SI UNO NO SE SIENTE COMODO CON SUS PROPIAS DIFERENCIAS, CON SU COLOR DE PIEL DIFERENTE, SU RELIGION DIFERENTE Y SUS GUSTOS SEXUALES DIFERENTES, ¿COMO PUEDE EXIGIR QUE LOS DEMAS LE VEAN IGUAL?
Querían echarme de un bar de maricas porque usaba la palabra marica para referirme a los maricas. Era un bar minúsculo y oscuro repleto de gente, las paredes parecían sudar y la barra rebosaba botellas y vasos de tubo. Se me acercó un camarero con un cartel que acababa de descolgar de la pared en el que podía leerse: prohibidas actitudes homófobas. Le miré la calva y los pectorales torneados, miré los deditos que asomaban tras el cartel e intenté entender por qué me mostraba ese mensaje plastificado. Creo que puse cara de interrogación porque me aclaró que el uso de la palabra marica estaba prohibido en su bar, que él no se identificaba con el sustantivo y que prefería que usara la palabra gay, más respetuosa.Creo que los dos teníamos ganas de pegarnos.
Me aburre el léxico políticamente correcto porque tiende a esconder las diferencias y pretende que existe algo llamado normalidad.Ese camarero quería ser considerado una persona normal y abominaba de su diferencia.
Unas semanas más tarde me invitaron a un encuentro queer. Yo no sabía qué significaba eso. Sólo sabía que eran unas jornadas gratuitas y clandestinas en unas naves abandonadas de la Zona Franca. Venía gente de todo el mundo para limpiar el lugar, habilitar la cocina, preparar los debates y organizar las sex parties.Me preguntaba qué sería una fiesta sexual, ¿acaso era lo mismo que una orgía? Estaba curioso, como todo el mundo cuando se trata de sexo. Siempre había asociado el sexo a una actividad privada y despojada de contenido político. Bueno, o era una actividad privada o era un estupendo negocio. Pero de repente, darme cuenta de que había una comunidad que se planteaba los aspectos políticos y sociales del sexo fuera de la academia, me producía excitación.
En pocos días supe que queer significa marica en inglés y que ha sido una palabra que han conseguido reapropiarse eliminando al fin el aspecto peyorativo. Es una palabra que se usa en oposición al término gay. El queer es el que reivindica la diferencia mientras que el gay asimila la ideología heterosexista y sólo se diferencia de ésta por aspectos meramente sexuales. Los anglófonos se habían molestado en diferenciar una cosa de otra mientras que aquí un camarero gay se ofendía ante la mera existencia de la palabra marica.
Durante el fin de semana hubo debates y, por la noche, la fiesta fue desordenada y ruidosa. La estética mayoritaria era la del movimiento okupa, aunque los organizadores recomendaban no traer animales de compañía por cuestiones de higiene. Era como reencontrarse con los movimientos contra-culturales de los 70 que había visto en los libros pero, en lugar de celebrarse en una masía y al calor de una hoguera, ocurría en medio de un polígono industrial en los arrabales de la gran ciudad.
Recordé que Jean Genet había dicho: «¿Qué es un marica? Un hombre, que por su naturaleza, se opone a la marcha del mundo, se niega a entrar en el sistema según el cual está organizado el mundo.El marica se niega a esto, niega eso, lo socava, quiera o no.Para él el sentimiento es sólo tontería y engaño, sólo existe el placer. Vivir de sorpresas, de cambios, aceptar los riesgos, exponerse a las afrentas, es lo contrario de la coacción social, de la comedia social». Todos los que estaban allí, al margen de si eran homosexuales o no, se sentían un poco maricas.
Maricas, negros, mujeres, analfabetos, locos, enfermos, árabes: tuve la ilusión de que serían las minorías las que darían una alternativa a la estrecha forma de ver el mundo de la mayoría masculina blanca y heterosexual. Pero sólo si, al margen de la integración, se sabían diferentes.

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