de José Tomas, si volverá.«Es verdad que les debo una explicación; después de 30 años».

Yo le comenté el domingo 7 de abril de 2002: «Te has enfrentado con un mito y has perdido». El me explica cuatro años después: «Pero si yo soy del Madrid. Yo le daba hostias a Florentino, no al Madrid. Dejé la radio porque ya no podía tanta desorganización».Ha trabajado para los curas, para los ciegos, para Polanco. Llenó el cofre de los millones. Su último contrato con el compañero de pupitre ascendía a 2.000 anuales. «Si hubiese contado la verdad al irme, hubiera hecho un daño insuperable a determinadas personas y un beneficio sin límite a otras; por eso, callé». Lo citó Rajoy en el Ritz: «José Mari, tenemos un problema, Villalonga acaba de cesar a Buruaga y el presidente lo ha tomado como una afrenta personal. Localiza a Villalonga». José María a Villalonga: «¿Vas a cesar a Buruaga?». «Ya está cesado», contesta. «Te paso a Mariano».Respuesta de Villalonga: «Dile a Aznar que va a seguir por él, pero recuérdale que ese tío es un traidor». Luego José María le informó a Aznar cara a cara: «Esto no funciona, vuelan los maletines; no es la multimedia que habíamos pensado, sino un nido de inútiles; se lo están llevando a espuertas. Hemos perdido».Pero Aznar habló así: «Yo nunca pierdo un partido». «Entonces, me levanté y me fui». La desorganización degeneró en estrepitoso fracaso y en la entrega de Vía Digital para tapar los cien mil millones que se llevaron los chupópteros.

Ahora el pequeño saltamontes, calvito, de juguete, ha vivido meses de náuseas. Viene de superar una pesadilla atroz, el cáncer que se le fijó en su garganta legendaria; ya no le será difícil imaginar el infierno; a las dos de horas suero le suceden ocho de hojas de acero en todas las tablas de la anatomía. «Como si te hubiera pasado por encima un camión». Sus hijos le enseñaron otra vez a caminar, gracias a ellos y a Montse ha recuperado el coraje y la vida. Se ha burlado de las estrellas de los velones.Es un doble superviviente; profesionalmente ha pervivido al imperio y físicamente, al cáncer.

Vuelve como MacArthur. Telegrama: «Busco empresa para programa político, José María».