Veremos grandes novedades, de Fernando Ónega en La Voz de Galicia
EL FISCAL general, Cándido Conde-Pumpido, natural de A Coruña, se mostró ayer menos gallego de lo que yo pensaba. Un gallego tópico y clásico habría toreado la pregunta sobre Fungairiño con la suavidad y la niebla que presta la tierra. Pero este gallego poderoso sorprendió al público del desayuno con un sonoro «la paciencia tiene un límite». De esta directa manera confirmó lo que estaba escrito: que las relaciones entre ambos eran manifiestamente mejorables; que su convivencia había rebasado el nivel de la tolerancia, y que Eduardo Fungairiño está mucho más mitificado por la opinión que por su inmediato superior.
En efecto, donde todos hemos visto durante los últimos años a un fiscal jefe de la Audiencia trabajador, experto, diligente y valeroso, el señor Conde-Pumpido ha presentado a un funcionario que había caído en incumplimientos y fallos informativos que pudieron haber tenido graves repercusiones en la Justicia. ¿Era necesaria esa crudeza en la descripción de los motivos del desencuentro? Humanamente, no. Sin embargo, visto desde el despacho del fiscal general, quizá no había otro sistema para acallar «los rumores de aquella esquina», que dice la copla de la Pantoja, y quitar a la decisión el asfixiante olor a depuración ideológica, expresión que fue utilizada ayer en varios medios informativos.
Conde-Pumpido optó por la claridad hiriente para cargarse de razón y no quedar como un mando autoritario, ni como un simple servidor de estrategias políticas, ni como un funcionario que usa la Justicia con fines políticos. Aún así, fíjense ustedes qué panorama de debate político nos ha quedado. A un lado, la izquierda y los partidos nacionalistas, que aplauden como si se tratara de la demanda social más sentida o planteada por ellos mismos. Al otro, un Partido Popular que, siguiendo su mejor estilo de oposición reciente, presenta el caso como una auténtica tragedia, la mayor que podría ocurrir para la Justicia de este país. «Intolerable, inadmisible», protestaba ayer don Federico Trillo.
¡Qué poca memoria tienen nuestros políticos! El propio Fungairiño fue nombrado cuando gobernaba el PP, con la oposición reiterada del Consejo Fiscal. Es decir, que llegó en una decisión política, y en una decisión política se marcha. Es lo malo de ocupar cargos de dependencia jerárquica. Pero eso es otra historia. Aquí lo importante es que se ha producido una conmoción. Y su alcance dará, como ayer apuntábamos, mucho que hablar y escribir. Veremos grandes novedades en indultos, acusaciones de los fiscales y procesos que se dilatan. Las veremos. Pero sobre eso, obviamente, el señor Conde-Pumpido no tiene nada que anunciar. Sería un irresponsable si lo hiciese. Y no lo es.
